"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."
Mostrando las entradas con la etiqueta Alzaga. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alzaga. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de enero de 2017

La mirada de un oficial británico



H.M.S. “Nereus”*, frente a Buenos Aires, 27 de enero de 1813.


Al Honorable Lord Vizconde Melville**.


Mi Lord,


Desde que tuve el honor de dirigirme a Su Señoría, vía el buque “Braganza”, hace casi una quincena, los asuntos han venido ocurriendo aquí tolerablemente tranquilos, aunque, en las últimas seis semanas, más de mil españoles han sido desterrados al interior con varios pretextos que parecieron suficientes.


La última inteligencia que hemos recibido desde el norte de Europa hasta el 13 de noviembre y desde otros lugares les ha hecho suspender por el momento la declaración de su independencia y en el presente se encuentran muy tranquilos sobre aquel asunto.


Un evento de alguna importancia ocurrió el 23 y espero que no sólo sirva a la gente de este país sino que también retire algunos obstáculos al comercio británico y produzca un giro más favorable en el gobierno. Dudo si ya he mencionado a Su Señoría en cartas anteriores detalles concernientes a la influencia que un hombre llamado Francisco Paso ha obtenido mediante conspiraciones e intrigas sobre el gobierno de aquí, del cual su hermano Don Juan José Paso es el presidente. Estos dos hombres son los hijos de un panadero y Don José es un abogado aplicado, intrigante y muy ambicioso. Fue secretario de la Primera Junta y logró conservar terreno cuando Moreno (quien murió en viaje a Inglaterra) cayó y cuando los diputados forzaron el gobierno en diciembre de 1810. Él estaba conectado al partido de Moreno que falló en oponerse al Presidente en 1811, en el mes de abril, y aunque todos fueron desterrados, él logró escapar de este destino pretendiendo estar enfermo, y con otras maniobras. Después, complotado con el partido triunfante, fue uno de los dirigentes de la Diputación que llevé a Montevideo a tratar con el General Elío, logrando la paz que pronto se hizo realidad. Fue justo después de nuestro retorno, en septiembre de 1811, que Juan Paso se unió a Sarratea (ahora capitán general y comandante en jefe de las fuerzas del gobierno en la banda opuesta) y Chiclana, para establecer el Triunvirato, del cual fue el miembro más inferior. Condujeron la Junta y enviaron a los diputados de las otras ciudades de regreso a su vida privada. Se había estipulado que cada uno de los miembros de este Triunvirato iba a retirarse cada seis meses, y Paso de acuerdo con esto se retiró último, cuando Pueyrredón fue electo en su lugar. Aunque se había decretado que un miembro retirado no podía ser electo nuevamente por un lapso de diez meses, en octubre pasado, justo después de que yo llegué, cuando las elecciones equitativas y justas fueron dejadas de lado por las intrigas de los Paso, Don Juan José fue electo Presidente del gobierno, con [Rodríguez] Peña y [Álvarez] Jonte como sus colegas. Desde entonces él se ha visto sostenido poderosamente por su hermano Francisco, cuya situación ponía a numerosos oficiales pagos bajo su control y sueldo; y por sus intrigas e influencia fuera del fuerte, incluso el gobierno dentro de él es su servidor. Su cargo de Comandante del Resguardo puso sumas muy considerables a su disposición, a través de expropiaciones y otros medios, y los informes son cosa corriente aquí (publicados en las gacetas de Montevideo), que adelantó 23.000 dólares [sic] a los oficiales de algunos cuerpos y así aseguró la elección de su hermano para la Presidencia. El pueblo de esta ciudad ya cansado del régimen tiránico de la facción de los Paso, emprendieron por algún tiempo la aceleración de la asamblea de los Diputados, con la esperanza de efectuar cambios en el gobierno así como en el sistema actualmente en vigencia, y Francisco Paso, al mismo tiempo ha intentado cualquier medio posible para contrarrestar sus esfuerzos; pero afortunadamente ha sido demasiado intrigante aún para sus mismos asociados, como suelen ser generalmente los hombres de mente siniestra, y ha caído él mismo en la misma trampa que tendió para otros. Fue descubierto*** el pasado 22 que otra vez había estado conspirando con los comandantes de los cuerpos, a través de la intervención de algunas herramientas corruptas de su facción, con el fin de ganarlos para su bando; y del mismo modo en que logró procurar la elección de su hermano mediantes lo militares, esperaba de nuevo desconcertar a todos en la próxima elección, y, por los mismos medios, mantener a su hermano en el sillón. Pero fue traicionado, acusado y detectado; y a plena luz del día, el 23, fue, por orden del gobierno, aprendido en su propia casa, y desterrado inmediatamente, lo mismo que sus cómplices, bajo una escolta de dragones hasta San Juan, donde aún permanece.


