"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."
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lunes, 27 de junio de 2016

El realismo, la causa del pueblo

Vicuña Mackenna presenta la resistencia realista sureña [en Chile] como una "historia del pueblo, del pueblo-soldado, del pueblo-campesino, del pueblo-guerrillero, del pueblo, en fin, ruda, ignorante, grande" [Vicuña Mackenna 1972, XXXV]: Uno de los principales protagonistas de la resistencia a la Independencia, Vicente Benavides, casi analfabeto, era hijo de un carcelero; los famosos hermanos Pincheira (4) eran campesinos de la zona central de Chile (hacienda Lloycalemu de Parral) [Una vez apresado y colgado Vicente Benavides los hermanos Pincheira continuaron la lucha. En 1827 el ejército los combatió y derrotó en el sitio de Alico, desorganizando su guerrilla. El último de ellos sólo cayó el año de 1832 en las lagunas de Palanquín. Fueron apoyados por los pehuenches en cuyas tolderías se refugiaban.]; José María Zapata, arriero; José Ignacio Neira, hijo de un balseador del Bío-Bío; Juan Antonio Ferrebú, cura; Agustín Rojas, hijo de artesano; Dionisio y Juan de Dios Seguel, hermanos, eran modestos estancieros; "otros también hubo que no tuvieron nombres y que no han pasado a la historia sino con un apodo popular" ["Y aquellos hombres que así morían, iban tan alegres al patíbulo como al combate... Al grito de ¡viva el Rey! todo el sur estaba de pie. La patria no era Chile, era Santiago. Por esto, solo cuando se pacificó completamente el Mediodía (1824), la nación toda tomó oficialmente, y por especial decreto, el nombre que hasta hoy ha sistentado con orugllo" en Vicuña Mackenna 1972, XL.].

Incluso a nivel eclesiástico la causa del Rey fue principalmente popular. El alto clero santiaguino se sumó a la causa separatista, no ocurrió así con "la clerecía de los campos, donde los párrocos, identificados con las pasiones y la ignorancia misma de sus fieles y después sus soldados" [Vicuña Mackenna 1972, 62. Se menciona a los curas de campo Ángel Gatica de Chillán, Luis José Brañas de Yumbel, fray Pedro Curriel de Cauquenes, etc.] abrazaron la causa del rey. [Cuenta a este respecto Lord Cochrane en sus Memorias: "A pesar de la superioridad del enemigo y del espectáculo que presentaban dos fanáticos frailes que, con la lanza en una mano y el crucifijo en la otra, iban y venían sobre las murallas, exhortando a la guarnición a resistir hasta la muerte a aquel puñado de agresores, el valor indomable de Miller no le dejó permanecer hasta la noche en los fuertes que ya había tomado, pues entonces hubiera tenido comparativamente menos riesgo atacando en la oscuridad" en Memorias de Lord Cochrane, conde de Dundonald, París: Impr. de Eduardo Blot, 1863.]

Claudio Gay coincide con el carácter realista de Concepción y agrega: "notándose más esta tendencia en la clase baja; pero en lo que se desplegó una política hábil, aunque contraria a las leyes de la humanidad y aun a las de la guerra, fue en comprometer en esta causa a la raza india, que se hallaba en una neutralidad expectante, dispuesta a caer en caso necesario sobre el vencedor débil, si las circunstancias lo permitían. Esta alianza con un gobierno que tan abusivamente les había hecho sentir su superioridad, tenía su origen en la grande influencia que sobre ellos ejercían los capitanes de amigos. [Claudio Gay en la Historia Física y Política de Chile, Santiago de Chile, MDCCCLIV, tomo sexto 301-303, da noticia de la actividad de Ossorio para obtener el apoyo de los indios para la causa realista, el que finalmente se consiguió.]

El Gobierno intentó atraer a los indios mediante parlamentos pero éstos prefirieron seguir combatiendo al lado de los realistas.

Fray Melchor Martínez destaca para el perídoo 1811-1814 el papel de los indígenas: "Débese también notar la amistosa cooperación de los indios araucanos enemigos perpetuos y naturales de los españoles, que siendo ellos una nación tan celosa de su independencia, se declararon ahora acérrimos defensores de la causa del Rey, y peleaban con el mayor empeño para impedir a los insurgentes su deseada libertad [...] El resultado de la contrarrevolución araucana proporcionó al Ejército Real la posesión de todas las provincias ulteriores a Bío-Bío, la comunicación con Valdivia, Chiloé y Lima y la amistad y adhesión de los gentiles araucanos, mudando de tal modo el aspecto de la guerra, que los insurgentes tan ensoberbecidos poco antes, quedaban ya casi bloqueados en Concepción. [Fray Melchor Martínez 1964, 190 y 191.]

Fragmentos del valioso ensayo del eminente historiador del Derecho y catedrático de la Universidad de Chile Dr. Eric Eduardo Palma González, "¡Viva el Rei! El grito silenciado del auténtico conservadurismo chileno", en Izaskun Álvarez Cuartero y Julio Sánchez Gómez (coord.), Visiones y revisiones de la Independencia americana: Realismo, pensamiento conservador: ¿una identificación equivocada? (Salamanca: Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2014), pp. 145-166.


lunes, 13 de junio de 2016

Regimiento de Infantería de Burgos 1er Batallón

Oficial del 1er Batallón en uniforme usado en la campaña de Chile

Este regimiento fue creado en España en 1794. Terminada la guerra contra las fuerzas de Napoleón fue ordenada su marcha a Ultramar.

