"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."
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lunes, 29 de agosto de 2022

Ante otro nuevo aniversario del 26 de agosto

En este cuaderno de bitácora ya nos hemos referido varias veces al asesinato de Santiago de Liniers y compañeros mártires de la lealtad el 26 de agosto de 1810.

Más allá de algún matiz en el primero y algún reparo en el segundo, compartimos dos trabajos que nos parecen interesantes para leer en estos días:

Si desean leer más sobre la cuestión, recomendamos lo que ya hemos publicado aquí:


jueves, 18 de abril de 2019

Clero revolucionario: Castro Barros

Pedro Ignacio de Castro Barros (1776-1849)

Según él, los pobladores de América si habían jurado fidelidad al Rey, había sido por obra de la presión y de la fuerza, lo que le quitaba legitimidad. Esta sola circunstancia ofrecía razón para sacudirse el vasallaje "sin tropezar en juramento" y presentaba como ejemplo de esa conducta a "los cantones suizos, cuando se hicieron independientes de la Alemania, los flamencos y holandeses de la España y nuestros hermanos los americanos del norte, de la Inglaterra, prestándoles a estos auxilio los Reyes de España y Francia, Carlos III y Luis XVI, deudos inmediatos de Fernando VII". Recordaba que "los emperadores de América fueron violentados para la abdicación de sus coronas a los Reyes de España, como lo fue Fernando VII en Bayona para lo que hizo de su corona a favor de Bonaparte, y por consiguiente si José Bonaparte no fue en fuerza de este título legítimo Rey de las Españas, no lo fueron los Reyes Españoles de las Américas." 

Adolfo P. Carranza, El clero argentino de 1810 a 1830.


jueves, 17 de mayo de 2018

EGALITÉ, MANDILES CONTRA ESCUDOS

[Reproducimos con permiso del autor.]

EGALITÉ, MANDILES CONTRA ESCUDOS

Lo que no hicieron Tamerlán, Solimán y sus hordas

Por Fernando José Ares.

A comienzos del Siglo XII los Caballeros de San Juan de Jerusalén tomaron la Isla de Rodas, allí defendieron, con gran esfuerzo y valentía, durante mas de dos siglos la Fe de Cristo contra árabes y turcos.

Tamerlán la saqueó y devastó y finalmente Solimán, “el Magnifico”, tras gran destrucción, la conquistó definitivamente. La isla sufrió luego tres siglos de cruel tiranía musulmana.

Sin embargo todas esas luchas y sitios sufridos mantuvieron incólumes la arquitectura gótica que los Caballeros Cruzados desarrollaron en la isla. Testigos son sus fortalezas, palacios y casas solariegas que hoy hacen el disfrute de los turistas.

Calles enteras de la ciudad capital, también llamada Rodas, y también de otras ciudades están ocupadas por estas casas solariegas que llevaban, de acuerdo a la tradición, en su fachada el escudo de armas de la familia que la había construido y vivido en ella.

Ese escudo era el emblema familiar, su sello personal, a ese símbolo se remitían todos los integrantes de la familia, unidos por lazos de sangre y de historia. La importancia de la casa solariega en la sociedad está muy bien explicada en una obra que trazó hitos en nuestra Patria y en el mundo entero, “El Solar de la Raza” de don Manuel Gálvez.

Y el escudo de armas está estrechamente vinculado a nuestra cultura occidental y cristiana. Notable supervivencia la de los escudos de los Caballeros Jerosimilitanos, resistieron a aquel sangriento rengo Timur, a Solimán y a trescientos años de persecución turca sobre los cristianos.

Mas nociva que los anteriores para las tradiciones familiares fue la Revolución de Mayo, una rara mezcla de Tamerlán y Solimán con Rousseau y Robespierre, que arrasó con los escudos de armas y también con los que los defendieran.

Así la Asamblea del año XIII prohibió los emblemas familiares y mandó arrasarlos de las fachadas y en cualquier otro lugar donde estuvieran. No importaba que fueran propiedad particular ni que, en la mayoría de los casos, fueran una posesión familiar de siglos.

Nada valió, maza y pico no dejaron nada en pié. Y para los que se opusieran estaba la lanza, la espada, el arcabuz y la horca. Es que estaba en juego “la noble igualdad”. La identidad, que es el principio de la distinción, es muy peligrosa cuando se ve “en trono a la noble igualdad”.

Parece una contradicción que en una república se establezca un monarca aunque éste sea la reina Igualdad, pero hay que considerar que aquella era una república sui generis, porque quedó definitivamente claro, después del cuartelazo de 1812, que el verdadero gobernante no es el que figuraba como tal sino una Logia. Se llamaba “Lautaro”, una muestra de indigenismo precoz, en honor del asesino y torturador de don Pedro de Valdivia, persona de solar conocido y con escudo familiar.

A esta Logia, debilitada por la ausencia de su Venerable Maestro, la sucedió otra, la de “Buenos Aires”, pero a diferencia de la Revolución Guillotinadora de 1789, el cambio de logia no aparejó el degüello de los depuestos .

Unos años después el democrático poder en las sombras fue derribado por un criollo que asumió el Gobierno y se ganó honradamente su salario de Gobernador, mandando por si mismo y no como testaferro de una Logia. Como los Caballeros de San Juan de Jerusalén ese criollo sabía muy bien el Catecismo. Duró ese estado de franqueza política hasta 1852 que retornó el poder igualitario de las tinieblas o sea de los mandiles. Es que nada bueno dura mucho tiempo.

Vemos en nuestros días que lo que empezó derribando escudos, llegó también a derribar a nuestro Descubridor, al Gran Almirante, que curiosamente su día de gloria y también el nuestro, el 12 de Octubre, comenzó a ser celebrado gracias a don Manuel Gálvez y su obra que nos habla de las casas solariegas de las familias y culmina con el solar común de un conjunto de familias, que comparten una misma estirpe, es decir una misma sangre, que eso en última instancia es lo que constituye una raza (“El Solar de la Raza”).

Justo también es agradecer por lo mismo a un Presidente argentino, nieto de un fusilado y luego colgado por las logias de los enmandilados “derribaescudos” de su época, don Hipólito Yrigoyen, que prefería leer a Gálvez en vez de ver cine como hacen en la Residencia de Olivos los de los actuales tiempos.

Unos pocos años después del primer y nunca mejor llamado “Día de la Raza” (Denominación que será la próxima víctima de nuestros “derribaescudos”) y quizás no lo hiciera reivindicando el escudo de armas, un notable argentino nos alertaba sobre los frutos aterradores de la ennoblecida igualdad y su reinado, así amargamente se quejaba al respecto: “Todo es igual, nada es mejor”. Se llamaba Enrique Santos Discépolo. Murió de hastío.

lunes, 1 de agosto de 2016

El Obispo Lué y Cornelio Saavedra

A propósito de nuestra entrada sobre el obispo Lué, nos ha llegado el siguiente comentario, con el que estamos muy de acuerdo.


Está muy claro que Cornelio Saavedra en sus memorias quiso aniquilar moralmente a monseñor Lué y Riega pintándolo como un energúmeno con un voto que era incluso contrario a la realidad americana, los españoles americanos llegaban a las mas altas esferas del gobierno. Y en el Río de la Plata tenemos un elocuente ejemplo, el Virrey don Jorge Vértiz era americano, había nacido en la Nueva España.

Pero no solo en el gobierno los americanos alcanzaban las mas altas jerarquías, en el Ejército el teniente general José La Mar era quiteño y también en la Iglesia, aquel obispo de Asunción que tanto luchó con los jesuitas para imponer el catolicismo en las Misiones, Fray Bernardino de Cárdenas, era americano hijo de dos conquistadores del Perú.

Y vayan estos tres nombres como ejemplo, se podrían citar centenares de ellos.

Y ahora dos palabras sobre Cornelio Saavedra. Como todos los revolucionarios, Belgrano y San Martín incluidos, Saavedra era un perjuro.


Había jurado defender y seguir la bandera española y fidelidad tanto a carlos IV como a su sucesor Fernando VII.

Este carácter de perjuro que nuestra historieta oficial jamás menciona nos demuestra su sentido del honor y moral.

Segundo el obispo Lué era militar de escuela y desde casi un niño había ingresado a un ejército profesional alcanzando a graduarse de Oficial Jefe, Sargento Mayor, después de largos años de servicio activo.


