"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."
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lunes, 11 de abril de 2016

Agentes rioplatenses entre Cádiz y Gibraltar

Comentarios y glosa a Rafael de Riego: El héroe que perdió un Imperio, de Fernando Álvarez Balbuena.

Tras la caída de Napoleón y el regreso de Fernando VII a España, se pone fin a la Constitución de 1812, que funcionaba bajo protección británica. No fue, como ha repetido hasta el hartazgo la historiografía liberal, una década absolutista la que se restauró, pero dio pié a una furiosa campaña de propaganda sobre supuestos actos arbitrarios y tiránicos del que fue "el Deseado" por quien el pueblo español había combatido heroicamente su Guerra de Independencia.

En 1819, un teniente coronel asturiano, veterano de la guerra, liberal y masón, Rafael de Riego se le destina al Ejército de Andalucía, que iba a ser embarcado en Sevilla y enviado a socorrer a las tropas leales de América en el Río de la Plata. Pero los jefes y oficiales de estas unidades, en contacto contínuo con los constitucionalistas de 1812 y agentes británicos provenientes de Gibraltar, preparaban el levantamiento militar para llevar al poder a los liberales. Riego, como la mayor parte de los oficiales estaba comprometido en la sublevación, como también lo estaba el propio General en Jefe del Ejército Expedicionario, acantonado en Andalucía, José Enrique O'Donnell, conde de La Bisbal, "personaje de sinuosa conducta y sospechosas lealtades".

El pronunciamiento de Riego del año '20 provocó la sublevación de buena parte del Ejército español, no sólo obligando a Fernando VII a aceptar la Constitución gaditana, sino también porque suspendió el envío de tropas a América cuando aún había alguna esperanza de reconquista.

Dice el autor, y esto es lo que nos interesa ahora, "Lo cierto es que por dichos años residía en Cádiz un potentado comerciante bonaerense, Andrés Argibel [Nota de CLAMOR: Andrés Arguibel y López Cossio; hermano de logia de Alvear, San Martín y Zapiola], quien partidario de la independencia de la provincia del Río de la Plata, logró establecer contactos con el conde de La Bisbal [N. de C.: líder masón]. [...] Después se supo que con ocasión del pronunciamiento de Riego, tanto Argibel como Lezica [N. de C.: Tomás de Lezica, hermano de Ambrosio de Lezica, comerciante y agente británico en el Río de la Plata], contribuyeron al mismo con mil pares de zapatos y doce mil duros, hecho que puso muy al descubierto la protección de los americanos al alzamiento de las tropas […] En una línea muy parecida se expresan otros historiadores hispanoamericanos. Así Santiago Arcos apunta que un verdadero pánico se apoderó de la ciudad de Buenos Aires cuando se supo que una fuerza expedicionaria se estaba preparando para salir de España. Si bien este temor quedó apaciguado al saberse que Puyrredón [sic] había enviado una considerable cantidad de dinero a los masones españoles. También Léon Suárez viene a confirmar la vital actuación de Puyrredón [N. de C.: Juan Martín de Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, amigo y sostén de José de San Martín] resaltando su audacia e inteligencia al realizar una activa propaganda para evitar un embarque que les podía resultar funesto. Añade que tanto Argibel como Lezica, desde Cádiz, se movieron clandestinamente con mucha eficacia, dando sin límite alguno cuanto dinero estimaron conveniente."

[N. de C.: Arguibel y Lezica recibieron ayuda de Judah Benolier (o Benoliel) y de Richard McCall. Benoliel, judío sefardí, era presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, además de cónsul honorario de Marruecos y de Austria en la colonia británica. McCall, norteamericano, ex cónsul de los EE.UU., era en ese entonces un riquísimo agente naval en Gibraltar. Según está documentado, ambos (¿agentes británicos?) manejaban las comunicaciones entre la Buenos Aires rebelde y los liberales de Cádiz y Madrid.

["Emprendí por fin la obra de insurreccionar el mismo ejército que debia obrar nuestra ruina. D. Ambrosio Lezica, negociante de esta ciudad, fue encargado de dirigirse á su hermano D. Tomás, establecido en Cádiz, para iniciar sus relaciones con los gefes {sic} de aquel ejército... Los señores D. Tomás Lezica y D. Andrés Arguibel, naturales de Buenos Aires y establecidos con crédito en la plaza de Cádiz, fueron los agentes que llevaron á su término aquella riesgosa empresa. Fueron facultados para invertir las sumas de dinero que fuesen necesarias y autorizados para empeñar la responsabilidad del gobierno á todo lo que obrasen conducente al intento. La eficacia y destreza con que se manejaron apareció en el resultado. El ejército de la Isla de León se insurreccionó, la terrible espedicion que nos amenazaba se convirtió en daño del mismo que la formó y la República Argentina se vio por este medio libre y triunfante de sus enemigos. ¡Honor eterno a los nombres de Lezica y Arguibel entre los amigos de la libertad!" (Juan Martín de Pueyrredón, Refutación a una atroz calumnia hecha con demasiada ligereza a un general de la República Argentina por Mr. Alejandro H. Everett, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en la Corte de España {1829}.)]

Mapa del Estrecho de Gibraltar y de la isla de Cádiz (P. Santini, Atlas Universel [Venecia, 1780]).





jueves, 22 de enero de 2015

A vueltas con el sol en escudos y banderas latinoamericanas

Imágenes cabalísticas y esotéricas con el sol con rostro humano y rayos rectos y flamígeros intercalados en cartas de tarot del siglo XVIII. 