No pronto se deshicieron de este hombre, tuvo lugar una elección justa y cuatro diputados fueron elegidos ese día en Buenos Aires. Me dicen que se han presentado muchos cargos de enormidades contra Francisco Paso, algunas de la cuales, se supone, si se prueban, pondrán en gran riesgo su vida, en tanto que él ha hecho mucho más de los crímenes por los que los viejos españoles pagaron con su vida. Su hermano, el Presidente, quien se encontraba fuera de la ciudad y no supo de su arresto y defenestración hasta su regreso, continúa aún en su cargo, pero, cuando la asamblea, como se informa, se reúna el 31, es muy probable que lo depongan. Es muy difícil decir qué clase de hombres pueden quedar a cargo a continuación. Un hombre del que se habla que tiene probabilidades de tener éxito es Don Juan Larrea. Él es un catalán, de la ambición más activa y turbulenta. Su propiedad es muy cuestionada, puesto que aunque tuvo oportunidades de amasar una gran fortuna, ha contribuido grandemente, en ocasiones, a la lucha de partidos. Él fue uno de los conspiradores contra Liniers, con Álzaga (quien fue fusilado el último julio en la Plaza) y estuvo luego preso durante un tiempo. Aunque nacido en España, es un decidido defensor de la libertad americana y la independencia. Fue desterrado a San Juan en abril de 1811 (siendo uno de los conspiradores de Moreno contra Saavedra) y llamado de regreso en septiembre. Sin embargo, sólo arribó a la ciudad hace unas pocas semanas y está ahora haciendo publicidad para lograr un escaño en el gobierno en la próxima elección. Uno de sus hermanos ingresó al nuevo cuerpo de caballería comandado por San Martín. Este cuerpo tendrá más peso en las elecciones que toda la ciudad de Buenos Aires unida (sic), si la unión fuese algo que aquí puede pasar. Larrea, aunque estuvo antes en el gobierno, era, creo entender, un amigo decidido de lo inglés y de nuestro comercio. Es bien entendido en asuntos mercantiles, es un hombre de experiencia y conocimiento, habiendo pasado bastante tiempo en Inglaterra y varios lugares de Europa.


7 de Febrero.— Nos ha llegado hace un instante inteligencia de la desafortunada captura del “Java” por la fragata estadounidense “Constitution” el pasado trece de diciembre****, navío mediante el cual envíe esta carta. Otros reportes nos informan que algunos corsarios operan en las costas de Brasil, así como la fragata “Essex” y las balandras de guerra “Hornet” y “Wasp” con bandera americana.  Tengo entonces una nueva oportunidad de dirigirme a su Señoría para comentarle que la Asamblea de Diputados de las ciudades y provincias (todos electos en la ciudad de Buenos Aires) se reunieron el 31 último; ratificación oficinal e inesperada que me hizo personalmente el señor secretario Guido, y que he transmitido en el “Emerald”. Como soy perfectamente consciente del motivo de Su Excelencia para dirigirme tal comunicación, me limité a acusar recibo de la misma. Este Don Carlos Alvear, que ha sido nombrado Presidente de esta Asamblea soberana, es uno de los aventureros que llegó en el buque “George Canning” desde Inglaterra, de los cuales hice mención en una carta anterior a Su Señoría.