Saavedra era un comerciante o sea un representante de la aristocracia de la vara de medir porteña (Aunque este tendero era potosino).

Fue designado coronel por el voto de los soldados de su regimiento. Ese carácter plebiscitario y democrático es una burla al espíritu militar. Su única actuación bélica fue durante las invasiones inglesas.

Don Benito Lué y Riega estaba muy lejos del energúmeno pintado por Saavedra, un testigo totalmente imparcial, el capitán inglés Alexander Gillespie, hombre cuya perspicacia queda reflejada en las atinadas y profundas observaciones que nos ha dejado en su obra, conocida entre nosotros como "Buenos Aires y el Interior".


Gillespie que evidentemente estuvo a cargo de la inteligencia del invasos nos dice al respecto "Esa cabeza de la Iglesia había alcanzado en sus primeros días el grado de mayor en los ejércitos españoles.... Estaba dotado además con una figura elegante, con una amabilidad que inspiraba confianza y un modo de decir las cosas que intrigaba, para lo que estas cualidades eran auxiliares muy útiles".

Como se ve monseñor Lué y Riega era una persona de gran valía, por eso se decidió aniquilarlo moralmente, paso previo para el definitivo aniquilamiento material, conseguido bajo el gobierno del Triunvirato manejado por Rivadavia, con la colaboración de un cura apóstata.

Es muy sintomático que rivadavia también hubiera hecho asesinar a Fray José de las Ánimas, único superior del clero regular que no juró fidelidad a la Corona Británica

Fray José y el Obispo fueron dos mártires de la religión y la lealtad a la Patria.

lunes, 18 de abril de 2016

Los Próceres de Mayo y el espionaje británico

El 12 de diciembre de 1804, España declara la guerra a Gran Bretaña. Era la respuesta ante un acto de piratería del almirante Cochrane que, con la excusa de evitar que los tesoros de América fuesen a parar a las arcas de Napoleón, había capturado cuatro fragatas venidas de Montevideo.

En una de éstas, el buque "Clara", viajaba la familia de Diego de Alvear, quienes fueron llevados a Gran Bretaña. El hijo de don Diego, Carlos María, recibiría una educación bastante decente en institutos ingleses, con los años pasaría a América con los miembros de la Logia Lautaro y lo demás es historia conocida.

¿Cómo supo Cochrane del cargamento? Un irlandés de apellido Burke.

Hacía dos años que James Florence Burke se había asentado en Buenos Aires. Vino acompañado y recomendado por el comerciante Tomás O'Gorman. O'Gorman era hijo de un médico que había llegado al Río de la Plata en la expedición de Pedro de Cevallos.

O'Gorman que, aunque criado en el Plata, sirvió en el Ejército Británico y se retiró con el grado de Capitán, casó con la francesa Anne Perichon, oriunda de la isla de Mauricio en el Índico (Île de France, en aquel tiempo, que pocos años después pasaría a dominio británico), venida al país con sus hermanos Jean-Baptiste, Étienne y Louis. O'Gorman y Perichon serán los abuelos de la "famosa" Camila. Ana Perichon, "la Perichona", será acusada de amante y luego concubina de Liniers por los enemigos de éste. Entre ellos, Álzaga la acusará de espiar a Liniers para los británicos y, finalmente, el Virrey la enviará al exilio, donde, en Río de Janeiro, será amante de Lord Strangford.

En Buenos Aires, Burke será vinculado por Juan Bautista Perichon, a quien había conocido en Madrid, al grupo librecambista e independentista del que formaban parte Castelli, Rodríguez Peña, Vieytes, Irigoyen, Warnes, Maestre y Belgrano.

Sabemos de los registros del Foreign Office que Burke tuvo una entrevista con Sir David Baird y Sir Home Popham a bordo de un buque anclado en la bahía de Todos los Santos frente a la costa de Brasil el 10 de noviembre de 1805.

Éste es el mismo Burke al que se refiere el almirante Sidney Smith, desde Río de Janeiro, en un informe a Lord Castlereagh del 24 de febrero 1809, confirmando que seguirá en Buenos Aires como propaganista de la causa independentista.

Ya hacía un año que, debido a la urgencia de la campaña en la Península Ibérica que había desviado a la tercera invasión inglesa de Buenos Aires del futuro Wellington, Gran Bretaña había descartado el sometimiento militar de América y, en cambio, era ahora su objetivo estratégico alentar la independencia (y el libre cambio) en las posesiones indianas de España (teórico aliado momentáneo, pero no muy confiable).
 
Sabemos que en Buenos Aires operaban como partidarios "ruidosos" del librecambismo los primos Castelli y Belgrano, los hermanos Rodríguez Peña, Donado, Passo, Vieytes, el cura Alberti, Terrada, Darregueira, Chiclana y Guido.

Gran Bretaña necesitaba urgentemente mercados en los que colocar los excedentes de su producción y ofrecía ingentes beneficios económicos para los comerciantes locales que ayudaran. Obviamente, beneficios que se extendían a gestores, transportistas, abogados, etc., necesarios para esta operación a gran escala.

En aquella época en Gran Bretaña, los límites entre la marina mercante y la de guerra eran bastante grises, las acciones de piratería, con o sin autorización superior, eran moneda corriente, y el gobierno británico, gracias a su política de hechos consumados, la apoyaría en caso de ser beneficiosa o la rechazaría (castigando con las máximas penas a los implicados) en caso de resultar un fracaso. Así fue con la aventura del almirante Popham.

Éste al menos desde la década de 1790 estaba vinculado a los círculos que frecuentaba el caraqueño Miranda, clubes semisecretos donde aparecen también otros personajes que tendrán significancia histórica en unos años: O'Higgins, Carrera, Lord McDuff, Baird, etc.

En 1805 Popham presenta un proyecto para capturar el estratégico Cabo de Buena Esperanza, en posesión de Holanda, entonces aliada de Francia. Aunque no pidió permiso en ese momento, sabemos por sus contactos con el norteamericano William Pio White, residente en Buenos Aires, que pretendía continuar con el Río de la Plata. Su amigo de logia, el general David Baird estaría a cargo de la operación militar.

Tras la captura del Cabo, Baird reclutó a un oficial de carrera destacado para acompañar a Popham en su siguiente operación: el brigadier William Carr Beresford, un irlandés, hijo ilegítimo de un noble descendiente de reyes, veterano de Canadá, Córcega, India y Egipto. Tras el fracaso de las Invasiones Inglesas, con una fuga de película en medio, absuelto de culpa y cargo, será sucesivamente oficial del Ejército Británico y del Portugués, llegando a ser gobernador de la isla de Madeira. El Duque de Wellington, a quien acompañaría en la campaña de 1811, resaltaría las condiciones personales y militares de Beresford. Multicondecorado, será creado Vizconde y Par del Reino Unido, con un escaño en la Cámara de los Lores. En 1815, siendo ministro plenipotenciario en Río de Janeiro, proveerá pertrechos y asesoramiento militar a las fuerzas brasileñas que invadían la Banda Oriental. Morirá en su propiedad de Kent a comienzos de 1854, sobreviviendo a su cuñado, Denis Pack, amigo íntimo y compañero de armas en Buenos Aires en 1806.

El entonces coronel Pack era en 1806 jefe del Regimiento Nº 71. Era éste uno de los regimientos que, tras la derrota de las fuerzas jacobitas, el gobierno británico había formado con highlanders escoceses para pelear en el exterior. Con cetro de hierro, cualquier escocés encontrado culpable de crímenes tan diversos como contrabando de whisky, vagancia, robo de ganado, lecturas revolucionarias, jacobitas o protestantes no-conformistas, tenía la opción de combatir para el naciente Imperio Británico en el exterior en alguno de estos regimientos nuevos. Además, iban en la expedición Robert Arbuthnot al frente de los Dragones Ligeros y James Frederick Ogilvie con las piezas de la Real Artillería.

En la tarde del día 27 de junio, bajo una copiosa lluvia, más de mil seiscientos soldados británicos entraban marchando en la ciudad de Buenos Aires, la columna principal avanzando dificultosamente por la actual calle Defensa. Se encomendó al comerciante catalán Juan Larrea, socio de Matheu, que redactara la rendición (texto que fue rechazado y reescrito por el brigadier británico).