Cualquier similitud con el sol en los símbolos nacionales de las repúblicas hispanoamericanas, no es mera coincidencia.




jueves, 6 de diciembre de 2012

La masonería y las revoluciones americanas


Compartimos con nuestros lectores el siguiente documental del canal History Latinoamérica. Más allá de ciertos reparos, creemos que es interesante para introducirnos en el tema. 

Advertencia: Tener en cuenta que es la mirada desde el enemigo de la Iglesia y las Españas.


Para los sostenedores del mito nacionalista-católico, todo esto serán "mentiras", pues --claro-- ellos viven de la teoría conspirativa de la conspiración.


viernes, 4 de mayo de 2012

"¡América para los ingleses!"


En la parroquia anglicana de St. Agnes  —en Kensington Park, Londres— se organizó un proceso masivo de reclutamiento el 4 de mayo de 1817, emprendido por Luis López Méndez, agente personal del "libertador" Simón Bolívar, autorizado por el Gobierno británico y auspiciado entusiastamente por el vicario de St. Agnes, el Rev. Henry Francis Todd. 

En diciembre de ese mismo año, cinco contingentes voluntarios se embarcaron para la América del Sur. 

Pocos meses después desembarcan en la isla de Margarita, el 21 de abril de 1818. El Estado Mayor británico estaba compuesto por los coroneles McDonald, Campbell, Skeene, Wilson, Gilmore y Hippsely, y el mayor Plunket. El continengente anglo-bolivariano contaba con un total de 127 oficiales, 3840 soldados (entre lanceros, dragones, granaderos, cazadores, rifles, húsares y simples casacas rojas), y el apoyo naval de las cañoneras HMS "Indian", HMS "Prince", HMS "Britannia", HMS "Dawson" y HMS "Emerald". 

Uno de los primeros alistado había sido el teniente Thomas Charles Wright, de 29 años de edad entonces, quien años más tarde describió sus experiencias en el libro Reminiscenses of the English officers, publicado en Londres en 1862. 

En su mejor momento, en 1818, la Legión Británica contaba con cinco mil hombre de armas. Pero, para junio de 1821, su número había descendido a mil cien. 

Los integrantes de la Legión, no sólo murieron en combate, sino también por efectos de la fiebre amarilla,  las enfermedades tropicales, y mil privaciones. 

En abril de 1818 los británicos de Bolívar participaron heroicamente de la Campaña del Apure. Más de 300 hombres perecieron en julio de 1819 en la titánica avanzada o “Paso de los Andes” para tomarse Santa Fe de Bogotá, capital del Reino de la Nueva Granada. 

Después de su heroica actuación en la batalla del Pantano de Vargas, en 1819, la Legión Británica fue rebautizada con el nombre de Batallón Albión, con el que pasaría a la historia. 

Fueron también veteranos de las batallas de Boyacá el 7 de agosto de 1819; de Carabobo el 21 de junio de 1821, y de Bomboná el 7 de abril de 1822. 

Los integrantes del Batallón Albión provenían de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, y eran anglicanos y presbiteranos en su inmensa mayoría, excepto algunos irlandeses que eran católicos liberales.

Tuvieron un papel protagónico en la batalla de Pichincha.

A fin de completar la conquista territorial, el general insurgente Sucre desplegó sus fuerzas hacia la Región Andina, en febrero de 1822. Con victorias progresivas, en mayo ya estaba en los arrabales de Chillogallo y Turubamba, al sur de la capital de la antigua Audiencia de Quito.

Descubierta su presencia el 23 de mayo de 1822, la defensa del jefe realista Aymerich se aprestó a dar batalla. En la madrugada siguiente, el Batallón Albión  —reducido ahora a 443 hombres— avanzó a Iñaquito.

Se convirtió así en indispensable para asegurar la victoria en Pichincha, puesto que, mientras Sucre y sus batallones se encaramaban el Cruz Loma, frente al Panecillo, en condiciones de desventaja, los ingleses avanzaron hasta el Ejido norte de la ciudad. Atacando desde allí a los realistas, demolieron su resistencia, impidiendo cualquier posibilidad de escape de los heroicos legitimistas. Cortaron para ello las líneas de abastecimiento con Pasto "la Leal", fuertísimo reducto realista en el norte de la América del Sur.

El empuje y valentía de los británicos hicieron que al mediodía se proclamara la victoria total. Diecisiete bravos del Albión perdieron su vida para "liberar" a Quito. A regañadientes y a punta de pistola, los frailes mercedarios fueron obligados por los insurgentes a sepultarn en la cripta de San José, del Cementerio de El Tejar, a los herejes fallecidos ingleses. Algunos años más tarde, fueron exhumados y re-enterrados en un campo baldío ubicado al norte del Churo de la Alameda, detrás de la iglesia de El Belén.

Entre las bajas británicas se contaron 46 mutilados de guerra, cuyos nombres constan en los partes de guerra. En Pichincha, dirigió al Albión el coronel John Mackintosh, quien fue ascendido y condecorado por su valor, junto a todo su Estado Nayor: el Tcnl. Thomas Mamby, el Cap. George Laval Chesterton y  los Ttes. Francis Hall, James Stacey, Lawrece McGuire, Peter Brion, John Johnson y William Keogh.