Esta augusta asamblea está compuesta de personajes de similar estampa: hombres sin respetabilidad ni conexión, sino turbulentos, ambiciosos, demagogos democráticos, quienes en tiempos revolucionarios como éstos, tienen todo por ganar y poco para perder más que sus cabezas. En esta Asamblea reside el Poder Legislativo, y en verdad toda la autoridad y poder. Sus decretos, firmados por su Presidente y uno de sus Secretarios, deben ser ley. El poder ejecutivo recae en el Triunvirato, como antes, pero está sometido por entero a la Asamblea soberana; aunque aún esté compuesto de los mismos hombres: Paso, Peña y Jonte. Bajo el actual estado de cosas, importa poco quiénes son las trompetas parlanchinas de la Asamblea y, por lo tanto, como el poder e influencia del Triunvirato está ahora reducido a poco o nada, dejarán de ser el objeto de la envidia y la ambición, y es probable que permanezcan en su sitio por más tiempo. Los jefes del Ejército, bajo el gobierno ante Montevideo, están variando. Artigas no se dignará a servir bajo Sarratea: se ha rebelado completamente a su mando y no sólo le ha cortado todos los suministros al ejército de Sarratea, sino que está suministrando ganado a Montevideo. Consecuencia de estos disensos, se rumorea aquí que el sitio será levantado y que las tropas recruzarán el río, y luego serán enviadas a reforzar a Belgrano en Perú, quien, se dice, está en marcha desde Tucumán hacia Salta. Desde la última salida desde Montevideo, en la cual envié un reporte a Su Excelencia en el “Braganza”, el General Vigodet ha enviado una pequeña expedición río arriba, que ha fracasado en su objetivo, cualquier éste haya sido. Hicimos una salva de honor en Buenos Aires ayer, en celebración por la victoria que ellos dicen [sic] que han ganado. Al escuchar, unos días atrás, que los montevideanos habían desembarcado río arriba, el coronel San Martín fue enviado con ciento cincuenta de su regimiento para oponérseles; cien infantes fueron con él, pero no pudieron seguirles el paso por falta de postas de caballos en el camino. En el campillo de San Lorenzo, unas sesenta leguas de Buenos Aires, San Martín cayó sobre sus enemigos, unos doscientos veinte, a quienes atacó con fuerza inferior y derrotó,  matando e hiriendo a cuarenta, y tomando diez prisioneros, dos piezas de artillería y un estandarte. El resto precipitadamente se retiró a sus navíos, cuyas armas impidieron que su retirada se viera cortada. Del lado de Buenos Aires hubo ocho muertos y heridos, entre los últimos el coronel San Martín. Al menos así cuentan la historia aquí. La de los montevideanos podría ser muy distinta.


La Soberanía [sic] está siendo excesivamente empleada en las tareas ardorosas empeñadas por esa alta autoridad [sic] para la que fue elevada. Ayer fue promulgada una orden por el Ejecutivo por la que todos los europeos que tengan empleos del gobierno y que no soliciten la ciudadanía en quince días, sean expulsados del servicio. Muchas personas respetables, que han pasado sus vidas en cargos públicos y que están muy familiarizadas con sus rutinas, sin duda serán sacadas para hacer lugar a algunos salvajes e ignorantes criollos. No poca confusión, en varios departamentos del gobierno, será con toda probabilidad la consecuencia. El último lunes, el Obispo de Salta fue ordenado a comparecer ante la Soberanía sólo para realizar los juramentos. Apareció en sus ornamentos mostrando así su situación de prisionero, separado de su diócesis. Se le ordenó regresar, y deseó venirse portando los ornamentos que se puso ante Fernando VII, y dejar sentado que la Asamblea es ahora el Soberano, y que probablemente representaba un soberano mayor a cualquier otro monarca europeo. El Obispo se retiró y fue ayer vestido según las órdenes, siendo admitido a tomar el juramento, y se le ordenó retirarse nuevamente, sin demostrársele la menor civilidad.