Según testificaron los mismos protagonistas sorprendidos, como Gillespie y otros, los invasores fueron recibidos con una simpática acogida por las señoritas, mientras los señoritos adoptaron las vestimentas, costumbres y modales ingleses. El 1º de julio, Martín de Sarratea y su cuñado León de Altolaguirre ofrecieron una recepción a los principales jefes británicos. Los vecinos principales competían por alojar en sus casos a los oficiales británicos. En nombre del Consulado, el futuro prócer de Mayo, Castelli pronunció una arenga pro-inglesa, manifestando su adhesión al Imperio británico.

Inteligente, Beresford otorgó seguridades respecto a las personas y bienes de los porteños, garantizando la práctica de la religión católica romana (como habían hecho en Gibraltar, las Antillas o Malta) y se concedió la libertad de comercio. Pronto las mercaderías británicas invadieron las tiendas de Buenos Aires.

María Sánchez, mujer del capitán de puerto Martín Jacobo Thompson (de una familia de comerciantes de origen inglés residentes en Cádiz) que servía de enlace con la Royal Navy,  en cuya casa se cantará por primera vez el Himno Nacional argentino, se muestra entusiasmada por los "jabones de olor" que traían los británicos en sus buques mercantes.

Parecía que los porteños realmente creían en el "honor, generosidad y humanidad del carácter británico" del que hacía alarde Beresford en su proclama.

Los empleados y funcionarios civiles, militares y eclesiásticos del Virreinato residentes en Buenos Aires se agolparon para jurar lealtad al rey británico Jorge III para no perder sus cargos ni arriesgarse a ser tomados prisioneros. Sólamente se resistieron el superior de los Bethlemitas y el Obispo (como ya dijimos), en actitud que los honra. (Como señalamos en otra ocasión, los bethlemitas pagarían cara su osadía, recibiendo toda la furia de los revolucionarios de Mayo de 1810.)

Belgrano optó por escapar a la Banda Oriental posiblemente enterado de los aprestos reconquistadores que estaban teniendo lugar allí. Por el contrario, su primo hermano Castelli, gracias a la ayuda del agente británico White, trabó amistad con Beresford... una amistad que se prolongaría por muchos años incluso después de 1807.

El prior de los dominicos, fray Gregorio Torres, no sólo juró fidelidad al monarca líder anglicano sino que envió una carta a Beresford alabando la suavidad del gobierno inglés y las sublimes calidades del general británico. Prohibía asimismo conspirar con los invasores.

El nefasto Deán Funes, que traicionará a Liniers y liderará el Partido Saavedrista, lamentará en su Ensayo de la historia civil el que las armas británicas no hubiesen vencido. 

Por lo bajo, deja constancia Gillespie, los británicos despreciaban a estos verdaderos cipayos.

El documento de rendición redactado ahora por Beresford fue presentado a los porteños recién el 2 de julio, cuando ya los caudales del Virreinato habían caído en su poder y eran embarcados con destino a Londres y distribuido el resto entre los jefes (Baird, Popham y Beresford) y el pago de la tropa, y el agradecimiento a los que ayudaron a dar con el tesoro: el norteamericano William P. White, el ex director de El Telégrafo Mercantil Dr. Francisco A. Cabello, Pedro Menéndez Argüelles, el ex alcalde de la Santa Hermandad Francisco González (que sirvió de guía a los británicos en su camino a Luján), Juan Gallardo, Isidro Naranjo, Manuel Collantes y el capitán Vicente Capello (que actuó como intérprete).

González integraba una red en la que también participaban el cochabambino Manuel A. Padilla, el porteño Saturnino Rodríguez Peña y el inglés Paroissien. Padilla y R. Peña serían bien remunerados por Su Británica Majestad en años venideros luego de participar del 25 de mayo de 1810. De Paroissien, uno de los primeros ciudadanos argentinos naturalizados y asistente de San Martín, ya hablamos.

Después del fracaso de la segunda de las Invasiones Inglesas, Peña y Padilla escaparían a Río de Janeiro en un pequeño buque de guerra británico que, al efecto, les proveyó el almirante Murray en persona. Ya en Río, Rodríguez Peña le escribe al Conde de Linhares una carta donde afirmaba que los principales vecinos de Buenos Aires estaban convencidos de la necesidad de independizarse de España. Saturnino J. Rodríguez Peña recibiría una pensión de £300 anuales del gobierno británico por sus servicios.

En 1810, el número de abril de The Monthly Report informa que en Buenos Aires coexisten dos partidos que se odian mutuamente: el de "los nativos [sic] que utilizan permanentemente palabras como comercio libre" y el de los que rechaza el comercio con Gran Bretaña. Los segundos, dice, controlan el ayuntamiento porteño, pero no por mucho tiempo. Los librecambistas están listos para tomar el poder.

El 14 de mayo llegaba al puerto la goleta británica "Mistletoe", comandada por el Tte. Robert Ramsay (otro que estará entre los primeros ciudadanos naturalizados). Diez días después la Revolución era un éxito y se iniciaba el camino de la independencia.


Bibliografía:
  • Juan Martín Biedma, Los Rodríguez Peña y la emancipación argentina (Buenos Aires: Taladriz, 1959).
  • Vicente O. Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino (Buenos Aires: Elche, 1968).
  • Henry Stanley Ferns, Britain and Argentina in the Nineteenth Century (London: Clarendon, 1960). Hay traducción al castellano con el título Gran Bretaña y Argentina en el siglo XX (Buenos Aires: Solar, 1966).
  • Jorge Fondebrider, Versiones de la Patagonia (Buenos Aires: Emecé, 2003).
  • Alexander Gillespie, Gleanings and remarks collected during many months of residence at Buenos Ayres and within the Upper Country, with a Prefatory account of the Expedition from England until the surrender of the Colony of the Cape of Good Hope, under the joint command of Sir D. Baird, G.C.B. K.C. and Sir Home Popham, K.C.B. (Leeds: B. Dewhirst, 1818). Hay traducción al castellano como Buenos Aires y el Interior (Buenos Aires: Hyspamérica, 1986).
  • Bernardo Lozier Almazán, Beresford gobernador de Buenos Aires (Buenos Aires: Galerna, 1994).
  • Ignacio Núñez, Autobiografía (Buenos Aires: Imprenta Congreso, 1996).
  • Carlos Roberts, Las Invasiones Inglesas (Buenos Aires: Emecé, 2000).
  • Oscar Tavani Pérez Colman, Martínez de Fontes y la fuga del General Beresford (Buenos Aires: Dunken, 2005).
  • Enrique William Álzaga, La fuga del General Beresford, 1807 (Buenos Aires: Emecé, 1965).













lunes, 4 de abril de 2016

Domingo Matheu: Corriendo el velo de un interrogante

Son numerosos los personajes de la Revolución de Mayo de 1810 y de la Independencia de 1816 cuyo protagonismo y presencia en momentos cruciales de la historia no ha podido ser explicado por los historiadores de manera fehaciente y definitiva. Hijos de comerciantes italianos, ocasionales "viajeros" británicos, oficiales napoleónicos en fuga llenan las páginas de nuestros libros de historia sin que nadie se pregunte el porqué de su casual estrellato.

Uno de estos figurones enigmáticos es Domingo Matheu, español peninsular, vocal de la "Primera Junta", residente de la "Junta Grande", financiador de las campañas militares de los insurgentes, director de las primeras fábrica de armas y sastrería militar, luego (sorpresivamente y de un día para otro) se retira de la vida política, muriendo 14 años después en tiempos de Rosas, quien lo llena de honores, otorga una jugosa pensión a su viuda y mandar levantar un monumento.

¿Quién fue este hombres? ¿cuál es su origen familiar? ¿cuáles fueron sus inicios comerciales? ¿por qué emigra a Buenos Aires? ¿qué relación guarda con un "famoso" político liberal gaditano y con un famoso nacionalista catalán? ¿por qué es electo para la Primera Junta y, luego, queda como presidente cuando Saavedra marcha al norte? ¿por qué se lo hace responsable de armamentos y demás pertrechos militares? ¿de dónde sacaba el dinero para financiar a las milicias revolucionarias porteñas a pesar del supuesto cerco que existía sobre el puerto de Buenos Aires? ¿por qué se retira de la vida política? ¿fue masón como sostienen algunos autores? ¿tuvo algo que ver con la sublevación de Riego? ¿por qué tanta preocupación de Rosas y sus ministros por honrar a un personaje secundario que hacía casi 15 años que había desaparecido de los corrillos de la política?