Bolívar y Sucre dieron a los británicos que así lo quisieran tierras donde afincarse y el derecho absoluto sobre su propiedad. Asimismo se les aseguró el culto protestante y la fundación de logias masónicas.

Medalla Conmemorativa de la Legión Irlandesa

lunes, 16 de abril de 2012

Una hipótesis sobre el sol en el escudo y bandera argentinas




Vimos anteriormente un documento donde queda revelada, ya sin lugar a dudas, simbología masónica del escudo nacional argentino. Sin embargo, la mayor diferencia la encontrábamos en el sol naciente en el timbre del mismo.

En la versión oficial, cuya primera utilización aparece en 1813, es descripto del siguiente modo: “en oro, un sol naciente, con rayos flamígeros y rectos alternados”. Ese mismo año, tras la toma de Potosí, se encarga a la Casa de Moneda la acuñación de una moneda de oro y otra de plata, reemplazando los blasones de Carlos IV y Fernando VII por el sello de la Asamblea General Constituyente, y en el reverso el sol completo. El diseño final constaba de 32 rayos: 16 flamígeros apuntando en sentido horario y 16 rectos colocados alternativamente. Éste es el conocido como “Sol de Mayo”, y nos interesa porque, luego, en 1818, será colocado en el centro de la franja blanca de la bandera argentina —y de la mano de las tropas “patriotas” rioplatenses llegará ser insignia de la provisional del Perú (1822) y la de la República Oriental del Uruguay (1828, simplificado posteriormente)—.

La leyenda que se convirtió en historia oficial dice que la Asamblea del Año XIII encargó al diputado por San Luis, Agustín Donado, la confección de un sello para autenticar los escritos de dicha comisión en reemplazo de las armas reales españolas que se había usado hasta el momento. Existe un contrato entre Donado y el grabador cusqueño, pero radicado en Buenos Aires, Juan de Dios Rivera (padre de uno de los médicos de Rosas). De allí se ha deducido que el “Sol de Mayo” representa al Inti, el dios sol de los incas. Hasta aquí, la leyenda.

Ahora bien. Dicho “Sol de Mayo” no se corresponde con el sol de los incas (como podemos ver en esta fotografía, o en esta otra, o en ésta, o en esta otra versión, o —aún— en esta representación “colonial” del inca Manco Capac). Ni siquiera en las representaciones heráldicas de los Reinos del Perú de los tiempos hispánicos.

Pero de casualidad hemos dado con una posible respuesta: el sol naciente en el timbre del escudo de la colonia británica de Darién, en la actual Panamá (otra versión aquí en un medallón).

Una hipótesis que, de confirmarse, abre inquietantes posibilidades por las posibles conexiones con la masonería de rito escocés, las invasiones inglesas a Buenos Aires, la participación de futuros juntistas rioplatenses en el escape de los británicos capturados y el asesinato de Liniers por mercenarios británicos, el Plan Maitland y la ejecución del mismo a cargo de San Martín, la actividad de Lord Cochrane en el Pacífico sur, el ofrecimiento de la antigua Capitanía de Guatemala a Gran Bretaña hecha por Bolívar, el Congreso Anfictiónico de Panamá, las intervenciones estadounidenses en América Central y la construcción del Canal transoceánico.

Debemos remontarnos a 1688. A mediados de ese año, estalla en Inglaterra la llamada “Revolución Gloriosa”, cuando 14.000 mercenarios holandeses y alemanes, contratados por los protestantes británicos y pagados por los financistas judíos de Ámsterdam, invaden y deponen al rey Jacobo II Estuardo. Escocia e Irlanda resisten un tiempo más, y por eso serán duramente castigadas. Pero ya volveremos a estas tierras.

En Londres, los financistas judíos presentan al rey usurpador Guillermo un esquema para poder pagar las deudas contraídas: la creación del Banco de Inglaterra. A cambio de 1.500.000 libras esterlinas, este banco privado adquiría el derecho monopólico a emitir papel moneda y nacía así el sistema capitalista moderno. (Aquí puede leerse un interesante análisis histórico.)

Como dijimos antes, Escocia e Irlanda se mantenían en guerra de resistencia jacobita, mientras quedaba bloqueada frente al monopolio holandés e inglés de los mares del norte. Esto, sumado a la guerra civil y la hambruna provocada por años de malas cosechas, provocó una situación peculiar donde los capitalistas sin escrúpulos pudiesen enriquecerse fácilmente.

En Edimburgo, un moribundo parlamento escocés —con una mayoría de sus miembros excluidos por razones políticas— decidió seguir el ejemplo inglés y creó el Banco de Escocia y su contraparte comercial: la Compañía de Escocia. Dicha compañía tenía como fin buscar mercados y materias primas en las Indias Orientales y en África, siguiendo el ejemplo de las exitosas compañías inglesas.

Pero no avanzó mucho hasta que “compró” el plan de un antiguo financista que había hecho fortuna en Londres y había participado de la creación del Banco de Inglaterra, William Paterson. Éste, tras evaluar la pequeñez y precariedad de la flota mercante escocesa, decidió establecer una colonia en el istmo de Panamá, en la costa del Golfo de Darién, como puente entre Oriente y Occidente.