En mayo de 1815 fue dividido en dos Batallones. En 1817 estaba al mando del General José de Canterac y fué destinado al reforzar el Ejérico del Virreynato del Perú. El segundo batallón embarcó el 1 de abril de 1817 al mando del Teniente Coronel Agustín O'Termín debiendo llegar a Perú por vía de Costa Firme mientras que el primer batallón lo haría el 2 de mayo desde Cádiz por la ruta de Cabo de Hornos. El segundo batallón nunca llegaría a destino ya que el General Pablo Morillo lo retuvo para cubrir su falta de tropas.

Participó en la campaña de Chile y en Perú.

Para la campaña de Chile el 1er Batallon vistió casaca azul con solapa encarnada, cuello y botas enteadas, chupa y pantalón blanco.

Fuente: J. Luqui Lagleyze, Los Realistas (Madrid: Quirón, 1998).

lunes, 30 de mayo de 2016

Un dominico chileno y realista: J. M. de la Torre (1777-1840)

Hace contraste, sin embargo, con la literatura revolucionaria, la prosa que empleó un periódico aparecido para defender los intereses del Rey de España durante los días amargos de la reconquista española [de Chile, después de Rancagua].

Nos referimos a la Gaceta del Rey, que dirigió el Padre dominico Fray José María de La Torre, nacido en Santiago el año 1777 y fallecido en la misma ciudad en 1840. Cuando Osorio, que fué un hombre culto y con ínfulas de letrado, abolió, durante la reconquista, diversas instituciones creadas por los patriotas, comprendió con un gesto lleno de claridad de visión que, para los propósitos sustentados por España, era necesario conservar la imprenta y aprovechar bien sus servicios en pro de la causa del Rey.

Los patriotas, antes de abandonar a Santiago, después del desastre de Rancagua, destruyeron la imprenta existente en la capital.

Con los restos tipográficos salvados de esta ruina, Osorio hizo publicar la Gaceta del Rey, que encomendó a la dirección sagaz e inteligente del Padre La Torre. Con licencia del Obispo Rodríguez Zorrilla, este religioso se hizo cargo de la publicación del citado periódico. 

Cuando salió la Gaceta del Rey, su director hacía las siguientes observaciones sobre los deberes del periodista:
«Su espíritu aún debe ser más agitado; pues él ha de discurrir acerca de toda clase de materias; ha de desengañar sin exasperar; ha de lidiar con todo un público, a quien es casi imposible contentar; ha de combatir con energía las opiniones sediciosas; ha de procurar unir y pacificar los ánimos disidentes; ha de pelear con la pluma por su rey, y con ella conquistarle multitud de corazones; ha de conciliar la verdad con los intereses de la política; ha de tener mucha lectura e instrucción en varias lenguas, tanto para traducir gacetas, como para otros empeños; ha de ser honrado, sigiloso, y de prudente cautela; ha de tener imaginación viva, estilo culto, pluma expedita, y en suma, debe ser tal que merezca la confianza del gobierno.»
El primer número de la citada publicación, cuyo redactor revela, a juzgar por las ideas citadas, una mentalidad amplia para su época y un espíritu cultivado, salió a luz el Jueves 17 de Noviembre de 1814, es decir, pocos días después de la entrada de los realistas a la capital con motivo de su triunfo en la batalla de Rancagua.

Comprendiendo el Padre La Torre que, para las ideas realistas, la mujer era an elemento útil y poderoso, les dirigió las siguientes frases, amables y cordiales y destinadas a penetrar en su psicología: 
«Chilenas, añadid la docilidad y la dulzura a los demás atractivos que os hacen tan apreciables. No se diga que la seducción os halló fáciles y el desengaño tenaces. No tenga más poder y más influencia en vuestro tierno corazón, la inconsideración, la rapacidad, la desenvoltura, que el honor, el juicio y la prudencia. Devoto llama la Iglesia a vuestro sexo; no lo desmintáis dando a entender que aprobáis las rapiñas, los sacrilegios, la descarada irreligión, si defendéis apasionadamente a sus autores. No ensuciéis vuestros bellos corales, invectivando con fiereza contra los amadores de la paz y de vuestros verdaderos intereses. Cesen del todo y para siempre las tertulias mordaces, las sediciosas canciones que pueden seros muy nocivas.»
Así el Padre de La Torre ganaba voluntades para la causa realista. Su acción habilidosa y tesonera, su conocimiento del carácter chileno, y su maravilloso espíritu de adaptación, hicieron de este escritor uno de los elementos de más valer de aquel tiempo. 

El postrer número de la Gaceta del Rey salió a luz el 21 de Enero de 1817. El triunfo definitivo de los patriotas, después de la jornada de Chacabuco y de Maipo, acabó con esta publicación que defendía la reacción colonial y en cuyas columnas se ostentó una prosa muy superior a la que exhibieron los escritores patriotas.  

Justo es reconocer ahora, cuando la distancia que nos aparta de esa época hace ver con imparcialidad a los hombres y las cosas de entonces, que el Padre de La Torre superó en ingenio literario, estilo y conocimientos a la mayor parte de sus contemporáneos, aún a Camilo Henríquez, padre del periodismo nacional. 

Ricardo A. Latcham, "La Literatura y la vida intelectual chilena después de la Independencia", en Escalpelo (1925).



lunes, 23 de mayo de 2016

"Los defensores del Rey"


"...Más de algún realista, seguramente, lucha con la convicción de que, tarde o temprano, será la suya una causa perdida.