Lo poco que nos dice la historia oficial* nos dice que Domingo Bartolomé Francisco Matheu nació el 4 de agosto de 1765 en Mataró, hijo de Juan Pablo José Benito Matheu Ros y de Antonia Xicola Visens. Se formó en las Escuelas Pías de su ciudad natal, destacándose en los estudios de matemática. Siguió luego estudios de navegación y se convirtió en piloto. Asociado con su hermano mayor Miguel, obtuvo un permiso para el comercio con Indias y se estableció en Cádiz. Estuvo en Cuba, Filipinas y las islas Canarias. En 1791 abre una sucursal de la Casa Matheu en Buenos Aires y, 1793, sorpresivamente se muda a esta ciudad.

[*Lo poco que tenemos de sus datos filiatorios corresponden a la investigación que realizó el Dr. Carlos Ibarguren hijo, "Hombres de Mayo", Genealogía nº 13, complementada tiempo después por Alberto Hernán Lammirato, "Apuntes sobre la familia de Domingo Matheu", Genealogía nº 19.]

En la capital del Río de la Plata se opuso a las regulaciones comerciales del monopolio español que protegían las manufacturas y producciones del interior por mucho que protestaran los comerciantes del puerto.

Tras la primera de las Invasiones Inglesas a fines de 1806, se unió al cuerpo de Miñones, convirtiéndose en teniente de la 2ª compañía comandada por el también catalán Juan Larrea (luego tan revolucionario y enigmático como nuestro biografiado). Debido a que su jefe estaba enfermo, durante la segunda invasión, la de 1807, tuvo a su mando la unidad. Se retiró del combate de Miserere, pero salvó su honor al participar de la Defensa de Buenos Aires. Por su rol en ella, en 1809 fue premiado con una Orden Real.

El 25 de mayo de 1810 (por razones jamás aclaradas) es incluido en lo que la historiografía oficial denomina Primera Junta como vocal junto a Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan J. Castelli, (su paisano) Juan Larrea, y presidente Cornelio Saavedra y los secretarios Mariano Moreno y Juan J. Passo. Nombres que todos los niños deben aprender de memoria. Cuando Saavedra tuvo que dirigirse al Norte para dirigir el Ejército en persona, dejó su cargo al comerciante catalán Matheu.

Contribuyó económicamente con las expediciones militares al Paraguay y Alto Perú.

Con el establecimiento del Primer Triunvirato a fines de 1811, reemplazó a Taragona al frente de la primera armería, donde contó con la ayuda de armeros germano-británicos como J. Frye y F. Lamping. Y, en 1813, durante el Segundo Triunvirato, tuvo a su cargo la confección de uniformes militares. Un hecho curioso (que han señalado repetidas veces historiadores uruguayos como Washington Reyes Abadie et alt.) es que Matheu no tramita su ciudadanía rioplatense hasta este momento.

En 1817 se retira y no volvemos a tener demasiadas noticias hasta su muerte en 1831.

Tomás M. de Anchorena, el 28 de marzo de 1831 (mismo día de la muerte del Prócer), manda levantar un monumento sepulcral en el Cementerio del Norte (hoy, Recoleta).

Hasta aquí "la historia".

Historiadores como Luna (cf. La independencia argentina y americana) y Scenna (cf. Mariano Moreno) especulan que Larrea y Matheu hayan sido incluidos en la Junta en un intento por equilibrar la composición de carlotistas, alzaguistas (**), militares, comerciantes y clérigos. El problema es que eso no explica por qué no fue incluido el propio Álzaga (en representación de los comerciantes peninsulares) o los miembros del Cabildo (en representación de los viejos vecinos), la Audiencia (en representación de las autoridades virreinales tradicionales), etc.

[**El R.P. Cayetano Bruno SDB, La Argentina nació católica y en Historia Argentina, llega a calificar a Matheu de "alzaguista" (¡!).]

Vicente Fidel López nos dice que "fué uno de los personajes más benéficos y activos de la Revolución de Mayo". Y, en otro párrafo, nos da una pista: Matheu era "liberal de tradición". ¿A qué se refiere?

No sabemos mucho de la vida de Matheu anterior al 25 de mayo de 1810. ¿Por qué se muda a Buenos Aires en 1793? ¿Tal vez porque, tras el asesinato del rey francés Luis XVI por la Revolución francesa, España en la Primera Coalición contra la Republique y ya no era un lugar seguro para los liberales "de tradición"?

¿Y qué fue de su familia? Su hermano Miguel Pedro Matheu y Xicola continuó con la casa comercial en Cádiz, asociado con sus hijos (Miguel María, Manuel, Juan, Tomás y Pablo Matheu Batallín), importando productos británicos (cf. Diario de las Sesiones de Cortes de 1873).  

De entre ellos, se destacará Pablo Matheu Batallini que se dedicará a la política. En 1821 será regidor del ayuntamiento durante el período constitucionalista de Cádiz y un año después, tras los sucesos de Julio, será miembro de la Junta Consultiva formada en la misma ciudad y que llevó al poder a los "liberales exaltados". En 1823 será comandante de la Milicia Nacional. Durante la llamada (por la historiografía liberal) "década ominosa", Pablo Matheu desaparece del mapa. Recién volvemos a verlo en 1836 como alcalde cuarto del ayuntamiento gaditano y, nuevamente,  como comandante de la Milicia Nacional. Se presentará a elecciones en octubre del mismo año. Y lo veremos en los primitivos núcleos "progresistas", junto a su sobrino José Matheu, que fue regidor liberal-progresista del ayuntamiento en tiempos de la "Reina Regente", durante la Primera Guerra Carlista. Pablo Matheu salió a hacer frente, sin mucho éxito, a la expedición carlista a Andalucía del Gral. Gómez. Incorporado a las Cortes liberales, Pablo Matheu fue uno de los firmantes de la nueva Constitución. En tiempos de la "regencia" de Espartero, Pablo Matheu, hermano del prócer argentino, fue síndico del ayuntamiento de Cádiz en 1841-42. Tras pasar en la oscuridad durante la Década Moderada, reaparece como miembro de la Junta Revolucionaria de Cádiz en apoyo del Manifiesto de Manzanares.

Su hermano Tomás Matheu Batellini ocupará distintos cargos en la Milicia Nacional del Trienio Liberal. Posteriormente pasará a Guatemala, donde formará familia. Otro hermano, Juan, emigrará a Guatemala, donde morirá en 1875. Un sobrino, Manuel Matheu Parodi, emigrará también a Guatemala y será abuelo del célebre compositor Manuel de Falla.

Sobrino nieto será Francisco de Asís Matheu Fornells ("Francesc Matheu i Fornells"), poeta en catalán y editor de textos catalanistas, uno de los representantes de la Renaixença.

Consta en el volumen III de la Biblioteca de Mayo: Colección de obras y documentos para la historia argentina, en la Autobiografía que entregó el hijo del Prócer, Martín, al gobierno de Buenos Aires, que Domingo Matheu seguía en contacto frecuente con su hermano Miguel y sus hijos de Cádiz, por medio de buques británicos (ver, por ejemplo, en la página 540).

Recordemos que, quizá por su proximidad con Gibraltar, Cádiz fue centro de expansión del liberalismo, no siempre idílico y desinteresado, sino muchas veces alimentado por agentes británicos... y rioplatenses (cosa que probaremos en próximas entregas).

En fin, son datos. Que cada cual saque sus propias conclusiones.



 















martes, 23 de febrero de 2016

¿Rosas gobernante católico?

Decreto del 27 de febrero de 1837, dado en la Ciudad de Buenos Aires por el gobernador de la Provincia de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina Brigadier General Juan Manuel de Rosas.

Art. 1º. Ninguna persona ni autoridad, civil o eclesiástica, de esta Provincia podrá reconocer con valor alguno legal o canónico, ni menos prestar obediencia ni cumplimiento, o hacer valer en manera alguna ninguna bula, breve o rescripto pontificio, ninguna otra clase de documento que se haya recibido en esta Provincia o en cualquier otra parte del territorio de la República desde el 25 de mayo de 1810, y aparezca emanada mediata o inmediatamente de Su Santidad el Romano Pontífice... sin que tenga el pase o exequatur de la autoridad encargada de las relaciones exteriores de la República.