La riqueza no abundaba en la Escocia de fines del siglo XVII y la Compañía levantó suscripciones en todos los estratos sociales, calculándose que, en su mejor momento, llegó a acumular el equivalente de más del 50% de la riqueza económica del viejo país del norte.

La expedición partió a mediados de 1698 en cinco buques con unas 1200 personas a bordo. A fines de año fundaron Nueva Caledonia e intentaron la agricultura y el comercio sin éxito. Acosados por los españoles de Nueva Granada y Guatemala y los ingleses de América del Norte, que les negaban ayuda, y sin la asistencia de los indios locales, altísima mortandad y un clima sofocante, los poquísimos colonos escoceses presbiterianos sobrevivientes terminaron abandonando la empresa.

Hubo una segunda expedición, igualmente desastrosa, y a fines de 1699, se conoció el rotundo fracaso del proyecto. Paterson huyó a Londres y, eventualmente, sería uno de los principales cabildeantes para la supresión de la independencia de Escocia, la disolución de su parlamento y la “unión” que forjaría Gran Bretaña en 1707.

Muchos de los implicados en lo que se consideró el fraude más grande de la historia de Escocia y el desencadenante del fin de su vida independiente fueron juzgados y encarcelados, algunos, incluso, colgados. Unos cuantos escaparon a Londres, al continente o a América del Norte.

Curiosamente, o no tanto, muchos de los descendientes de estos escoceses embaucadores, en su mayoría masones y presbiterianos, verán sus vidas vinculadas nuevamente a la América española en la primera mitad del siglo XIX.

El más famoso de los descendientes del “Darien scheme” será Gregor MacGregor, el compañero de Miranda y luego general de Bolívar, autoproclamado cacique del “Principado de Poyais y Costa Mosquito” en América Central, que intentó colonizar con inmigrantes escoceses e ingleses que finalmente quedarían a su suerte en la Honduras Británica (hoy Belice). Pero también podemos encontrar a los comerciantes hermanos Robertson de notable actividad en el Río de la Plata revolucionario como ya hemos dicho. O, también, los hermanos Maitland, amigos de San Martín —y tal vez ideólogos del plan del cruce de los Andes para “liberar” a Chile y atacar al Perú por la espalda—. O, Lord MacDuff (amigo de San Martín, gran maestre masón y futuro Earl Fife) y Lord Cochrane (el fundador de la Armada Chilena).



Detalles del sol naciente en el timbre del escudo de la colonia de Darién


lunes, 26 de marzo de 2012

San Martín y la masonería: Profundizando


Ya nos hemos referido aquí a la pertenencia masónica de José de San Martín y de su Logia Lautaro. Pero como el mito nacional-católico sigue dando vueltas, al menos por la Internet dado que la historiografía más o menos seria ya no lo sostiene y, además, porque lo habíamos prometido, profundizaremos un poco más en el asunto.

Ya hemos señalado, también, que el yerno de San Martín, Mariano Balcarce, según confirma en carta a Mitre (del 30 de noviembre de 1860), evitó entregar todos los documentos que se referían a la pertenencia de su suegro a “la masonería y demás sociedades secretas”. Es por esta razón que Bartolomé Mitre evita en su conocida biografía referirse al tema; y  no, como sostiene el mito nacionalista, porque SM no fuese masón. Recordemos que es obligación de todo masón no divulgar los nombres de los miembros de la secta, especialmente si éstos se han negado expresamente a ello. Y ahí tenemos la carta de Balcarce que “compromete” a su hermano de Orden.

Otro argumento que se da como “definitivo” para sostener el mito es el de las respuestas que Patricio Maguire habría recibido de tres grandes logias británicas. Se dijo, al presentar las mismas, que “cabe acotar que esta Gran Logia [Unida de Inglaterra] es considerada por todos los masones, como la Gran Logia Madre del Mundo y en sus registros consta toda la información relativa a los hermanos masones de todos los países vinculados a ella, incluida la Argentina”. Oración en la que encontramos tres mentiras y varias inexactitudes; demostrando que por muy “experto” en Masonería que fuese Maguire, desconocía por completo la organización de la misma, tanto en el pasado como en el presente, y su variedad de obediencias y ritos.

Por lo tanto, si es muy posible que Mariano Balcarce destruyera esos documentos a los que nos referimos antes y si es también posible que se haya perdido la documentación que pudieran conservar las logias a las que perteneció SM, nos quedan sí muchos indicios.

1) En las “normas para la educación” de su hija Mercedes incluye varios artículos de clara referencia masónica, como el 6º, en el que se pide “acostumbrarla a guardar un secreto”, o el 7º sobre “inspirarla sentimientos de respeto hacia todas las religiones”. ¿Por qué tanta preocupación por el guardar “un secreto”? ¿cuál? En cuanto al “respeto hacia todas las religiones” no tendríamos nada que objetar, excepto por la preocupación que denota el “Libertador” sobre ello, la tan famosa tolerancia religiosa masónica, en la educación de ¡su hija!

