"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."

lunes, 30 de mayo de 2016

Un dominico chileno y realista: J. M. de la Torre (1777-1840)

Hace contraste, sin embargo, con la literatura revolucionaria, la prosa que empleó un periódico aparecido para defender los intereses del Rey de España durante los días amargos de la reconquista española [de Chile, después de Rancagua].

Nos referimos a la Gaceta del Rey, que dirigió el Padre dominico Fray José María de La Torre, nacido en Santiago el año 1777 y fallecido en la misma ciudad en 1840. Cuando Osorio, que fué un hombre culto y con ínfulas de letrado, abolió, durante la reconquista, diversas instituciones creadas por los patriotas, comprendió con un gesto lleno de claridad de visión que, para los propósitos sustentados por España, era necesario conservar la imprenta y aprovechar bien sus servicios en pro de la causa del Rey.

Los patriotas, antes de abandonar a Santiago, después del desastre de Rancagua, destruyeron la imprenta existente en la capital.

Con los restos tipográficos salvados de esta ruina, Osorio hizo publicar la Gaceta del Rey, que encomendó a la dirección sagaz e inteligente del Padre La Torre. Con licencia del Obispo Rodríguez Zorrilla, este religioso se hizo cargo de la publicación del citado periódico. 

Cuando salió la Gaceta del Rey, su director hacía las siguientes observaciones sobre los deberes del periodista:
«Su espíritu aún debe ser más agitado; pues él ha de discurrir acerca de toda clase de materias; ha de desengañar sin exasperar; ha de lidiar con todo un público, a quien es casi imposible contentar; ha de combatir con energía las opiniones sediciosas; ha de procurar unir y pacificar los ánimos disidentes; ha de pelear con la pluma por su rey, y con ella conquistarle multitud de corazones; ha de conciliar la verdad con los intereses de la política; ha de tener mucha lectura e instrucción en varias lenguas, tanto para traducir gacetas, como para otros empeños; ha de ser honrado, sigiloso, y de prudente cautela; ha de tener imaginación viva, estilo culto, pluma expedita, y en suma, debe ser tal que merezca la confianza del gobierno.»
El primer número de la citada publicación, cuyo redactor revela, a juzgar por las ideas citadas, una mentalidad amplia para su época y un espíritu cultivado, salió a luz el Jueves 17 de Noviembre de 1814, es decir, pocos días después de la entrada de los realistas a la capital con motivo de su triunfo en la batalla de Rancagua.

Comprendiendo el Padre La Torre que, para las ideas realistas, la mujer era an elemento útil y poderoso, les dirigió las siguientes frases, amables y cordiales y destinadas a penetrar en su psicología: 
«Chilenas, añadid la docilidad y la dulzura a los demás atractivos que os hacen tan apreciables. No se diga que la seducción os halló fáciles y el desengaño tenaces. No tenga más poder y más influencia en vuestro tierno corazón, la inconsideración, la rapacidad, la desenvoltura, que el honor, el juicio y la prudencia. Devoto llama la Iglesia a vuestro sexo; no lo desmintáis dando a entender que aprobáis las rapiñas, los sacrilegios, la descarada irreligión, si defendéis apasionadamente a sus autores. No ensuciéis vuestros bellos corales, invectivando con fiereza contra los amadores de la paz y de vuestros verdaderos intereses. Cesen del todo y para siempre las tertulias mordaces, las sediciosas canciones que pueden seros muy nocivas.»
Así el Padre de La Torre ganaba voluntades para la causa realista. Su acción habilidosa y tesonera, su conocimiento del carácter chileno, y su maravilloso espíritu de adaptación, hicieron de este escritor uno de los elementos de más valer de aquel tiempo. 

El postrer número de la Gaceta del Rey salió a luz el 21 de Enero de 1817. El triunfo definitivo de los patriotas, después de la jornada de Chacabuco y de Maipo, acabó con esta publicación que defendía la reacción colonial y en cuyas columnas se ostentó una prosa muy superior a la que exhibieron los escritores patriotas.  

Justo es reconocer ahora, cuando la distancia que nos aparta de esa época hace ver con imparcialidad a los hombres y las cosas de entonces, que el Padre de La Torre superó en ingenio literario, estilo y conocimientos a la mayor parte de sus contemporáneos, aún a Camilo Henríquez, padre del periodismo nacional. 

Ricardo A. Latcham, "La Literatura y la vida intelectual chilena después de la Independencia", en Escalpelo (1925).



4 comentarios:

  1. Osorio podrá haber sido un hombre culto y ´hasta con ínfulas de letrado, pero fue un mal soldado y eso era lo que importaba en ese momento.

    El brigadier Rodil pergeñó y ejecutó el plan de destruir al ejército secesionista en Cancha Rayada. Osorio estuvo ausente en la acción.

    Rodil consiguió desbaratar a la verdadera Brigada Internacional de mercenarios británicos y franceses que integraban las filas secesionistas en ese combate pero cuando quiso explotar su éxito, compartido con el brillante teniente coronel Primo de Rivera, persiguiendo al enemigo antes que se reorganice y aniquilarlo, Osorio se opuso e incluso les dio tiempo para estar en aptitud de combate, replegándose a Santiago.

    Así vino luego Maipú, donde una vez mas Osorio volvió a demostrar su ineptitud.