Art. 2º. Consiguiente a lo que se ordena en el artículo anterior, ninguna persona o autoridad eclesiástica de esta Provincia podrá reconocer ni hacer valer como verdadera y legítima ninguna clase de nombramiento, creación, erección o institución que se haya hecho, o pretenda hacer en esta Provincia o en cualquiera parte del territorio de la República, o en algunos de sus habitantes a virtud o en consecuencia de alguna bula, breve o rescripto pontificio... mientras la expresada bula... no tenga el pase o exequatur de la autoridad encargada de las relaciones exteriores de la República. Debiéndose tenerse entendido que esta prohibición se extiende a las instituciones de Obispos in partibus infidelium que no se hallen consagrados y pretendan serlo en esta Provincia.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Mirada católica de la Revolución de Mayo... antes del "relato"

Nuestros padres, ya cuando se afanaban por organizar la república, y dar sólida base à las instituciones libres, como cuando conquistaban su independencia en los campos de batalla, cometieron muchos y muy graves errores. No puede negarse que las doctrinas políticas y sociales que prevalecieron entonces, y que fueron acogidas sin criterio por un entusiasmo irreflexivo, han influido no poco en sus estravios, y en las calamidades que han aflijido à estos paises. Discípulos de la filosofia del siglo XVIII, y sin otro evangelio que el ‘Contrato Social’, sus teorias revolucionarias contribuyeron poderosamente à romper todos los lazos de la subordinacion social.

La Relijión: Periodico de los intereses morales y relijiosos de la Republica Arjentina (dir. Félix Frías*), Nº 6, sábado 19 de septiembre de 1857.

*Aunque algunos "nacionalistas" no lo quieren a Frías, por su anti-rosismo, el hecho es que fue tenido, pacíficamente hasta hace poco, como un paladín de la defensa del catolicismo en la Argentina. Cf. R.P. Cayetano Bruno SDB, "Félix Frías", Mikael: Revista del Seminario de Paraná (), año III, Nº 9, 3º cuatrimestre de 1975.



jueves, 22 de enero de 2015

A vueltas con el sol en escudos y banderas latinoamericanas

Imágenes cabalísticas y esotéricas con el sol con rostro humano y rayos rectos y flamígeros intercalados en cartas de tarot del siglo XVIII. 

Cualquier similitud con el sol en los símbolos nacionales de las repúblicas hispanoamericanas, no es mera coincidencia.




sábado, 8 de marzo de 2014

De pluma ajena

ENFERMERIDES ARGENTINAS
(Magnas fechas de la  Patria Argentina)
por Juan Pampero

LOS INGLESES FUSILAN AL RECONQUISTADOR

 

   Domingo 26 de agosto de 1810En el paraje denominado Cabeza de Tigre, cercano a Cruz Alta, Córdoba, un pelotón de soldados ingleses fusila al General Santiago de Liniers, Héroe de la Reconquista y la Defensa, Conde y Virrey de Buenos Aires.

 

   El Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros (1755-1828), fue la cabeza visible del triángulo cuyos vértices estarían apoyados en los comerciantes usureros de la City en Londres, sus operadores españoles en Cádiz y los mercachifles arrastracueros del puerto de Buenos Aires. Esta triangulación, consecuencia de Utrech, formada de 1714 en adelante por Incalaperra junto con una decena más montadas en Hispanoamérica, se dedicaban con fervor al contrabando de fruslerías, el saqueo de la corambre de las vaquerías y el fabuloso robo de la plata del Potosí. Ya habían tenido su acto cumbre en las invasiones de la Incalaperra en 1806 y 1807. Porque es bueno decirlo, para aquellos hechos dolorosos, los ingleses no vinieron: los mandaron a llamar que es muy distinto.

   Cisneros había llegado a Buenos Aires con instrucciones de invitar, muy diplomáticamente, para que Liniers regresase a España. Los buhoneros manilargos del puerto se habían dado cuenta que nada se podría hacer, de lo que después se hizo (más de 40 firmas inglesas operando en Buenos Aires y con casas matrices en Londres), con un Liniers en la ciudad. Entonces presionaron sobre los de Cádiz, lupanar de la masonería, para que éstos, a su vez, lo hiciesen sobre la Junta (que les debía plata a todos), designando como Virrey a un hombre “educado y culto” (como querría después Rivadavia) que, a su vez, tendría la misión de sacarse de encima a Liniers, dejándole el campo orégano al hatajo. Es la versión remozada y rioplatense del cuento de Alí Babá y los cuarenta ladrones (aunque aquí eran mucho más de cuarenta por el proceso inflacionario).

   Con la misma ternura diplomática con que le pidieron que se vaya, don Santiago, que ya había cumplido sus 57 años, les pidió para quedarse. Una contrariedad en los planes de la gavilla. Entonces Cisneros le hace jurar a Liniers la promesa de no inmiscuirse en los asuntos públicos, y lo obliga a retirarse a un lugar distante del epicentro de los negocios: Buenos Aires. Digamos que una cosa por otra: en lugar de desterrarlo lo internaron, como se decía en aquellas épocas. Pero con el mismo efecto: mantenerlo alejado “del progreso”. Aunque con un poco de suerte, se podría morir en el olvido.

   Este juramento del Héroe de la Defensa y Reconquista, con treinta años de nobles servicios a España sin interrupciones, es de donde se han prendido los historiadores del Régimen Perverso con sus ataques de moralina, para decir que Liniers recibió lo que se merecía por quebrantar un juramento. Y, ¿qué validez tiene un juramento hecho ante esta versión remozada de Pilatos? La misma validez que tiene la palabra devaluada del canalla que lo pide.

   Liniers se trasladó a Córdoba donde compró una finca cercana a la localidad de Alta Gracia. Los sucesos ocurridos en Buenos Aires el viernes 25 de mayo (fruto de la tenida del 24 a la noche), llegaron a Córdoba el lunes 4 de junio. Entonces el Gobernador Intendente, Capitán de Navío Gutiérrez de la Concha, quien fuera jefe de le escuadrilla que transportó desde Colonia hasta el Arroyo Las Conchas al ejército de Liniers para la Reconquista, se declara opositor al pronunciamiento de Buenos Aires y arrastró tras de sí al Cabildo de Córdoba, creándose el 6 de junio, ante la emergencia, una Junta Consultiva.

   Para constituir esta Junta, Gutiérrez de la Concha le pide a Liniers que se sume, como ciudadano respetable y persona de honda raigambre popular, junto con el Obispo Orellana, el oidor Victoriano Rodríguez, el deán de la Catedral, Gregorio Funes y el tesorero de la hacienda pública, señor Moreno.

   Hasta aquí, aunque a los tumbos, estoy conteste con los historiadores vernáculos, tanto del Régimen como no pocos militantes del revisionismo histórico. Porque a partir de esta situación cada uno de éstos va dando su versión: que Liniers fue un traidor; otros que un líder desertor; que cometió muchos errores; que no escuchó las súplicas que le hicieran por carta Saavedra y Belgrano, e incluso su suegro Martín de Sarratea; que quiso reivindicarse ante la opinión pública de aquel incidente con el enviado de Napoleón, el Marqués de Sassenay (10 de agosto de 1808); que era un agente napoleónico en Buenos Aires y, otros muchos, que Liniers fue una mezcla de todo esto.

   Confieso humildemente al lector que yo también me tragué estos sapos. Algunos crudos y otros vuelta y vuelta en la sartén con ajo y cebollas. Porque si esto escriben nuestros historiadores, cuya mayoría escribe para facturar, seguramente no es cierto o por lo menos es motivo de revisión o de crítica histórica, si prefiere el lector.

   Liniers no fue un traidor, porque nunca comulgó con otra ideología que no sea su lealtad a la Corona Española por la que terminó dando la vida; consecuentemente tampoco fue desertor porque nunca estuvo adscrito a los complotados que había producido el 25 de mayo; el único error cometido por Liniers fue el de dormir con el enemigo: creerse que Cisneros era un virrey y no el cabecilla de un grupo de quincalleros asociado a los ingleses;  de las súplicas que le hiciera Belgrano mejor no hablar: don Manuel (¡Oh, cuántas tiene en el debe el bueno de don Manuel!), ya había hecho los borradores extremistas que servirían de base para que el terrorista Mariano Moreno hiciese el Plano de Operaciones (dado como secreto el 30 de agosto, según la copia en mi poder); las actitudes de Liniers,  respecto al Marqués de Sassenay, fueron suficientemente claras, y la prisión que sufrió el enviado de Napoleón a manos de Elío fue injusta, prueba de ello es que al ser remitido a Cádiz fue puesto de inmediato en libertad en aquella ciudad y a Liniers jamás se lo molestó para preguntarle nada; etc.