2) Las cartas de SM al general británico William Miller, su amigo y antiguo camarada, cuya pertenencia a la masonería es conocida, están llenas de estos indicios. En la del 16 de octubre de 1827, SM reconoce que asiste a las reuniones en los salones de la Sociedad de Comercio de Bruselas donde “trabajaba” la Logia “Partaite Amistié” —la misma que acuñó una famosa medalla que regaló a SM en 1825 y éste conservó hasta su muerte ¡veinticinco años después!—. O aquella otra misiva de 1838 donde le dice enfáticamente: “No creo conveniente hable usted lo más mínimo de la logia de Buenos Aires; éstos son asuntos enteramente privados y que aunque han tenido y tienen una gran influencia en los acontecimientos de la revolución de aquella parte de América, no podrán manifestarse sin faltar por mi parte a los más sagrados compromisos.” Comentarios al margen: ¿A qué “logia de Buenos Aires” se refiere? ¿a la Logia Lautaro? ¿Pero, entonces, por qué habla en tiempo presente si (supuestamente), en 1838, ya se había disuelto? Supongamos que se refiere a sus fines (ya sabemos que para el mito nacionalista, la Logia Lautaro tenía como único fin la traic… decimos, la independencia); ¿entonces por qué deben aún guardarse sus secretos 14 años después de Ayacucho? Finalmente, ¿de qué “asuntos enteramente privados” habla si la independencia es algo bastante público?

3) La correspondencia de SM con Juan Martín de Pueyrredón. Como la del 10 de septiembre de 1816, en la que dice: “El establecimiento de matemáticas será protegido hasta donde alcance mi poder. El nuevo secretario Terrada es también matemático y por consiguiente ayudará.” En la del 2 de noviembre, SM se refiere al envío de Castex “a Salta con el designio de persuadir a Güemes de la necesidad de que se dedique al estudio de las matemáticas para mejor conocer el terreno en que ha de hacer la guerra”. En otra esquela, del 3 de marzo de 1817, le pide SM a Pueyrredón que le envíe a Guido “por ser conocedor de las matemáticas”. No hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta que “matemático” es un nombre clave por masón y “matemáticas” por masonería. 

Y si queda alguna duda, la del 9 de octubre del ’16 debería sernos suficiente: “Omita siempre en sus cartas poner la letra h.∙. [por “hermano”, con los tres puntos masónicos que se utilizan para abreviar] con que acostumbra a concluir: basta con un . [un punto] pour eviter qu’une surprise donne lieu a des soupcons [en francés en el original]”. Nótese que SM afirma que Pueyrredón, hasta ese momento, ha firmado sus cartas con los tres puntos masónicos.

4) Toda el intercambio epistolar entre SM y el “Libertador” O’Higgins de 1817, especialmente las fechadas el 25 de marzo, el 17 de mayo, el 5 de junio y los días 3, 4, 27, 29, 30 y 31 de julio, la del 1º de agosto y la del 22 de septiembre. En todas ellas se habla textualmente de los h.∙. [“hermanos”, con los tres puntos masónicos].

No importa. Los nacionalistas católicos necesitan el mito. Aunque todo indique lo contrario, ellos seguirán afirmando que San Martín no fue masón. Por nuestro lado, confirmamos nuestro compromiso con la verdad, aunque duela. Amicus Plato, sed magis amica veritas.

Estudio del simbolismo masónico de la tumba original de José de San Martín
 en Brunoy (Francia) antes de su traslado a Buenos Aires en 1880.
[Fuente: Antiguo sitio de "Ciudadanos Alertas"  http://www.geocities.org/ar/ciudadanosalerta.]

miércoles, 22 de febrero de 2012

¿Misa para celebrar el Bicentenario?

Hace un tiempo, el bloc de notas Sacro y Profano, que dirige el periodista Andrés Beltramo Álvarez, informó sobre la Misa, presidida por el Santo Padre, que tuvo lugar en el Vaticano “en honor al bicentenario de las independencias de los países latinoamericanos”.

Como no podía ser de otra forma, esto precipitó un encendido debate. Del mismo, entre otros varios aportes interesantes, destacamos los comentarios de un lector que utilizó el seudónimo “Minero” y que nos permitimos reproducir aquí para ilustración de nuestros seguidores. (Los enlaces en el texto son nuestros para quien desee profundizar.)

Creo que ha tenido un lapsus, supongo que se refiere a los pueblos vivos y reales de la tradición hispánica, que se agrupan en la católica Hispanoamérica, salvo que esté hablando del concepto geográfico vacío que los franceses llamaron Latinoamérica. 

Por otro lado, el bicentenario no es otra cosa que el bicentenario de la destrucción de la monarquía católica y del reinado de Cristo en Hispanoamerica. El bicentenario de la impiedad, la masonería y el liberalismo. No hubo independencia de España, hubo una independencia de la religión católica. España también renegó del gobierno de Cristo, como sus hermanos (o "ganaron su libertad", en sus palabras) en 1833, asi que en España en 2033 también celebraremos la independencia de la religión que tanta alegría le produce.  

No parece que este acontecimiento merezca una misa, salvo si es en reparación por la blasfemia cometida hace 200 años.  

Lectura recomendada para católicos que quieren comprender lo que pasó hace 200 años y liberarse de la propaganda liberal: "Españoles que no pudieron serlo" de José Antonio Ullate.  

Pero vamos, que un católico diga que Haití se "liberó" en 1804, teniendo en cuenta lo que realmente pasó, me parece preocupante.

La gran virtud del libro de Ullate es que no se queda en un lucha de peninsulares contra criollos, sino que explica claramente la guerra civil entre católicos y liberales que suponen las guerras de independencia, en América y en la península, donde el esfuerzo militar por destruir la monarquía católica es el último paso de un proceso anterior. 