    Por su inteligencia y bravura Rodil y Primo de Rivera eran un peligro para la Logia Masónica que dirigía a los independentistas. Por eso los tomaron prisioneros y los asesinaron, junto a una veintena de jefes y oficiales leales al Imperio, en San Luis pretextando una fuga.

    Cabe señalar que el teniente coronel Primo de Rivera no le dio tiempo al que sería su asesino, el brutal coronel Dupuy, y viendo como este canallesco homicida degollaba personalmente a los que lo precedían, le arrebató el arcabuz a un guardia y se descerrajó un tiro.

    Pero este múltiple asesinato perpetrado por la Logia Lautaro, uno de los tantos, es otra historia.

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  2. FE DE ERRATAS:
    Por un imperdonable lapsus consigné en lugar de brigadier Ordóñez el nombre de brigadier Rodil, heroico defensor de El Callao.

    Debe entenderse siempre que debe decir brigadier Ordóñez.

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  3. El 16 de mayo de 1819, el fraile dominico chileno, José María Torres, en carta al Gobernador Intendente de la Provincia, Toribio de Luzuriaga, expresa:
    Ha llegado a mi noticia, que Ud. determina poner en ejercicio la pequeña imprenta que se halla en esta Capital, estableciendo la publicación de un periódico semanal. Yo me hallo sin un destino, y deseoso de ocuparme en servicios del Estado, y ayudar (en cuanto sea dable a mi inutilidad) al sostén de nuestra causa, y a la ilustración de los Pueblos.
    En esta inteligencia; si V.S. aún no ha previsto sujeto para el laborioso cargo de editor, me ofrezco gustoso a desempeñarlo (interin merezco ser restituido a mi amable Patria, a mi Religión y a mis hermanos) sin pedir, ni querer sueldo alguno, ni otro premio, que el honor de servir al Público, y la satisfacción de merecer una ocupación, que me proporcione dar pruebas inequívocas de mis verdaderos sentimientos, y de mi amor y gratitud a este vecindario, y sus generosos Jefes .

    Debemos a Edberto Acevedo una interesante semblanza del fraile Torres (ACEVEDO, Edberto Oscar. “Dos personajes revolucionario”, en: ACEVEDO, Edberto Oscar, La revolución en Mendoza; investigaciones sobre el período 1810-1820, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 1974, Serie II (monografías), n. 4, p. 41-49)
    Nos relata Acevedo que inicialmente había sido un decidido defensor de la causa independentista y se había destacado por sus servicios. Pero luego, “hacia 1812, debió ocurrirle algún serio conflicto que lo obligó a estar prisionero en el convento de su Orden en Santiago” . En 1814, luego de la caída de la Patria Vieja, el general don Mariano Osorio le confió la dirección de la Gaceta del Gobierno de Chile, es decir, que “el fraile se pasó a la causa adversaria, decidido a sostenerla con el mismo tesón con que antes la había combatido” . El padre Torres escribía entonces acerca de “la cizaña mortífera de la rebelión”. Decía que él tenía por misión “deshacer esa obra impía” y para el cumplimiento de tal fin convidó a todos los “hombres ilustrados y juiciosos”. Claro que su misión no pudo prolongarse y esta obra terminó con la caída del Gobierno de la Reconquista. Y entonces, el padre Torres se refugió en Mendoza, en el convento de su Orden, donde quedó como prisionero incomunicado. En 1818, escribe con intención explicativa unos Diálogos que, en cierto modo, procuraban justificar su conducta pública pasada.
    Pero en estos textos resultaba defendiendo —y con razones políticas de peso— la causa de la independencia americana, cosa que, obviamente, no dejaba de llamar la atención de todos por la flagrante contradicción que contenía respecto de las conocidas ideas del autor. En esos mismos días es que, estando preso en su convento, envió al gobernador intendente la solicitud en procura de la dirección de la imprenta de Mendoza, que anteriormente mencionábamos. No pedía sueldo “ni otro premio que el honor de servir al público y la satisfacción de merecer una ocupación” que le proporcionara “dar pruebas inequívocas” de sus “verdaderos sentimientos” y de su “amor y gratitud a este vecindario y sus generosos jefes” .
    Como se ve, el padre Torres estaba muy preocupado por conseguir hacer olvidar la imagen de su actuación anterior y por ello decía: “no aspiro a otro premio que a borrar la nota de mal Americano y pérfido Chileno con que se me califica por involuntarios borrones con que ensucié el papel bajo el Gobierno de los déspotas” y para eso quería ahora publicar sus ideas en pro de la causa americana: “Confieso que cuando sucumbió mi Patria por temor y por juzgar prudencia ceder a la fuerza irresistible de las armas, tuve la debilidad de hacer a los tiranos el infame servicio que exigieron. Procedí contra mi inclinación y les obedeció mi mano, pero jamás mi corazón” .
    Esto nos da una idea acerca del fraile Torres, de sus convicciones y de la fuerza con que las sostenía.

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    1. Gracias por el aporte, estimada señora. Lo que alguien pueda afirmar tras años de reclusión, nos tiene sin mucho cuidado.

      En cuanto a su último párrafo, lo mismo puede decirse de todos "los patriotas", incluyendo a San Martín y Belgrano, los cuales habían jurado al Rey.

      Finalmente, conviene leer las entradas completas. Hubiese Ud. advertido que se trata de la cita de un libro sin ningún agregado nuestro.

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