"Pero combaten como lo hicieron siempre los españoles: con valor y con nobleza; se defienden como leones; acorralados, aún quieren los últimos, con una obstinación de poseídos, guardar por las antiguas selvas de Arauco la bandera del Rey, entre indios y bandoleros."

Fernando Campos Harriet*, Los defensores del Rey,
 est. prelim. de Jaime Eyzaguirre (Santiago: Edit. A. Bello, 2ª ed., 1976)

Portada de la 2ª edición.
Fernando Campos Harriet (1910-2003). Estudió Derecho en la Universidad de Concepción, egresando en 1932. Fue profesor en su alma máter y en la Universidad de Chile. Su Historia Constitucional de Chile es aún hoy (después de siete reediciones) el libro de texto obligado para todos los estudiantes de Derecho. En el campo historiográfico propiamente dicho, fue el gran investigador del mal llamado "periódo colonial", de Chile en general y de Concepción en particular; saliendo de su pluma numerosísimos ensayos originales. Fue miembro de número de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, del Instituto de Chile, de la Academia Chilena de la Historia, de la Sociedad de Bibliófilos Chilenos, del Instituto O'Higginiano y de la Sociedad de Historia de Concepción, de la que fue presidente. Además fue honrado como miembro correspondiente del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano y de la Real Academia de la Historia. Era Caballero de Honor y Devoción de la Soberana y Militar Orden de Malta. Asimismo era infanzón de Illescas. En 1988 fue galardonado con el Premio Nacional de Historia. En 1989 fue declarado Hijo Ilustre de la Ciudad de Concepción.
 

lunes, 28 de marzo de 2016

Stephen Maturin: ¿Un personaje de ficción?




Stephen Maturin, o mejor Esteban Maturin y Domanova, académico de la Royal Society, médico de la Royal Navy, naturalista amateur y agente de la inteligencia británica, es un personaje de la serie de ficción “Aubrey-Maturin” del escritor anglo-irlandés Patrick O’Brian, cuya novela más conocida es Capitán de mar y guerra (“Master and Commander”), llevada al cine con Russell Crowe en el papel protagónico del capitán Jack Aubrey “el Suertudo”.

Foto: Paul Bettany en el papel de Maturin (2003).

Nos cuenta O’Brian que Esteban Maturin y Domanova era el hijo ilegítimo de un oficial irlandés que servía en la Armada española y de una dama de la sociedad catalana. Era, asimismo, sobrino de Lord Edward FitzGerald, un personaje histórico que fue miembro de la logia irlandesa revolucionaria United Irishmen.

Maturin fue criado en su niñez en una granja de cerdos de Cahirciveen y pasó su adolescencia con su abuela catalana en Lérida, un tío en Barcelona y su padrino en Ullastret. Recibió una envidiable educación benedictina, con especial atención por los clásicos griegos y latinos. Regresó más tarde a Irlanda y realizó estudios pre-médicos en el Trinity College de Dublin. Viajó luego a París donde fue entrenado por el mismísimo Guillaume Dupuytren.

Allí estaba cuando estalló la Revolución en 1789. Fue un ardiente revolucionario e intentó, como muchos otros en su tiempo, exportarla a Irlanda. Se involucró con los United Irishmen y tuvo un amorío con una mujer llamada Mona, que muere en circunstancias nunca aclaradas. Quizá por ello comienza a perder su entusiasmo político y se rehúsa a participar de la rebelión irlandesa de 1798 protagonizada por Wolfe Tone.

Acompañando a un paciente moribundo, viaja a Menorca. Pero al morir éste, Maturin queda sin dinero ni esperanza. Aquí comienza la serie de O’Brian, con su encuentro con Jack Aubrey, el capitán de la corbeta HMS “Sophie”, que le ofrece incorporarse a la tripulación como cirujano del buque.

Maturin se rebela como un moderado nacionalista catalán y un visceral oponente de la tiranía de Bonaparte. Desde un comienzo, gracias a sus conocimientos de idiomas, su historia revolucionaria y ser un hombre viajado, se convierte en un agente de la inteligencia británica, aunque jamás acepta un centavo por sus servicios. Su contacto principal en América del Sur es… José de San Martín (cf. Azul en la mesana).

Filósofo naturalista, es un apasionado de los extraños animales y plantas que descubren en sus travesías. Una frustración constante es ser apartado de la flora y fauna jamás vista por el ojo científico, para verse envuelto en batallas navales.

Es también un buen músico que puede tocar, además de instrumento preferido, el cello, el piano y la flauta, y frecuentemente se entretienen con el Suertudo Jack, buen violinista, interpretando alguna melodía culta.

Su falta de conocimientos en materia naval, son la excusa que utiliza el autor para  instruir al lector en esta jerga tan específica. Lo mismo sucede con las reglas del cricket.

Christopher Hitchens, en una célebre crítica del film, considera que “el summum del genio de O’Brian es la creación del Dr. Stephen Maturin. No es tan sólo el dotado cirujano del buque sino también el científico, el agente de espionaje del Almirantazgo, un hombre mitad irlandés y mitad catalán —y un revolucionario. Se pasa al bando británico, habiendo peleado antes contra él, debido a su odio al Bonaparte que traicionó los principios de 1789 —principios que son perfectamente oscuros para el brusco Cap. Jack Aubrey. Cualquier adaptación cinemática de O’Brian debe juzgarse por su éxito al representar este personaje. En esta película no se cae, ni se mantiene. Simplemente pasa de largo en todo el proyecto.”