Lamentablemente, los detalles amables no hacen menos horrible el conjunto revolucionario. Los próceres, aunque algunos, pocos, fueran píos en lo personal, eran liberales y anticristianos en sus ideas y formación. De hecho, los liberales beatorros, que ha habido bastantes aquí y allí, son los peores de todos, porque disfrazan de religiosidad superficial la monstruosidad de las ideas revolucionarias que portan. Igual que la Constitución de 1812 es liberal y anticristiana, aunque en uno de sus artículos haga España confesionalmente católica. Eso lo entendieron bien los católicos de entonces, que la rechazaron aquí y allí. Los estados que se construyen no son libres de nada, salvo del reinado de Cristo, y no nacieron otra cosa salvo masónicos. Ahí están las banderas y escudos de la mayoría de los países "liberados", repletos de simbología masónica "libertadora", para demostrarlo. Luego alguno cree que con ponerle el gorro frigio jacobino a la Virgen de Luján lo hemos arreglado todo... 

A estas altura de la historia, cuando vemos que estos 200 años sin monarquía católica (a ambos lados) no han valido de nada salvo para destruir la ciudad de Dios en los países Hispanoamericanos, que haya católicos que puedan hablar de "libertad", en vez lo natural, que sería hablar del terror, demuestra hasta qué punto los católicos de hoy se han convertido en los afrancesados contra los que luchaban los católicos de hace 200 años.

Y para el que quiera ver la opinión de la Iglesia, que no deje de leer la encíclica, "Etsi longissimo terrarum", de Pío VII. 

En el bicentenario de las independencias, los católicos no tenemos nada que celebrar, tenemos que lamentarnos como se lamentó la Iglesia que las sufrió. 

Insisto en que de nada nos vale recordar si tal o cual prócer tuvo una vez un detalle religioso (claro que si alguno ve piedad hasta en el asesino cristianofóbico de Bolívar...), lo que cuentan son sus ideas y el estado revolucionario que querían construir, y ahí no se salva ninguno. Los buenos católicos estaban en las juntas locales o en el bando realista, depende si tocaba luchar por la monarquía católica o contra Napoleón, Riego y la Constitución de 1812. Y lo mismo vale para los revolucionarios, también cambiaban de lucha según las circunstancias.  

Lo cierto, lo único cierto, es que al final del proceso independentista los que tenemos es un enjambre de repúblicas liberales y masónicas, calcadas de la Francia revolucionaria y tuteladas por Inglaterra. Esa era la "libertad" que empezó hace 200 años. 

¡Nada que celebrar!

Debo decir que me ha gustado su mensaje señor Beltramo, demuestra que lo fundamental de mi tesis es correcto, que las independencias de hace 200 años son injustificables desde un punto de vista católico. 

De entrada volvemos a sobre si los próceres eran gente muy beata, aunque los dos primeros ejemplos reconoce que no son muy buenos... vale. Si quieren ejemplos de políticos beatos en lo privado que han hechos horrores contra la religión, hay una lista enorme...  

Iturbide, una figura enorme, aunque no tanto como el anticristianismo del orden político que dejó a sus sucesores, el que más ha perseguido a los católicos de toda Hispanoamérica. 

Insisto: la Constitución de 1812, que fue rechazada por Iturbide y por muchos otros católicos, hacía España confesionalmente católica, lo cual era precisamente lo que más irritaba a los católicos de ese papelucho ¿seguro que entendemos el por qué? ¿entendemos también que mencionar a Dios no significa nada, menos si se hace en vano? 

Luego menciona el 40% de católicos hispanoamericanos. Esos católicos son mérito de la monarquía católica, y están ahí no gracias a sino a pesar de las repúblicas liberales de hace 200 años. ¿O alguien va a demostrar que en realidad esas repúblicas han sido utilísimas herramientas de evangelización? ¿Verdad que no? 

Los pobres europeos sufren de lo mismo que los hispanoamericanos, solo que aquí estamos en el epicentro del mal, con lo que se difunde a precio de llamada local. Los peninsulares se independizaron (o se "liberaron") de la monarquía católica en 1833, igualándose desde ese año en la desgracia de los hermanos de América. A ambos lados aplica el mismo criterio. ¡Y eso que los próceres revolucionarios de la península, María Cristina, Espartero o Espoz y Mina eran todos católicos también! ¡Y son los mismos de la desamortización! 

En resumen, que no hay por donde cogerlo desde el punto de vista católico, para defender todo esto hay que recurrir a otra cosa fuera del catolicismo: la ética de los hechos consumados de Hegel. 

Lo que el catolicismo no justifica, que lo haga la ética hegeliana. 

No podía tener mejor confirmación que esta. Como el hegelianismo no es católico, y mi tesis es que el bicentenario es insostenible como hecho feliz para un católico, aquí termino mi exposición.  

Sobre el otro "hecho consumado" de Latinoamérica, le dejo el artículo de M. Morillo, que es mucho mejor que lo que yo pueda decir: 


Me despido con el temor que me lleva a no tener que preguntarle qué opina de los "hechos consumados" (ahora, o dentro de 200 años) del aborto o el matrimonio homosexual legales, y tantos y tantos otros hechos consumados. Temo la respuesta. 

Un cordial saludo y gracias por permitir el debate.