Estoy feliz de comunicarle que la más cordial harmonía existe en este momento entre los oficiales que comandan la Infantería de Marina y mis oficiales y yo, siendo que sus navíos con frecuencia anclan cerca de los nuestros y se intercambian amigables saludos. Ocasionalmente me carteo con Su Excelencia el general Vigodet, en un estilo tal que me permite compartir sus cartas con el gobierno aquí cuando las recibo, así como las mías, a una persona de su confianza, con la cual yo estoy  en términos íntimos, destruyendo por completo la operación de ese sospechoso celo que es una característica tan prominente del carácter español. Toda política local es evitada y nada se toca jamás, excepto en lo concerniente a nuestra causa común en la Península o en otras partes de Europa; y ambas partes están al tanto de que estoy en contra de mantener correspondencia con una sin que la otra esté enterada por lo que, por supuesto, se cuidan en el lenguaje para evitar verse en un dilema.


El Cónsul General de los Estados Unidos en este lugar, de cuyo nombramiento le escribí a Su Señoría, por el “Braganza”, aún no llegó, ni puede esperarlo ahora, me imagino, bajo el estado actual de las cosas. Todo esto considerado, se hace cada días más deseable que alguna clase de agente desde Inglaterra sea enviado con algún carácter oficial y comercial (si la naturaleza de las cosas no admiten que sea investido públicamente con cualquier cargo diplomático) para observar y dar información acerca de lo que está ocurriendo aquí y contrarrestar los esfuerzos irredentos de nuestros enemigos inveterados, los ciudadanos de los Estados Unidos, que están haciendo contra nosotros; y sería muy deseable que uno o dos buques pequeños de guerra sean estacionados en este río, donde es casi imposible para un buque de la clase y calado del “Nereus”, con demasiada frecuencia, actuar, o incluso defenderse contra cualquier fuerza inferior que desplace tres o cuatro pies menos de agua, cuando queda, por la bajante repentina del agua del río, fija inmovilizada en el fango. Los buques grandes, que desplazan más de quince pies de agua, pueden, al desplegarse frente a Buenos Aires, impresionar a sus gobernantes y habitantes (ignorantes como son de las cuestiones náuticas), pero son absolutamente inadecuados para la protección del comercio en este río y, en muchos puntos, menos efectivos para la defensa de navíos mercantes contra los ataques de naves mucho más livianas que los navíos más pequeños. Ningún buque que desplace más de quince pies debería ser enviado a este río; el “Nereus” tiene 18 pies 5 pulgadas de calado y por distancias de más de treinta millas me he visto obligado a empujarlo hasta los 18 pies y a veces menos hasta aguas más profundas; y donde ahora estamos anclados, a ocho millas de Buenos Aires, con frecuencia tenemos menos de catorce pies de agua a nuestro alrededor, y el buque queda tan firme como una iglesia, e igual indefendible en los ángulos que sus armas no alcanzan, y cuyos botes no sean equivalentes. Estos males, mi Lord, se suman a la consideración de que en este país no existe un hombre que pueda pilotear este buque sin mí, hacen que la responsabilidad que siendo no sea de poco peso. Sin embargo, hago lo mejor que puedo y espero lo mejor.


Tengo el honor de ser, &c.,


P. H. (Peter Heywood*****)

Retrato de Peter Heywood por John Simpson (National Maritime Museum).



[A Memoir of the Late Captain Peter Heywood, R.N., with extracts from his Diaries and Correspondence, by Edward Tagart (London: Published by Effingham Wilson, Royal Exchange, 1832).]