Sin embargo, la película ha recibido mejores críticas, tanto de historiadores navales como de expertos napoleónicos. Los libros de O’Brian, aunque ficción, son fundamentales para el historiador del período. Aunque se oponga algún historiador como Stephen Taylor (Commander: The Life And Exploits Of Britain’s Greatest Frigate Captain, a biography of Edward Pellew) y el autor no se haya expedido al respecto, la mayoría de los conocedores (cf. Richard Ollard, “The Jack Aubrey Novels: An editorial review”, A. E. Cunningham, Patrick O’Brian: Critical essays and a bibliography) creen que el personaje del capitán Aubrey está inspirado en Thomas Cochrane.

Volviendo a Stephen Maturin, no podemos dejar de notar su gran semejanza con Diego (James) Paroissien —médico, comerciante, espía y amigo de San Martín— a quien ya nos referimos.



viernes, 4 de marzo de 2016

José Antonio Pancorvo Beingolea, r.i.p. ☩

Días pasados falleció el escritor peruano don José Pancorvo, quien más de una vez nos iluminó con alguna indicación, corrección o reflexión, aunque siempre nos alentó a proseguir con nuestra tarea verdaderamente revisionista a pesar de los constantes sinsabores que acarrea la demolición de los mitos nacionalistas.

Transcribimos a continuación la nota necrológica publicada por la Agencia FARO y, más allá, la reseña de Manuel Anaut al último libro de Pancorvo, Demonios del Pacífico Sur, aparecida en la revista Fuego y Raya, nº 7 (2014), pp. 151-152.

Lima, 29 febrero 2016. Hace unas horas ha fallecido en la capital del Perú el distinguido escritor José Antonio Pancorvo Beingolea, víctima de un cáncer recientemente diagnosticado. Había nacido en la misma ciudad en 1952.

Hombre de múltiples saberes, se contaba entre los pocos que comprendían cabalmente los errores de los nacionalismos hispanoamericanos. Curó así a muchos de los jóvenes que se le acercaban del virus del sanmartinismo, tan extendido en el mundo conservador peruano por oposición al bolivarismo. En su último libro, la novela Demonios del Pacífico Sur (2013), se trasluce claramente su posición. Entre sus obras publicadas se hallan también Tratados omnipresentes (2000), El culto a la Santísima Virgen (2002), Pachak Paqari (2003), Estados Unidos celestes (2006), El profeta del cielo (2009) o Los éxtasis del incarrey (Antología poética, 1989-2009). Aparece asimismo en varias antologías de poesía peruana.

Conservó también la memoria de la Madre Ripa, cuyas historias pudo todavía escuchar en la Arequipa de inicios de los años setenta del siglo veinte, donde estudió algunos años en la Universidad. La Reverenda Madre María Manuela de la Ascensión Ripa, representa en el realismo peruano --ha escrito nuestro colaborador el profesor César Sánchez-- "a la mística profética, a la última de las virtuosas, al lucero brillante pero crepuscular de la edad de oro de la santidad arequipeña". Monja de clausura del Monasterio de Santa Catalina de Siena en Arequipa, "gozó de fama como visionaria y consejera prudente, siendo requerida por las autoridades cuando la situación se tornaba incierta. Se enteraba de los resultados de los combates de las Armas del Rey antes que llegasen los correos. Dejó un epistolario y algunos escritos espirituales, donde plasmó sus visiones extáticas así como algunos juicios históricos y políticos. A tal grado llegó su predicamento entre los 'Fidelistas de Arequipa' que cuando Bolívar ocupó la ciudad en 1825, sufrió arresto domiciliario, circunstancia que el historiador peruano don Pedro José Rada y Gamio calificó de 'ridículo y triste espectáculo'. De la venerable criolla quedó hasta hace algún tiempo una leyenda áurea en Arequipa, que nos hablaba de Santos Cristos que sudaban sangre cuando el 'Ejército Católico' era derrotado, y de presagios ominosos de un porvenir oscuro para el Perú".

Realista criollo, es normal que sintiera el Carlismo como propio. A principios de siglo trabó amistad con el profesor Miguel Ayuso en uno de los viajes de éste por el Perú. Con motivo de cumplirse los 175 años del Carlismo nos obsequió un poemario barroco y apasionado, Boinas Rojas a Jerusalén, dedicado a S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón y a la Comunión Tradicionalista. Meses antes había recibido al Abanderado en el Club Nacional de Lima, fundado en 1855, en perfecta continuidad con la recepción que ciento veintiún años antes se celebró en tal institución en honor de su tío abuelo el Rey Don Carlos VII en idéntica situación de pasar por Lima, la Ciudad de los Reyes. Era miembro del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II.

El velorio se realizará esta tarde en los velatorios de la Parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, calle Dellepiani cdra. 3, entre la cdras. 13 y 14 de la Avda. Pezet (San Isidro).

Requiescat in pace.