   Ahora bien: ¿por qué Liniers –se preguntará el lector-, se opone a la Junta de Buenos Aires, acompañado de insignes patriotas y leales servidores públicos, cuando le hubiese sido más fácil aceptar el hecho consumado? Simplemente porque Liniers, como antiguo vecino de la ciudad, aparte de haber sido su Virrey, conocía perfectamente a cada uno de los integrantes de aquella Junta, lo que ellos representaban y quiénes movían los hilos de estas marionetas. Aquellos no representaban, precisamente, los intereses del pueblo, del rey ni de su virreinato. Y si no me creen vean lo que sigue: 

   Miguel Azcuénaga, militar, masón recalcitrante de los tiempos de Cabello y Meza, relacionado con las familias más ricas de Buenos Aires en los inicios del siglo, terrateniente y comerciante, fue el garante ante la burguesía porteña y los intereses de la Incalaperra, de las finanzas de la Junta de Gobierno.   

   Manuel Alberti, sacerdote, masón, con rico patrimonio personal, parte heredado de sus padres y parte de lo que él había hecho con sus negocios clandestinos; intervino en las reuniones conspirativas en la casa de Nicolás Rodríguez Peña (espía, masón, asalariado de Su Majestad Británica hasta su muerte); ingresó a la Junta comorepresentante del clero criollo y como defensor de los bienes eclesiásticos (y de los suyos desde luego).  

   Domingo Matheu, comerciante catalán afincado en Buenos Aires, con conexiones internacionales en Europa y, particularmente en Cádiz, sostenedor de las ideas del libre comercio (recargando con un 300% las bagatelas inglesas), fue como tal el representante de los comerciantes de Buenos Aires (los que, mayoritariamente, eran ladrones y contrabandistas). Fue el garante ante la Junta de los comerciantes de la plaza de Cádiz (uno de los vértices del triángulo).  

   Juan Larrea, catalán como el anterior, comerciante de los llamados frutos del país y también armador, estaba seriamente comprometido con los grupos ingleses a los que siempre fue obediente. Es considerado como el banquero de la Junta de Mayo.

   Juan José Paso, abogado, amigo íntimo de Moreno, vinculado a los intereses ingleses en el Río de la Plata. Este personaje es todo un misterio: ¡permaneció en el gobierno desde mayo de 1810 hasta la llegada de Rosas que lo echó! Poco o nada se sabe de su vida porque todos sus papeles públicos y privados han desaparecido cuidadosamente. Pero en verdad: no se sabe por qué fue incluido en la Junta, quedando solamente en pie sus vinculaciones con los comerciantes británicos.  

   Mariano Moreno, abogado (el ausente durante las invasiones inglesas y el mudo del Cabildo del 22 de Mayo), representó a los intereses ingleses, con la habilidad de presentarlos como españoles. Carlos Roberts lo llamaexcelente abogado del comercio inglés y abogado de última hora. El acercamiento ideológico con Castelli  (primo de Belgrano), proviene de que ambos eran abogados de los ingleses en el Río de la Plata. Moreno se destacó  en la ignominia que se llamó  Representación de los Hacendados (en 1809, con patrocinio del Virrey Cisneros donde hizo el papel de chancho rengo), y Castelli en varias defensas de comerciantes ingleses sorprendidos en el delito de contrabando o en el quebrantamiento de leyes consagradas. Cuando Moreno envía a Castelli al norte como comisario político, se quedó con el partido de él en Buenos Aires, y lo superó en los planteos de libre comercio a favor de los buques de bandera inglesa.  

   Manuel Belgrano, abogado y economista aficionado, con amplias y fuertes vinculaciones con comerciantes del Paraguay y ganaderos del Uruguay. Esta es la causa de la aparición, de la noche a la mañana, del Belgrano militar en la campaña al Paraguay y su posterior traslado a la Banda Oriental, cuando en realidad se había destacado comoabogado y economista. Se sabe que Belgrano redactó la introducción y confeccionó el boceto del Plano de Operaciones citado más arriba. Moreno al componerlo, respetó la introducción belgraniana y, en línea generales, su proyecto, aderezándolo luego con sus crueldades propias de Caracalla. Pero don Manuel conoció el documento: a esto no hay quien lo niegue, como se sabe que no abrió la boca para oponerse ante semejantes barbaridades. El documento, encontrado por casualidad en Sevilla por don Eduardo Madero a fines del Siglo XIX, está redactado en tono canallesco, subversivo y terrorista: después me vienen a hablar del Proceso de Reorganización Nacional que es un bebé de pecho al lado de don Mariano y de don Manuel, ¡que son próceres indiscutidos!

   Dios Santísimo: ¿para qué me haces conocer estas cosas? ¿Acaso yo no sería más feliz de otra forma? Pero: hágase Tu Voluntad y no la mía. Prosigo entonces. 

   Llegado a esta altura, le pregunto al lector: ¿y usted que hubiese hecho? ¿Tal vez adherirse a esta Junta, o haría lo que hizo Liniers, después Artigas y finalmente Alzaga? Diga usted. Porque después de todo lo que hizo el Cabildo de Buenos Aires fue tomar la decisión de crear una Junta municipal de gobierno. Le correspondía luego invitar a las demás provincias hermanas a uncongreso revolucionario para lo cual, cada una de ellas, debía dar, como requisito previo, un golpe político como el de Buenos Aires. De esta manera la Primera Junta hubiese sido nada más que una promotora de la revolución nacional. Esta actitud de Buenos Aires de arrasar con las autonomías provinciales y municipales se repetiría constantemente, se reflejaría en la Constitución Nacional y se puede ver hoy en día, donde los Gobernadores, pero fundamentalmente los Intendentes Municipales (donde reside la auténtica soberanía popular), son felpudos del gobierno central. 

   Desbandada la tropa de Liniers y Gutiérrez de la Concha al primer amague, siguieron los dos fugitivos con sus amigos, sin una escolta que les brinde protección, y se refugian en Villa del Chañar, a unas 50 leguas de Córdoba. Allí los alcanza y detiene el Capitán José María Urien, que los venía rastreando, quien comete la arbitrariedad de tratarlos con todas las brutalidades que uno se puede imaginar, incluidos los azotes. La Pasión de don Santiago de Liniers había comenzado en manos de los esbirros del Robespierre porteño, Mariano Moreno: el que en la noche del 25 de Mayo lloraba sentado en las escaleras del Cabildo por las represalias que habría de tomar el rey contra ellos a su regreso “por majaderos”. Esta es la verdadera causa de su misterioso viaje a Inglaterra que dijeron lo hacía en misión diplomática: le aterrorizaba la idea del regreso del rey. En verdad fue un exilio disfrazado con misterios, como su muerte que resultó de un fecaloma: hacía una semana que no iba de vientre y el capitán inglés le suministró un purgante fenomenal. Una hora después estaba con una peritonitis y se fue por la avenida ancha sin semáforos. Pero volvió reencarnado en los periodistas que tenemos que lo han tomado por apóstol. 

   Detenidos los cabecillas del desacato, debería corresponderse con el final de este triste capítulo de nuestra historia. Pero no fue así, porque es realmente aquí donde comenzó. Porque, ¿qué hacer con Liniers, el Gobernador Gutiérrez y el manojo de amigos encadenados? A Córdoba no los podían regresar, porque muchos de los soldados patricios que formaban los regimientos a las órdenes del Coronel José Antonio González Balcarce admiraban y amaban a Liniers y a Gutiérrez por haber luchado codo a codo con ellos en las jornadas de 1806 y 1807. Algo parecido ocurriría con la población civil, memoriosa del trato paternal y deferente de Liniers durante su virreinato. 