*El H.M.S. “Nereus” era una fragata clase “Amphion” de 5ª categoría, lanzada el 4 de marzo de 1809 por la compañía South Shields de Durham y completando su alistamiento el 17 de julio del mismo año en el dique de Chatham. El 30 de agosto de 1810 fue enviada a América del Sur. El 15 de junio de 1812 puso proa nuevamente hacia el río de la Plata. En 1813 su comandante, el capitán Peter Heywood fue reemplazado por el también capitán Manley Hall Dixon. El 14 de noviembre de 1814 regresó a Portsmouth desde Buenos Aires. En enero de 1815 es retirado del servicio en Woolwich y, tiempo después, transformado en transporte de tropas. En febrero de 1817 será desarmado en Deptford. 
**Robert Dundas, 2º Vizconde Melville (1771-1851), en aquella época era Primer Lord del Almirantazgo. 
***La conspiración había sido denunciada por José de San Martín, Francisco Ortiz de Ocampo y Manuel Pinto, partícipes de la misma en un primer momento, por oficio reservado al Triunvirato el día 21. 
****En realidad la captura de la fragata ligera H.M.S. “Java” por la fragata pesada U.S.S. “Constitution” tuvo lugar el 29/XII/1813. 

*****Peter Heywood (1772-1831) fue un célebre oficial naval británico. Hijo de una notable familia de la isla de Man, a los 17 años fue uno de los amotinados del H.M.S. “Bounty” en 1789. Perdonado por el Rey en 1792, continuó su carrera naval por otros 20 años. Se distinguió en las guerras napoleónicas, logrando quitarse el estigma de “amotinado convicto”. Estuvo en el río de la Plata durante las Invasiones Inglesas y quedó en el estuario hasta 1808 a bordo del H.M.S. “Polyphemus” del contralmirante Murray en tareas de reconocimiento y protección de la marina mercante británica en el Atlántico Sur. En mayo de 1809 el capitán Heywood recibió el mando del H.M.S. “Nereus” y tras un corto servicio en el Mediterráneo recibió la orden de proteger las embarcaciones mercantes de su país en el río de la Plata. A mediados de 1813, regresó a Inglaterra como comandante del H.M.S. “Montagu”, con el que tuvo el honor de escoltar a Luis XVIII cuando su regreso a Francia en mayo de 1814. En julio de 1816, Heywood se retiró, se casó con una viuda llamada Frances Joliffe y se asentó en Highgate (Londres).

lunes, 18 de abril de 2016

Los Próceres de Mayo y el espionaje británico

El 12 de diciembre de 1804, España declara la guerra a Gran Bretaña. Era la respuesta ante un acto de piratería del almirante Cochrane que, con la excusa de evitar que los tesoros de América fuesen a parar a las arcas de Napoleón, había capturado cuatro fragatas venidas de Montevideo.

En una de éstas, el buque "Clara", viajaba la familia de Diego de Alvear, quienes fueron llevados a Gran Bretaña. El hijo de don Diego, Carlos María, recibiría una educación bastante decente en institutos ingleses, con los años pasaría a América con los miembros de la Logia Lautaro y lo demás es historia conocida.

¿Cómo supo Cochrane del cargamento? Un irlandés de apellido Burke.

Hacía dos años que James Florence Burke se había asentado en Buenos Aires. Vino acompañado y recomendado por el comerciante Tomás O'Gorman. O'Gorman era hijo de un médico que había llegado al Río de la Plata en la expedición de Pedro de Cevallos.

O'Gorman que, aunque criado en el Plata, sirvió en el Ejército Británico y se retiró con el grado de Capitán, casó con la francesa Anne Perichon, oriunda de la isla de Mauricio en el Índico (Île de France, en aquel tiempo, que pocos años después pasaría a dominio británico), venida al país con sus hermanos Jean-Baptiste, Étienne y Louis. O'Gorman y Perichon serán los abuelos de la "famosa" Camila. Ana Perichon, "la Perichona", será acusada de amante y luego concubina de Liniers por los enemigos de éste. Entre ellos, Álzaga la acusará de espiar a Liniers para los británicos y, finalmente, el Virrey la enviará al exilio, donde, en Río de Janeiro, será amante de Lord Strangford.

En Buenos Aires, Burke será vinculado por Juan Bautista Perichon, a quien había conocido en Madrid, al grupo librecambista e independentista del que formaban parte Castelli, Rodríguez Peña, Vieytes, Irigoyen, Warnes, Maestre y Belgrano.