 ☩☩☩
PANCORVO, José Antonio, Demonios del pacífico Sur, Lima, Grupo Editorial Mesa Redonda, 2013.
José Antonio Pancorvo (1952) es un poeta limeño cuya última entrega vio la luz contemporáneamente con las actas del Congreso de los 175 años del Carlismo, en elegante edición del sello itinerarios, bajo el título Boinas Rojas a Jerusalén (2011). Con este Demonios del Pacífico Sur hace una primera incursión en otro género literario, aparentemente distante y para muchos incompatible, el de la novela. a nuestro juicio, en cambio, el autor ha salido airoso del trance.
El libro mezcla dos relatos que van entrecruzándose a lo largo del mismo. Uno, contemporáneo, de la posesión diabólica de una adolescente en la Lima actual, sobrina de un oficial paracaidista, que sólo un sacerdote chileno, fiel al ritual tradicional, es capaz de afrontar. Otro, histórico, de la correspondencia entre el Duque de San Carlos y el Conde del Portillo (primero) y su sobrina y sucesora (después), entre 1813 y 1827, esto es en la época de la secesión americana, junto con otras cartas, que se dicen cifradas, entre corresponsales que no son otros que los mismos «libertadores». Si en el primero la trama novelada aparece en primer plano, discurriendo entre Lima, Santiago, Arequipa y el Cuzco, en el segundo la narración nos presenta esos mismos lugares, entre otros muchos, en el seno de la revolución y guerra continental y, en concreto, entre la liberación de santiago por el Ejército Real del Perú y los tristes años que siguen a ayacucho con la desaparición del esplendor virreinal. Un oficial realista de apellido Núñez, antepasado del mayor paracaidista que protagoniza la aventura hodierna en busca del exorcista chileno, constituye otro nexo de unión entre los dos relatos.
El libro es interesante, pues, en su construcción. Su ejecución es, en cambio, a veces menos convincente. En la narración contemporánea vemos, en primer lugar, algún desmayo estilístico y alguna ingenuidad retórica que la afean. en la histórica, a continuación, las reiteraciones, no por advertidas expresamente como tropo, dejan de ser siempre convenientes. Al tiempo que el lenguaje hubiera debido ser más cuidado y antañón. El mensaje es oportuno tanto respecto de la crítica de la iglesia progresista de los últimos decenios, cuanto del rechazo de los fautores de la «independencia» y de los frutos de ésta. Ahí están esos demonios del Pacífico sur, que infestaron las tierras de santa rosa, y que hoy siguen actuando. Dos acotaciones marginales más. La primera, inusual, es la feroz crítica de San Martín que contiene. No sólo en Buenos Aires, tampoco en Lima, es fácil hallar juicios como los que aquí se contienen. Hecho que añade mérito y valor al libro. La segunda toca a la insistencia en un posible gran Perú independiente y monárquico, alejado pues del que de hecho nació. Ilusión que precisamente alimentó el justamente denostado San Martín.
Gracias a José antonio a Pancorvo por su contribución a un gé- nero que los defensores del orden tradicional por lo común no faenan en exceso.
Manuel ANAUT

viernes, 1 de enero de 2016

Regimiento de Infantería de Extremadura


LÁMINA Nº 8. SOLDADO DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE "EXTREMADURA". 1818.

A este bisoño, una bala le ha atravesado el morrión, tirándoselo al suelo.

Como se ve por la mejilla derecha chamuscada, aún no ha aprendido a disparar salvándose del fogonazo, y las partículas que se desprendían cuando el pedernal chocaba contra el rastrillo, haciendo chispas y prendiendo la pólvora de la cazoleta.

Tiene en su mano derecha la agujeta que servía para limpiar el oído del cañón de los residuos sólidos que dejaba la combustión de la pólvora, ya que podían dificultar el corrimiento del fuego al interior del ánima e impedir el disparo.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Regimiento de Infantería de Burgos


LÁMINA Nº 7.- FUSILERO Y TAMBOR DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE "BURGOS". 1818.

El Fusilero viste el uniforme blanco de campaña en verano. Lleva en la manga derecha el distintivo de sus años de servicio: dos galones significan que lleva más de 20 años en el Ejército.

En los ojales del delantero lleva la señal de cinta, que muestra haber recibido el "Premio Medio", recompensa de la conjunción de la veteranía y la consideración de ser "el más digno por su valor".

El Tambor viste un llamativo dolman al estilo de los que ya llevaba la Infantería Ligera antes de la Guerra de la Independencia conra los franceses. Lleva una tercera baqueta por si en los avatares del combate perdía una, lo que le impediría interpretar correctamente los toques, que era el modo de transmitir las ordenes.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cazadores del Regimiento de Infantería de Talavera


LÁMINA Nº 5.- OFICIAL Y CABO DE CAZADORES. REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE "TALAVERA". 1815-19.

La Infantería Ligera estaba uniformada con colores más discretos que la de Línea, según la mentalidad de aquellos años. Básicamente iban de verde o de azul oscuro.

La finalidad era ser menos visibles en el campo de batalla, pues su forma principal de combatir no era formando "la linea", circunstancia que hacía innecesaria le discreción, sino en orden abierto o "guerrilla".

En esta escena, el Oficial señala al Cabo (un galón amarillo en la bocamanga, a juego de la botonadura dorada) el objetivo para su carabina rayada de precisión.

Lleva en su antebrazo el distintivo de la corneta de los Cazadores, y, sobre ella, la variante del Escudo de Distinción que debió corresponder a esta Unidad por la victoria de Rancagua.

LÁMINA Nº 6.- CAZADOR DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE "TALAVERA". 1819.

Lleva el nuevo uniforme específico para campaña, de color gris, con la divisa correspondiente. Para simplificar, sólo conserva el distintivo de la corneta en el antebrazo.

El pantalón blanco de lienzo (origen de la expresión "ídem de lienzo") se empleaba en verano, y los botines para evitar que el betún de los zapatos los manchara.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

martes, 3 de marzo de 2015

Guerrillero realista chileno


LÁMINA 50 .- GUERRILLERO CHILENO.