   Entonces, ¿qué tenemos por aquí? Tenemos un problema insoluble a nivel de dirigentes. El mismo problema que se les repetiría con Artigas, Alzaga, Dorrego, don Juan Manuel y, si el lector quiere, el de Perón: su inmensa popularidad. ¿Qué hacer con un tipo que supuestamente hace lo que no debe hacer y sin embargo goza de abrumadora popularidad? La respuesta no está en los manuales liberales, ni en las películas de Hollywood de yanquilandia, donde el derrocado es un tiranuelo de cuarta. ¿Qué hay que hacer con un tipo en cuya contra se han ensayado todas las argucias y todas ellas, de a una, han ido fallado? A este tipo hay que matarlo, porque la popularidad para los liberales es un bien peligrosísimo. A Liniers y Dorrego, El Coronel Arrabalero, les costó la vida. El Restaurador se les escapó con un hilo de la pata. Y Perón se salvó de milagro, si se tienen en cuenta desde bombardeos hasta una docena de atentados, comenzando por el de Villa Rica en Paraguay. 

   En verdad la Junta municipal de Buenos Aires, vulgo llamada Primera Junta, ha pensado en el destierro, medida que se le aplicó al compinche Cisneros con todo éxito, pero que con don Santiago sería un fracaso. Alguien ha madurado en hacerlo desaparecer, pero es imposible porque ya todo el mundo sabe que está en manos de sus captores. Reverdece entonces la idea de asesinarlo, pero cómo. Envenenarlo sería muy evidente. A un iluminado de la caterva se le ocurre simular un malón de indios que atacarían la caravana y lo asesinarían sin misericordia. En los alrededores de Buenos Aires hay muchos indígenas que por una damajuana de aguardiente serían capaces de despellejar a su madre. Pero ocurre que a ¡don Santiago de Liniers también lo quieren los indios porque ha sido muy compasivo con ellos! Entonces, si una salida “culta y educada”, resuelven matarlo ellos mismos. Fusilando de esta manera se cargarían de poder coercitivo, desalentando resistencias latentes: digamos que a lo Valle, Cogorno e Ibazeta el 9 de junio de 1956. 

   Llega a Córdoba el decreto para la ejecución. La población recibe la noticia con claras muestras de disgusto. El Coronel Balcarce y el gobernador interino nombrado por la Junta, que fue Juan Martín de Pueyrredón, se enteran que el Regimiento de Patricios, alojado en la casa de Ejercicios Espirituales, se está por sublevar para rescatar a Liniers. Les cierran todas las puertas y les colocan tres regimientos a su alrededor para que nadie salga ni entre. Unas 100 religiosas y religiosos que allí prestan servicios padecen la cuarentena, aunque son completamente inocentes: es la primera herejía de las muchas que luego harían en el Alto Perú contra la Santa Religión. Ortiz de Ocampo hace como Pilatos: se lava las manos y decide remitir al prisionero a Buenos Aires. En realidad le tiene miedo a la pueblada y algunos regimientos que no le han querido rendir honores.  

   La Junta se entera de esto y resuelve que Liniers no debe entrar en Buenos Aires. Para ello acuerdan que Castelli y French, con algunos efectivos del Regimiento Estrella, salgan al encuentro de la columna y fusilen a Liniers donde lo encuentren. Sin embargo aparecen otros problemas, aparte del cáncer de lengua que lo tiene mal a Castelli, los soldados del Estrella ponen las cosas en claro: ellos acompañan pero no fusilarán a Liniers. Los comisionados alcanzan la columna que viene de Córdoba en Cabeza de Tigre, una posta a la altura de Cruz Alta. Allí los espera otro frentazo: los soldados de la escolta que traía a Liniers, también se niegan a fusilarlo. ¡Estos negros de mierda, siempre creando problemas! No, si es como decía Sarmiento: es una raza maldita. Porque no habían nacido debajo de una higuera como él. 

   Pero alguien había sido más previsor que todos estos complotados para asesinar. En Córdoba vivían desde hacía unos dos o tres años un número considerable de soldados ingleses que fueron internados después del escabroso asunto de Luján. Algunos tenían chacra, familia y otros se habían afincado definitivamente. Alguien los habló y ellos aceptaron fusilar gustosamente a Liniers, el autor de su derrota, su prisión, su internación y su vergüenza. Y previendo que pasaría lo que pasó los llevaban a la cola de la columna. 

   Y así fue como en la mañana del 26 de agosto, el mes de la Gloriosa Reconquista, de 1810, una docena de soldados de su Graciosa Majestad Británica fusilaron a don Santiago de Liniers, cubierto de sangre por los castigos y cinco de sus compañeros todos malheridos. El tiro de gracia se lo dio French, el cartero de Buenos Aires, devenido ahora en Teniente Coronel de la noche a la mañana, el que fuera enlace entre las logias masónicas montadas por Rodríguez Peña y el cura Agüero. En las ropas de Liniers se encontró su despacho como Virrey firmado por el rey, que Castelli ordenó quemar: estaba el papel tinto en sangre. 

   A esto último lo descubrió el historiador Julio Lafont al que por poco lo matan. Pero jamás pudieron desmentirlo, hasta el día de hoy porque está muy bien documentado. Al resto, que no es de Lafont, los invito a los historiadores a que me desmientan. Pero, ¡cuidado!, porque a lo mejor no me callo de cosas que aquí he callado.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Motivaciones reales de la Revolución de Mayo (Virrey Cisneros)

Es cosa bien sabida que, para sostener su "leyenda rosa", el revisionismo nacionalista provee citas con beneficio de inventario.

Entre los documentos sistemáticamente silenciados, se incluye el que es, tal vez, el documento más importante acerca de la Revolución de Mayo: la deposición del Virrey de Buenos Aires, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, y de los Ministros Togados de la Real Audiencia de la misma capital (los oidores Francisco Tomás de Anzoátegui, Manuel Sebastián de Velasco y Manuel José de Reyes, y los fiscales Manuel Genaro de Villota y Antonio Caspe y Rodríguez).

En la tarde del 22 de junio de 1810, a casi un mes de iniciados los sucesos que desencadenarían la Independencia bonaerense, el Virrey y los Ministros fueron citados por la Junta revolucionaria en la Real Fortaleza. Allí son intimados a embarcarse con destino a la España peninsular en plazo perenterio a bordo de la balandra británica HMS Dart estacionada en el Puerto de Buenos Aires, prohibiéndoseles hacer escala en Montevideo o cualquier otro puerto americano.

A su llegada a Canarias a fines de agosto de aquel año, Cisneros y los auditores expulsados por los revolucionarios hacen su deposición. Son 28 folios que se encuentran en la Biblioteca y Archivo de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife, caja 57.

A continuación, copiamos algunos fragmentos (arreglando un poco la grafía original para facilitar la lectura) de dicho expediente que, claramente, destruyen la argumentación del revisionismo nacionalista.
"...El Cabildo procedió al nombramiento de Vocales de esta Junta que quedó formada y reconocida en el día 24 de Mayo: pero no contentos los facciosos con que yo quedase de Jefe, pues sus ideas eran terminantes a otros reprobados intentos, procedieron revolucionariamente contra aquella resolución [del Cabildo], nombrando nueve personas de su facción que carecen las más de todo concepto y confianza pública [por haber participado de la fuga de Beresford, la revolución de 1809, etc.], y quedé separado absolutamente del mando, aunque con las distinciones y honores proprios de mi empleo y graduación."
"Las providencias que empezó a adoptar la nueva Junta manifestaban muy bien sus ideas, pues fue una de ellas la de desarmar a los Europeos [excepto a los británicos, de más está decirlo]; mas no me hubiera prevenido en contra, si no hubiese visto otras demostraciones más categóricas, cuales fueron la resistencia a reconocer el supremo Gobierno de Regencia, la impugnación que en sus papeles públicos hacían a la legitimidad del nuevo Gobierno, el empeño de llevar adelante la convocación de un Congreso general del Virreynato en ocasión de estar llamados a las Cortes los Diputados de las ciudades de América, la expulsión de los oficiales de la Marina Real, y el propalar abiertamente los de su partido que contaban con la protección de la Inglaterra para sostener su independencia."
"La Ciudad de Montevideo se decidió abiertamente contra estas ideas, y lo mismo practicó la de Córdoba: únicas principales de que se tenía noticia al tiempo de mi salida: La primera reconoció y juró el nuevo Gobierno de Regencia; y el Tribunal de la Real Audiencia excitó a la Junta para que igualmente procediese la Capital de Buenos Ayres [del virreinato] al expresado reconocimiento con el fin de conservar la unión y dependencia de aquellos Dominios con las Provincias de la Nación que están libres de la Tiranía francesa, evitar la división en asunto tan importante, y calmar los ánimos de los Europeos recelosos e inquietos por las señales que advertían en la Junta y tropas que seguían su causa, de abandonar la de la Nación, y dirigirse separadamente a un sistema de independencia bajo apariencias y simulaciones difíciles de conciliar con sus obras."