Sabemos de los registros del Foreign Office que Burke tuvo una entrevista con Sir David Baird y Sir Home Popham a bordo de un buque anclado en la bahía de Todos los Santos frente a la costa de Brasil el 10 de noviembre de 1805.

Éste es el mismo Burke al que se refiere el almirante Sidney Smith, desde Río de Janeiro, en un informe a Lord Castlereagh del 24 de febrero 1809, confirmando que seguirá en Buenos Aires como propaganista de la causa independentista.

Ya hacía un año que, debido a la urgencia de la campaña en la Península Ibérica que había desviado a la tercera invasión inglesa de Buenos Aires del futuro Wellington, Gran Bretaña había descartado el sometimiento militar de América y, en cambio, era ahora su objetivo estratégico alentar la independencia (y el libre cambio) en las posesiones indianas de España (teórico aliado momentáneo, pero no muy confiable).
 
Sabemos que en Buenos Aires operaban como partidarios "ruidosos" del librecambismo los primos Castelli y Belgrano, los hermanos Rodríguez Peña, Donado, Passo, Vieytes, el cura Alberti, Terrada, Darregueira, Chiclana y Guido.

Gran Bretaña necesitaba urgentemente mercados en los que colocar los excedentes de su producción y ofrecía ingentes beneficios económicos para los comerciantes locales que ayudaran. Obviamente, beneficios que se extendían a gestores, transportistas, abogados, etc., necesarios para esta operación a gran escala.

En aquella época en Gran Bretaña, los límites entre la marina mercante y la de guerra eran bastante grises, las acciones de piratería, con o sin autorización superior, eran moneda corriente, y el gobierno británico, gracias a su política de hechos consumados, la apoyaría en caso de ser beneficiosa o la rechazaría (castigando con las máximas penas a los implicados) en caso de resultar un fracaso. Así fue con la aventura del almirante Popham.

Éste al menos desde la década de 1790 estaba vinculado a los círculos que frecuentaba el caraqueño Miranda, clubes semisecretos donde aparecen también otros personajes que tendrán significancia histórica en unos años: O'Higgins, Carrera, Lord McDuff, Baird, etc.

En 1805 Popham presenta un proyecto para capturar el estratégico Cabo de Buena Esperanza, en posesión de Holanda, entonces aliada de Francia. Aunque no pidió permiso en ese momento, sabemos por sus contactos con el norteamericano William Pio White, residente en Buenos Aires, que pretendía continuar con el Río de la Plata. Su amigo de logia, el general David Baird estaría a cargo de la operación militar.

Tras la captura del Cabo, Baird reclutó a un oficial de carrera destacado para acompañar a Popham en su siguiente operación: el brigadier William Carr Beresford, un irlandés, hijo ilegítimo de un noble descendiente de reyes, veterano de Canadá, Córcega, India y Egipto. Tras el fracaso de las Invasiones Inglesas, con una fuga de película en medio, absuelto de culpa y cargo, será sucesivamente oficial del Ejército Británico y del Portugués, llegando a ser gobernador de la isla de Madeira. El Duque de Wellington, a quien acompañaría en la campaña de 1811, resaltaría las condiciones personales y militares de Beresford. Multicondecorado, será creado Vizconde y Par del Reino Unido, con un escaño en la Cámara de los Lores. En 1815, siendo ministro plenipotenciario en Río de Janeiro, proveerá pertrechos y asesoramiento militar a las fuerzas brasileñas que invadían la Banda Oriental. Morirá en su propiedad de Kent a comienzos de 1854, sobreviviendo a su cuñado, Denis Pack, amigo íntimo y compañero de armas en Buenos Aires en 1806.

El entonces coronel Pack era en 1806 jefe del Regimiento Nº 71. Era éste uno de los regimientos que, tras la derrota de las fuerzas jacobitas, el gobierno británico había formado con highlanders escoceses para pelear en el exterior. Con cetro de hierro, cualquier escocés encontrado culpable de crímenes tan diversos como contrabando de whisky, vagancia, robo de ganado, lecturas revolucionarias, jacobitas o protestantes no-conformistas, tenía la opción de combatir para el naciente Imperio Británico en el exterior en alguno de estos regimientos nuevos. Además, iban en la expedición Robert Arbuthnot al frente de los Dragones Ligeros y James Frederick Ogilvie con las piezas de la Real Artillería.