Basado también en un grabado coloreado de principios del siglo XIX, representa a un guaso vestido con una chaqueta militar y con el escudo de las Guerrillas de Cochabamba en el sombrero.

En la batalla de Rancagua se ondearon en las lanzas gallardetes rojos y negros para expresar "victoria o muerte".

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

martes, 10 de febrero de 2015

Cacique araucano con uniforme de coronel realista


LÁMINA 54.- CACIQUE ARAUCANO. 1812.

Una antigua práctica del "Sistema Borbónico de Defensa" consistía en integrar a las comunidades indígenas retiradas de las zonas más habitadas, en las tareas de la defensa y control de las fronteras. Ello se lograba nombrando jefes militares a los que lo eran de las tribus y clanes, reforzando su autoridad por diversos métodos y así se podía contar con su movilización llegado el caso.

Para ello se les entregaban, además de otros presentes, uniformes militares con divisas de empleo, medallones con el retrato del Rey, golas e incluso banderas.

La contrapartida eran sus servicios militares cuando se necesitaba disponer de fuerzas mayores o ejercer un mejor control de una determinada región.

Así, cuando el Brigadier D. Antonio Pareja llevó a cabo la marcha al sur de Chile, recibió la expresión de la vieja lealtad al Rey de España de los indios araucanos.

Esta lámina representa a uno de los caciques, vistiendo la vieja casaca de Coronel que había recibido años atrás su padre.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

martes, 3 de febrero de 2015

Dragones de la Frontera


LÁMINA 53.- SARGENTO PRIMERO DEL REGIMIENTO DE DRAGONES DE LA FRONTERA. 1817.

Esta lámina se ha elaborado siguiendo el estilo, conocido en otras Unidades, de que los Sargentos vestían casacas de faldones largos como los Oficiales, y que, al decir de los relatos insurgentes, los realistas acudían a la batalla muy adornados, como para un acto de gala.

Destacan en la casaca los dragones (símbolo parlante y más expresivo que el emblema del cruce de una espada y una rama de laurel) bordados en el cuello y los extremos de los faldones.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

miércoles, 28 de enero de 2015

Voluntarios Distinguidos de la Concordia Española de Chile


LÁMINA 52.- CORONEL DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE VOLUNTARIOS DISTINGUIDOS DE LA CONCORDIA ESPAÑOLA DE CHILE, D. JERÓNIMO PISANA Y MUÑOZ DE GUZMÁN. 1816.

Esta lámina está tomada del retrato que le hizo el pintor José Gil de Castro. Es de destacar el emblema del cuello del uniforme, que resume perfectamente el idario realista: la unión y la concordia del Viejo y del Nuevo Mundo, que se estrechan las manos, bajo el amparo de la Corona.

Análogo a este emblema es el del otro Regimiento de la Concordia, el del Perú, cuyo símbolo también contiene dos manos que se estrechan.

Ambos parecen estar inspirados en el escudo que dibujó Rafael Mengs para el emblema que el Banco Nacional de San Carlos situaba en sus primeros billetes.

[Fuente: Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, Los Realistas.]

lunes, 16 de abril de 2012

Una hipótesis sobre el sol en el escudo y bandera argentinas




Vimos anteriormente un documento donde queda revelada, ya sin lugar a dudas, simbología masónica del escudo nacional argentino. Sin embargo, la mayor diferencia la encontrábamos en el sol naciente en el timbre del mismo.

En la versión oficial, cuya primera utilización aparece en 1813, es descripto del siguiente modo: “en oro, un sol naciente, con rayos flamígeros y rectos alternados”. Ese mismo año, tras la toma de Potosí, se encarga a la Casa de Moneda la acuñación de una moneda de oro y otra de plata, reemplazando los blasones de Carlos IV y Fernando VII por el sello de la Asamblea General Constituyente, y en el reverso el sol completo. El diseño final constaba de 32 rayos: 16 flamígeros apuntando en sentido horario y 16 rectos colocados alternativamente. Éste es el conocido como “Sol de Mayo”, y nos interesa porque, luego, en 1818, será colocado en el centro de la franja blanca de la bandera argentina —y de la mano de las tropas “patriotas” rioplatenses llegará ser insignia de la provisional del Perú (1822) y la de la República Oriental del Uruguay (1828, simplificado posteriormente)—.

La leyenda que se convirtió en historia oficial dice que la Asamblea del Año XIII encargó al diputado por San Luis, Agustín Donado, la confección de un sello para autenticar los escritos de dicha comisión en reemplazo de las armas reales españolas que se había usado hasta el momento. Existe un contrato entre Donado y el grabador cusqueño, pero radicado en Buenos Aires, Juan de Dios Rivera (padre de uno de los médicos de Rosas). De allí se ha deducido que el “Sol de Mayo” representa al Inti, el dios sol de los incas. Hasta aquí, la leyenda.

Ahora bien. Dicho “Sol de Mayo” no se corresponde con el sol de los incas (como podemos ver en esta fotografía, o en esta otra, o en ésta, o en esta otra versión, o —aún— en esta representación “colonial” del inca Manco Capac). Ni siquiera en las representaciones heráldicas de los Reinos del Perú de los tiempos hispánicos.

Pero de casualidad hemos dado con una posible respuesta: el sol naciente en el timbre del escudo de la colonia británica de Darién, en la actual Panamá (otra versión aquí en un medallón).