Composición presentada en el II Congreso Mariano Interamericano de 1961. [Fuente]
Pueden observarse los escudos de las republiquetas de la antigua América Hispana,
cargados de simbología masónica como triángulos, soles, estrellas de cinco puntas, gorros frigios, etc.,
diseños esotéricos tan alejados de la heráldica tradicional,
rodeando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Una muestra del intento de conciliar el agua y el aceite:
la Iglesia de Cristo con la Revolución.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Logia Lautaro y la francmasoneria



Uno de los mitos cultivados por el revisionismo, especialmente en su faz nacionalista-católica, es negar la pertenencia masónica de la famosa Logia Lautaro.

La Logia Lautaro fue una sociedad secreta que integró a los “patriotas” criollos y españoles que vinieron a Buenos Aires en 1812 a bordo del buque de Su Majestad Británica “George Canning”, con el fin de tomar el control de las hordas revolucionarias americanas emergidas en 1810 y encaminarlas hacia la independencia definitiva de España.

La Gazeta de Buenos Ayres anuncia la llegada de militares españoles
provenientes de Londres en la fragata britanica "Jorge Canning" (sic)

En su mejor momento, la Logia estuvo integrada por José de San Martín, Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Ramón Eduardo de Anchoris, Bernardo de Monteagudo, Juan Martín de Pueyrredón, Antonio Álvarez Jonte, Nicolás Rodríguez Peña, Julián Álvarez y José Antonio Álvarez Condarco, entre otros notables “patriotas”.

Como hemos hecho en notas anteriores en este cuaderno de bitácora, procederemos a demoler el “mito” cultivado por el nacionalismo católico con citas de primera mano.

Consta en las Memorias de Tomás de Iriarte que Manuel Belgrano rechazó la posibilidad de ingresar en la organización Logia Lautaro, “aduciendo, precisamente, la condenación eclesiástica que pesaba sobre la secta”.

Vicente Fidel López afirma que la Lautaro no fue una vaguedad revolucionaria ni un título de ocasión sacado de la Araucana de Ercillia sino una palabra intencionadamente masónica y simbólica cuyo significado específico no era “guerra a España” sino “expedición a Chile”, “secreto que sólo se revelaba a los iniciados al tiempo de jurar el compromiso”.

“No creo conveniente que hable usted lo más mínimo de la Logia de Buenos Aires. Estos son asuntos enteramente privados y aunque han tenido y tienen gran influencia en los acontecimientos de la revolución de aquella parte e América, no podrán manifestarse sin faltar por mi parte a los más sagrados compromisos.” Carta de San Martín al general británico y “patriota” Guillermo [William] Miller del 19 de abril de 1827.

“Siguiendo fielmente las ideas de mi verdadero señor padre político [José de San Martín] que no quiso en vida que se hablase de sus vinculaciones con la masonería y demás sociedades secretas, considero debo abstenerme hacer uso de los documentos que poseo al respecto.” Carta de Mariano Balcarce, desde París, al Gral. Bartolomé Mitre del 30 de noviembre de 1860 y que explica por qué Mitre no quiso hablar del tema en su obra biográfica sobre San Martín.

miércoles, 17 de agosto de 2011

José de San Martín y su pertenencia a la Masonería (II)

La leyenda rosa del llamado Nacionalismo Católico argentino ha siempre sostenido la no pertenencia de José F. de San Martín a la Masonería. Para eso, suelen utilizar un pequeño conjunto de argumentos, algunos de ellos, contradictorios entre sí. Uno de los argumentos esgrimidos es que las grandes logias masónicas no reconocen a S. M. como uno de los suyos. Pues, hoy 17 de agosto de 2011, en que el laicismo conmemora el fallecimiento del "Libertador" (que Dios le haya perdonado su traición), reproducimos una investigación realizada por un masón y publicado por una logia masónica. Puede consultarse aquí el original.

San Martín y la Masonería

Síntesis del artículo de la R.’. L.’. General José de San Martín 384 del O.’. de Argentina. Compilado por el R.’. H.’. Alberto Levy.

La masonería rinde tributo a quien fuera su gran iniciado y recuerda su paso por nuestra Institución.

No es nuestro propósito sumarnos a la polémica, nos interesa sencillamente abordar un tema de carácter histórico, saber si la francmasonería tuvo en su seno a San Martín, libertador de América y demostrar la influencia sostenida y constante, tan grande y en ocasiones decisivas, que tuvo la orden francmasónica en la independencia de América.

En cuanto a las Provincias Unidas del Sur, por haber estimado San Martín que la institución era no solo necesaria, sino el más adecuado medio, el instrumento imprescindible e insustituible para el triunfo en la heroica lucha que se iba a librar en defensa de la libertad americana, una de sus primeras y esenciales preocupaciones fue la de organizar la logia, dirigirla y sostenerla.

Las logias en las Provincias Unidas, en Chile y en Perú fueron el gran organismo de iniciativa y consejo, que guía y regula la obra de sus gobernantes, tanto civiles como militares. San Martín, consciente de las enormes dificultades que implican la realización de sus empeños, llevando los pueblos a la vida independiente o libre, creyó, desde el primer instante, en la necesidad de contar con la cooperación y ayuda de minorías selectas, espiritual e intelectualmente. En las logias encontró ese eco y fermento revolucionario para su inspiración.