En la tarde del día 27 de junio, bajo una copiosa lluvia, más de mil seiscientos soldados británicos entraban marchando en la ciudad de Buenos Aires, la columna principal avanzando dificultosamente por la actual calle Defensa. Se encomendó al comerciante catalán Juan Larrea, socio de Matheu, que redactara la rendición (texto que fue rechazado y reescrito por el brigadier británico).

Según testificaron los mismos protagonistas sorprendidos, como Gillespie y otros, los invasores fueron recibidos con una simpática acogida por las señoritas, mientras los señoritos adoptaron las vestimentas, costumbres y modales ingleses. El 1º de julio, Martín de Sarratea y su cuñado León de Altolaguirre ofrecieron una recepción a los principales jefes británicos. Los vecinos principales competían por alojar en sus casos a los oficiales británicos. En nombre del Consulado, el futuro prócer de Mayo, Castelli pronunció una arenga pro-inglesa, manifestando su adhesión al Imperio británico.

Inteligente, Beresford otorgó seguridades respecto a las personas y bienes de los porteños, garantizando la práctica de la religión católica romana (como habían hecho en Gibraltar, las Antillas o Malta) y se concedió la libertad de comercio. Pronto las mercaderías británicas invadieron las tiendas de Buenos Aires.

María Sánchez, mujer del capitán de puerto Martín Jacobo Thompson (de una familia de comerciantes de origen inglés residentes en Cádiz) que servía de enlace con la Royal Navy,  en cuya casa se cantará por primera vez el Himno Nacional argentino, se muestra entusiasmada por los "jabones de olor" que traían los británicos en sus buques mercantes.

Parecía que los porteños realmente creían en el "honor, generosidad y humanidad del carácter británico" del que hacía alarde Beresford en su proclama.

Los empleados y funcionarios civiles, militares y eclesiásticos del Virreinato residentes en Buenos Aires se agolparon para jurar lealtad al rey británico Jorge III para no perder sus cargos ni arriesgarse a ser tomados prisioneros. Sólamente se resistieron el superior de los Bethlemitas y el Obispo (como ya dijimos), en actitud que los honra. (Como señalamos en otra ocasión, los bethlemitas pagarían cara su osadía, recibiendo toda la furia de los revolucionarios de Mayo de 1810.)

Belgrano optó por escapar a la Banda Oriental posiblemente enterado de los aprestos reconquistadores que estaban teniendo lugar allí. Por el contrario, su primo hermano Castelli, gracias a la ayuda del agente británico White, trabó amistad con Beresford... una amistad que se prolongaría por muchos años incluso después de 1807.

El prior de los dominicos, fray Gregorio Torres, no sólo juró fidelidad al monarca líder anglicano sino que envió una carta a Beresford alabando la suavidad del gobierno inglés y las sublimes calidades del general británico. Prohibía asimismo conspirar con los invasores.

El nefasto Deán Funes, que traicionará a Liniers y liderará el Partido Saavedrista, lamentará en su Ensayo de la historia civil el que las armas británicas no hubiesen vencido. 

Por lo bajo, deja constancia Gillespie, los británicos despreciaban a estos verdaderos cipayos.

El documento de rendición redactado ahora por Beresford fue presentado a los porteños recién el 2 de julio, cuando ya los caudales del Virreinato habían caído en su poder y eran embarcados con destino a Londres y distribuido el resto entre los jefes (Baird, Popham y Beresford) y el pago de la tropa, y el agradecimiento a los que ayudaron a dar con el tesoro: el norteamericano William P. White, el ex director de El Telégrafo Mercantil Dr. Francisco A. Cabello, Pedro Menéndez Argüelles, el ex alcalde de la Santa Hermandad Francisco González (que sirvió de guía a los británicos en su camino a Luján), Juan Gallardo, Isidro Naranjo, Manuel Collantes y el capitán Vicente Capello (que actuó como intérprete).