Una hipótesis que, de confirmarse, abre inquietantes posibilidades por las posibles conexiones con la masonería de rito escocés, las invasiones inglesas a Buenos Aires, la participación de futuros juntistas rioplatenses en el escape de los británicos capturados y el asesinato de Liniers por mercenarios británicos, el Plan Maitland y la ejecución del mismo a cargo de San Martín, la actividad de Lord Cochrane en el Pacífico sur, el ofrecimiento de la antigua Capitanía de Guatemala a Gran Bretaña hecha por Bolívar, el Congreso Anfictiónico de Panamá, las intervenciones estadounidenses en América Central y la construcción del Canal transoceánico.

Debemos remontarnos a 1688. A mediados de ese año, estalla en Inglaterra la llamada “Revolución Gloriosa”, cuando 14.000 mercenarios holandeses y alemanes, contratados por los protestantes británicos y pagados por los financistas judíos de Ámsterdam, invaden y deponen al rey Jacobo II Estuardo. Escocia e Irlanda resisten un tiempo más, y por eso serán duramente castigadas. Pero ya volveremos a estas tierras.

En Londres, los financistas judíos presentan al rey usurpador Guillermo un esquema para poder pagar las deudas contraídas: la creación del Banco de Inglaterra. A cambio de 1.500.000 libras esterlinas, este banco privado adquiría el derecho monopólico a emitir papel moneda y nacía así el sistema capitalista moderno. (Aquí puede leerse un interesante análisis histórico.)

Como dijimos antes, Escocia e Irlanda se mantenían en guerra de resistencia jacobita, mientras quedaba bloqueada frente al monopolio holandés e inglés de los mares del norte. Esto, sumado a la guerra civil y la hambruna provocada por años de malas cosechas, provocó una situación peculiar donde los capitalistas sin escrúpulos pudiesen enriquecerse fácilmente.

En Edimburgo, un moribundo parlamento escocés —con una mayoría de sus miembros excluidos por razones políticas— decidió seguir el ejemplo inglés y creó el Banco de Escocia y su contraparte comercial: la Compañía de Escocia. Dicha compañía tenía como fin buscar mercados y materias primas en las Indias Orientales y en África, siguiendo el ejemplo de las exitosas compañías inglesas.

Pero no avanzó mucho hasta que “compró” el plan de un antiguo financista que había hecho fortuna en Londres y había participado de la creación del Banco de Inglaterra, William Paterson. Éste, tras evaluar la pequeñez y precariedad de la flota mercante escocesa, decidió establecer una colonia en el istmo de Panamá, en la costa del Golfo de Darién, como puente entre Oriente y Occidente.

La riqueza no abundaba en la Escocia de fines del siglo XVII y la Compañía levantó suscripciones en todos los estratos sociales, calculándose que, en su mejor momento, llegó a acumular el equivalente de más del 50% de la riqueza económica del viejo país del norte.

La expedición partió a mediados de 1698 en cinco buques con unas 1200 personas a bordo. A fines de año fundaron Nueva Caledonia e intentaron la agricultura y el comercio sin éxito. Acosados por los españoles de Nueva Granada y Guatemala y los ingleses de América del Norte, que les negaban ayuda, y sin la asistencia de los indios locales, altísima mortandad y un clima sofocante, los poquísimos colonos escoceses presbiterianos sobrevivientes terminaron abandonando la empresa.

Hubo una segunda expedición, igualmente desastrosa, y a fines de 1699, se conoció el rotundo fracaso del proyecto. Paterson huyó a Londres y, eventualmente, sería uno de los principales cabildeantes para la supresión de la independencia de Escocia, la disolución de su parlamento y la “unión” que forjaría Gran Bretaña en 1707.

Muchos de los implicados en lo que se consideró el fraude más grande de la historia de Escocia y el desencadenante del fin de su vida independiente fueron juzgados y encarcelados, algunos, incluso, colgados. Unos cuantos escaparon a Londres, al continente o a América del Norte.

Curiosamente, o no tanto, muchos de los descendientes de estos escoceses embaucadores, en su mayoría masones y presbiterianos, verán sus vidas vinculadas nuevamente a la América española en la primera mitad del siglo XIX.

El más famoso de los descendientes del “Darien scheme” será Gregor MacGregor, el compañero de Miranda y luego general de Bolívar, autoproclamado cacique del “Principado de Poyais y Costa Mosquito” en América Central, que intentó colonizar con inmigrantes escoceses e ingleses que finalmente quedarían a su suerte en la Honduras Británica (hoy Belice). Pero también podemos encontrar a los comerciantes hermanos Robertson de notable actividad en el Río de la Plata revolucionario como ya hemos dicho. O, también, los hermanos Maitland, amigos de San Martín —y tal vez ideólogos del plan del cruce de los Andes para “liberar” a Chile y atacar al Perú por la espalda—. O, Lord MacDuff (amigo de San Martín, gran maestre masón y futuro Earl Fife) y Lord Cochrane (el fundador de la Armada Chilena).



Detalles del sol naciente en el timbre del escudo de la colonia de Darién


lunes, 31 de octubre de 2011

Diego Paroissien: ¿Patriota o agente británico?



Su nombre real era James Paroissien. Nació en 1783 en Barking, condado de Essex, Inglaterra. Descendía de una familia de refugiados franceses calvinistas, “hugonotes”.