¿Son necesarias mayores pruebas?

Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre (1758-1829), Teniente General de la Real Armada Española, Cruz de Caballero de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad.


jueves, 20 de junio de 2013

El mito de la bandera y la Virgen de Luján

En sus intentos por crearse una "revolución católica y tradicionalista", los nacionalistas y revisionistas llegan a propagar mitos descabellados.

Uno de ellos es el que dice que el traidor y perjuro Manuel Belgrano se inspiró en el manto de la imagen de la Virgen de Luján.

El problema es que el manto celeste y blanco... es de 1904. Sí, al que sorprendentemente se le agregó el gorro frigio, el saludo de manos masónico y el sol del 'Gran Arquitecto'.

Anteriormente, el manto era azul con estrellas doradas y la túnica de la Virgen en rosado.

Imagen original de la Virgen de Luján antes de que se la rodeara de una campana de plata y se la vistiera de celeste y blanco


Cualquiera que haya visitado el Museo de Luján lo sabría. Pero los nacionalistas hacen política, no historia.





jueves, 13 de diciembre de 2012

DE REINO HISPANICO A COLONIA BRITANICA I: ¿Refugiados o “quintacolumnistas”?




En 1810 se habían censado 126 británicos en el Río de la Plata, incluyendo, entre ellos, algunos de los venidos en las Invasiones Inglesas y que, por diversos, no habían querido abandonar el país. Una década y media después, los británicos serían varios miles —3500 súbditos de Su Majestad, en 1824, según el British Packet del Sr. Love—.

Ya a mediados del siglo XVIII, España había abierto América a refugiados católicos angloparlantes, principalmente irlandeses. Antes de esas fechas los hubo pero, en general, en pequeño número. Sin embargo, el apoyo hispano-francés a las pretensiones del jacobitismo se convirtió, tras el fracaso de 1745, en un importante flujo de refugiados religiosos y políticos, junto a los cuales vinieron también algunos pillos que aprovechaban la oportunidad (no vamos a extendernos, pero es bastante bien conocido que las primeras logias masónicas regulares que abrieron en el Continente, lo hicieron de la mano de estos “refugiados” irlandeses, escoceses e ingleses).

En Buenos Aires, recaló el supuesto segundón de Lord Dalmouth, Paul William Thompson. Aquí abrió una casa de comercio apenas arribado y ya en 1764 se aseguraba una carta de ciudadanía española que le permitía sumarse al “monopolio”, al mismo tiempo que mantenía vínculos con casas de comercio de Londres, Dublín o Glasgow, convirtiéndose en puerta de entrada de los productos británicos en la América del Sur.

Tan rápido hizo fortuna este Thompson que, muy poco después, estuvo en condiciones de contraer matrimonio con la linajuda doña Tiburcia López y Cárdenas. Y con ella tuvo a Martín Jacobo Thompson —que será Coronel “patriota” y embajador ante el gobierno de los Estados Unidos, pero tal vez más conocido por un hecho que relataremos más adelante—. En 1804 este Martín desposó a María Sánchez. Pero, antes, refiere la tradición que el padre de ésta no le permitía casarse con un hereje y que tuvo que disfrazarse de aguatero para poder ingresar en casa de los Sánchez Velasco. Como se ve, el “catolicismo” que Pablo Guillermo Thompson había declarado para lograr la ciudadanía española no era creído por los vecinos porteños.

Otro de los refugiados que arribó a estas costas fue Miguel O’Gorman, aunque su derrotero tuvo escalas. El caso es que arribó en 1777 en calidad de cirujano de la expedición de don Pedro de Ceballos y Cortés, futuro virrey del Río de la Plata. Por Real Orden debió quedarse en Buenos Aires para reorganizar el hospital, por lo que es considerado como uno de los fundadores de la Medicina en la Argentina. Abrió su práctica aquí y ejerció hasta poco antes de morir. Alto y distinguido, es quizá más conocido como abuelo de la famosa Camila O’Gorman y Ximenes. Hermano de ella fue el canónigo Eduardo, rector que fue de San Nicolás de Bari y alto funcionario de la iglesia (cismática) bonaerense.

El joven comerciante inglés John Miller arribaría a estas costas con el nuevo siglo. Casado con la dama española María Balbastro, estaba vinculado entonces con Carlos María de Alvear —oficial español, de la Logia Lautaro, futuro general “patriota” y director supremo—. Su hija Margarita Balbastro y Miller sería desposada años después por John W. Parish, hijo de Sir Woodbine a quien ya nos referimos, agente británico, empresario del ferrocarril y admirado de Domingo Faustino Sarmiento. “Don Juan Miller” comprará tierras y se convertirá en un insigne estanciero en la zona de Cañuelas, introductor en el país de la raza Shorthorn o Durham, que fue conocida localmente como Tarquino, por el nombre del primer toro de esa raza, propiedad de los Miller. Al morir en 1843, sus restos serán inhumados en el antiguo cementerio de Disidentes.

“Don Juan” trajo también a estas pampas a su hermano Andrew. En 1827, “don Andrés” casará con Julia Canning, sobrina del Almirante Brown y pariente del primer ministro británico. Andrés Miller, además de la actividad ganadera, fue propietario de un almacén con los Robinson y un saladero en Barracas en sociedad con el Tte. Cnel. Mariano de Escalada, cuñado del “Libertador” y “héroe” de la independencia.

Por la misma época en que llegó Miller, arribó a Montevideo el inglés Robert Billinghurst. Recordados son sus hijos Guillermo (gran empresario del salitre en Arica y padre del presidente peruano del mismo nombre) y Mariano (empresario de lanas, tranvías y ferrocarriles), y su nieto Lisandro (ganador del “millón” de 1902). Al estallar la Revolución de Mayo, abrazó la causa “patriota”. Fue interlocutor entre la flotilla británica del Río de la Plata y las fuerzas revolucionarias que sitiaban la capital de la Banda Oriental que, aún, se mantenía fiel al Rey. Casó con Francisca Agrelo, hermana de los “próceres” Pedro y Marcos.

Por sus servicios, en noviembre de 1811 el Cabildo le concedió la ciudadanía argentina, siendo la segunda concedida a un inglés (el primero fue el agente Paroissien, a quien ya nos referimos). Fue, posteriormente, lugarteniente de Brown a quien admiraba y en más de una ocasión transportó en sus barcazas por el Río de la Plata. Tenía grandes propiedades a ambos lados del Río de la Plata y, a pesar de haberse “agauchado” según dicen, prohibía el castellano a sus hijos en la intimidad de su casa.

También a comienzos del siglo XIX, vemos a otros ingleses residentes en Buenos Aires. Agustín (Augustine) Wright llegará a firmar como “alcalde de barrio” en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Santiago (James) Spencer Wilde, pariente y corresponsal de John Mill, el filósofo y padre de John Stuart Mill. Fue contador de cálculo entre 1821 y 1834 —es decir, entre los gobiernos de Rivadavia y Rosas, inclusive—, a cargo de la gestión de la ingente deuda externa con intereses británicos.

“Don Santiago”, que era vocal de la Comisión de Hacienda, presentó un proyecto de telégrafos, para unir la Fortaleza con las guardias de fronteras. Fue padre de José Antonio Wilde, el autor del conocido Buenos Aires setenta años atrás.

Santiago invitó a venir a su hermano Wellesley Wilde, que aquí adoptó el nombre de pila de Diego y fue “guerrero de la independencia” y coronel en Bolivia. Siendo teniente, desposó a Visitación García, hermana de Fortunata —la que, en Tucumán, ocultó la cabeza del “mártir de Metán” (Marco Avellaneda) para que los hombres de Oribe no pudiesen hallarla—. Éste fue padre de Eduardo Wilde, célebre médico, escritor, pedagogo y político laicista argentino.

Negocios y liberalismo parecen ser el denominador común de todos estos personajes.

"The Great Province of Rio de la Plata"
(La Gran Provincia del Río de la Plata)
de la 4ª edición del libro de mapas de Herman Moll,
 The Compleat Geographer (Londres: 1723)


[Continuará]