González integraba una red en la que también participaban el cochabambino Manuel A. Padilla, el porteño Saturnino Rodríguez Peña y el inglés Paroissien. Padilla y R. Peña serían bien remunerados por Su Británica Majestad en años venideros luego de participar del 25 de mayo de 1810. De Paroissien, uno de los primeros ciudadanos argentinos naturalizados y asistente de San Martín, ya hablamos.

Después del fracaso de la segunda de las Invasiones Inglesas, Peña y Padilla escaparían a Río de Janeiro en un pequeño buque de guerra británico que, al efecto, les proveyó el almirante Murray en persona. Ya en Río, Rodríguez Peña le escribe al Conde de Linhares una carta donde afirmaba que los principales vecinos de Buenos Aires estaban convencidos de la necesidad de independizarse de España. Saturnino J. Rodríguez Peña recibiría una pensión de £300 anuales del gobierno británico por sus servicios.

En 1810, el número de abril de The Monthly Report informa que en Buenos Aires coexisten dos partidos que se odian mutuamente: el de "los nativos [sic] que utilizan permanentemente palabras como comercio libre" y el de los que rechaza el comercio con Gran Bretaña. Los segundos, dice, controlan el ayuntamiento porteño, pero no por mucho tiempo. Los librecambistas están listos para tomar el poder.

El 14 de mayo llegaba al puerto la goleta británica "Mistletoe", comandada por el Tte. Robert Ramsay (otro que estará entre los primeros ciudadanos naturalizados). Diez días después la Revolución era un éxito y se iniciaba el camino de la independencia.


Bibliografía:
  • Juan Martín Biedma, Los Rodríguez Peña y la emancipación argentina (Buenos Aires: Taladriz, 1959).
  • Vicente O. Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino (Buenos Aires: Elche, 1968).
  • Henry Stanley Ferns, Britain and Argentina in the Nineteenth Century (London: Clarendon, 1960). Hay traducción al castellano con el título Gran Bretaña y Argentina en el siglo XX (Buenos Aires: Solar, 1966).
  • Jorge Fondebrider, Versiones de la Patagonia (Buenos Aires: Emecé, 2003).
  • Alexander Gillespie, Gleanings and remarks collected during many months of residence at Buenos Ayres and within the Upper Country, with a Prefatory account of the Expedition from England until the surrender of the Colony of the Cape of Good Hope, under the joint command of Sir D. Baird, G.C.B. K.C. and Sir Home Popham, K.C.B. (Leeds: B. Dewhirst, 1818). Hay traducción al castellano como Buenos Aires y el Interior (Buenos Aires: Hyspamérica, 1986).
  • Bernardo Lozier Almazán, Beresford gobernador de Buenos Aires (Buenos Aires: Galerna, 1994).
  • Ignacio Núñez, Autobiografía (Buenos Aires: Imprenta Congreso, 1996).
  • Carlos Roberts, Las Invasiones Inglesas (Buenos Aires: Emecé, 2000).
  • Oscar Tavani Pérez Colman, Martínez de Fontes y la fuga del General Beresford (Buenos Aires: Dunken, 2005).
  • Enrique William Álzaga, La fuga del General Beresford, 1807 (Buenos Aires: Emecé, 1965).













lunes, 2 de julio de 2012

Misa en memoria de Martín de Alzaga


Informa la histórica Cofradía del Santo Rosario que, para conmemorar el bicentenario de la muerte de don Martín de Alzaga, su ilustre mayordomo, héroe de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, y mártir de la lealtad, hará oficiar Santa Misa el próximo viernes 6 de julio, a las 12.30 horas, en la basílica de Nuestra Señora del Santo Rosario, adjunta el convento de Santo Domingo de la Orden de Predicadores, en la intersección de la Avenida Belgrano y la calle Defensa, en la Ciudad de Buenos Aires.