Entrenado como médico, aunque no se graduó, se especializó en la cirugía y en el estudio de la química. Al recibir noticias de la invasión británica de Buenos Aires de 1806, decidió embarcarse con este destino para probar mejor suerte. Dado que aquélla había sido reconquistada por Liniers, desembarcó directamente en Montevideo, ocupada por Whitelocke, donde pasó el año ocupado en actividades comerciales y asistiendo a los invasores británicos.

En enero de 1808 partió con destino a Río de Janeiro, centro de la actividad británica en América del Sur en aquel tiempo. Allí, vinculado al porteño traidor Saturnino Rodríguez Peña (el que había liberado a Beresford de su prisión porteña), se vio involucrado en el proyecto del Foreign Office para independizar el Virreinato del Río de la Plata, coronando a la infanta Carlota Joaquina.

Regresa al Río de la Plata, llevando correspondencia cifrada para coordinar el proyecto “carlotista”, pero es detenido y acusado de alta traición en Montevideo. Su condición de ciudadano británico en plenas guerras napoleónicas, condición que no tardó en recordar a las autoridades, le salvó la vida. Durante los próximos 18 meses, estuvo prisionero en Montevideo y, luego, en Buenos Aires. Finalmente, Juan José Castelli —futuro “prócer” de la Revolución de Mayo— se encargó de su defensa.

Y fue, justamente, la Revolución de Mayo de 1810 la que le salvó. Puesto que, poco después del 25 de mayo, recuperó la libertad.

Paroissien acompañó a Castelli y a Nicolás Rodríguez Peña (hermano de Saturnino y también conspirador a favor de los invasores británicos en 1806 y 1807) en la expedición “libertadora” (punitiva, en realidad) al Alto Perú. Iba en su doble carácter de médico y agente británico. Estuvo presente en la batalla de Huaqui, donde se desempeñó, no sólo como cirujano y director de servicios hospitalarios, sino también como ayudante de uno de los comandantes de división.

Luego asistió a Pueyrredón en la “evacuación” de Potosí; evacuación que, en realidad, consistió en el saqueo del tesoro real. Pueyrredón “pagó” los servicios de Paroissien, recomendando al llamado Primer Triunvirato, el otorgamiento de la ciudadanía para el agente inglés, convirtiéndose así en el primer argentino naturalizado de la historia; acto luego confirmado entusiastamente por la masónica Asamblea del Año XIII.

Permaneció, cumpliendo su triple tarea de médico, comerciante y agente del Foreign Office, en el Ejército del Norte. Cuando se estableció en Córdoba la fábrica de pólvora, Paroissien, gracias a sus conocimientos de química y sus contactos, fue designado su director. Tres años estuvo al frente de las fabricaciones militares, entre 1812 y 1815, y se implicó en el plan de San Martín, especialmente durante la convalecencia de este último en la ciudad mediterránea durante el año ’14, convalecencia que, si creemos a José María Paz, fue “un mero pretexto”.

Una oportuna explosión en abril del ’15, cerró la fábrica y,  mientras el gobierno local estudiaba los hechos, Parissien se escapó a Buenos Aires. En septiembre del año siguiente, en Mendoza, se suma a San Martín. Allí, “el Libertador” lo designó cirujano jefe y responsable de los servicios médicos del Ejército de los Andes.

Estuvo presente en la batalla de Chacabuco, como edecán y consejero del Gral. Soler. Durante su estadía en Chile, tuvo un ruidoso conflicto con Michel Brayer, ex general napoleónico al servicio de la causa “patriota”.

Atendió personalmente a O’Higgins de sus heridas, tras la derrota de Cancha Rayada. Y fue quien envió a éste la noticia de la victoria de San Martín en Maipú.

Por sus “servicios”, San Martín le otorgó un extensísimo terreno en Mendoza, además de una medalla de oro y la promoción al grado de coronel. Junto a éste, se embarcó rumbo al Perú en agosto del ’20.

Fue uno de los que participó en la entrevista de San Martín con el general realista José de la Serna, donde se discutió la posibilidad de establecer una monarquía peruana independiente y liberal.

A fines del ’21 fue enviado, junto a Juan García del Río, en una misión secreta a Europa con el fin de lograr el reconocimiento de las independencias de América del Sur por parte de Gran Bretaña y sus aliados, y, sobre todo, encontrar un príncipe que quisiese “la corona” ideada por San Martín.

La renuncia (forzada) del “Libertador” argentino los encontró recién dando inicio a su misión. Y, a pesar de carecer de autorización del nuevo gobierno, siguieron por un tiempo en actividad diplomática. En casa de su sobrino en Londres alojó a San Martín recién exiliado.

Regresó al Perú y, a las órdenes de Bolívar, acompañó al Gral. Sucre en su invasión del Alto Perú. Pero ni corto ni perezoso, Paroissien se involucró en diversos proyectos de minería propiciados por empresas británicas. La británica Asociación de Minería de Potosí, La Paz y Perú lo designó director de sus minas potosinas en abril de 1825.

Cuando regresó a América del Sur, la novel República de Bolivia le confirma el cargo. Pero diversas vicisitudes, llevan la compañía a la quiebra en el ’26. Y, al año siguiente, con su salud quebrantada, viajando en mar, cerca de Valparaíso con destino a Inglaterra, lo encuentra la muerte.

El boletín de la Essex Record Office de junio de 2010 notificó la catalogación de documentos pertenecientes a James Paroissien que habían estado en poder de su familia. El título del registro dice: “Surgeon, soldier, statesman, spy: The life of James Paroissien (1784-1827)” [Cirujano, soldado, estadista, espía (sic): La vida de James Paroissien (1784-1827)].