Cuarenta y dos largos años de vida masónica del general José de San Martín y su participación activa en no menos de 18 logias no se perdieron en las tinieblas de los tiempos; vemos ya que en los albores del año 1808 San Martín recibe la luz masónica, iniciándose en el grado de aprendiz en la Logia Integridad Nº 7 de Cádiz. Esta logia tenía carta constitutiva otorgada por la Logia Provincial de los Antiguos y en 1804 figuraba con el Nº 7 en el llamado Gran Oriente Regional de Sevilla, y el 6 de mayo de 1808, San Martín recibe el grado de maestro masón.

Esto ha llegado a nuestro conocimiento por los documentos publicados en España por los enemigos de la masonería española. En 1939, después de la guerra civil, se organizó toda una campaña antimasónica. El enfoque de los antimasones españoles difiere del sustentado por sus pares en la República Argentina. Ellos consideran que todos los libertadores de América fueron traidores a la madre Patria por el hecho de ser masones, y por ello sacaron a relucir el masonismo de los próceres de la emancipación americana, lo que fue publicado por medio de la Editora Nacional, un órgano oficial de la España franquista.

Dos figuras de esta logia habrían de conmover el corazón de San Martín y su recuerdo habría de acompañarlo durante toda su vida, la primera de su primer Venerable Maestro, tanto por su brillante personalidad cuanto por el hecho de haber sido San Martín su edecán al momento de su trágica muerte. Se trata del general Francisco María Solano, Venerable Maestro en su Logia Integridad Nº 7, maestro en el arte de la guerra, aventajado discípulo de las tácticas francesas aprendidas a través del general francés Maureau.

San Martín guardó toda su vida un indeleble recuerdo por la memoria de su primer Venerable Maestro, el general Solano, al punto de llevar constantemente en su billetera hasta la hora de su muerte, un grabado en acero en forma de medallón. En su orla había sombreado el mismo una faja de luto y en el papel que lo envolvía estaba escrito su nombre en gruesos caracteres. Al respecto así escribía el hijo político del general San Martín, el general Balcarce, al general Mitre: “También envío a Ud. el retrato del desgraciado General Solano, el mismo que mi padre político llevaba en su cartera como recuerdo de aquel amigo a cuyas órdenes sirvió como Edecán y cuyo fin no pudo evitar a pesar de los esfuerzos que hizo por salvarlo aquel horrendo día.” Este texto está en la página 492, del T. II del archivo del general San Martín.

También se expresa Vicente Fidel López en el tomo VI, pág. 310 y 311. “San Martín era Edecán del general Solórzano, cuando el pueblo de ese puerto indignado hasta la demencia por el estado calamitoso del reino, se alzó acometiendo al Venerable Magistrado. Lo sacaron a la calle, lo asesinaron y arrastraron su cadáver como trofeo de victoria, anulando toda defensa, pesa a denodado esfuerzo.”

De la hondísima impresión que a San Martín le produjo aquel pavoroso espectáculo, son testimonios sus posteriores y constantes repulsas a los movimientos demagógicos y a los procedimientos de los gobiernos basados en el desenfreno de las multitudes. A través de su gloriosa vida hemos de ver en momentos solemnes de ella, hasta qué punto llegaba su repugnancia a desórdenes y motines por lo mismo que era un sincero liberal y un amante y servidor constante de su pueblo.

En esa misma Logia Integridad Nº 7 tuvo fraternal vinculación con Alejandro Aguado, amistad que tendría proyecciones insospechadas en el porvenir lejano de la vida de San Martín.

Era Aguado natural de Sevilla y siete años menor que San Martín, revistaba como cadete en su regimiento y luego habría de ser su mejor e íntimo amigo. El joven Aguado había abrazado la carrera de las armas por vocación, ya que la fortuna de sus padres lo tenían a cubierto de necesidades e ingresó en el ejército del rey en 1799. Aguado, joven, rico, alegre, contrastaba con San Martín, reservado y serio. Coincidían sin embargo en varios aspectos: honradez de intenciones, bizarría, rectitud y limpieza en sus conductas. San Martín debió ser el maestro de Aguado en el campo de batalla, Aguado el de San Martín en sus correrías juveniles y las fiestas mundanas. Tan íntima y fraterna fue esa amistad, que Aguado fue uno de los muy pocos que San Martín tuteaba.

Luego, cada uno marcha a su destino, San Martín, el de libertador de medio continente; Aguado, ostentando el título de Marqués de las Marismas y acaudalado banquero; más el destino los lleva a reunirse casi en el ocaso de sus vidas en Francia. Allí San Martín, con la ayuda de su amigo Aguado, adquirió en propiedad un palacete cerca del castillo de Aguado en el Bourg y aquí viene un hecho clave en nuestra exposición, ambos en su carácter de masones concurren a las tenidas de la Logia de Ivri, donde están las firmas de ambos como integrantes de las tenidas masónicas de la que era Venerable Maestro el doctor Rayer, médico particular de Aguardo y después presidente de la Sociedad de Biología.

Aguardo, que tan particular devoción sentía por San Martín, lo nombra en su testamento albacea y tutor de sus hijos menores. San Martín, en cumplimiento de tales funciones, tuvo que traer los restos de Aguado, fallecido en su viaje a España, organizar solemnes funerales para el difunto en la iglesia de Notre Dame de Lorette y erigir suntuoso mausoleo sobre una elevación del cementerio de Pere Lachaise, donde mandó a grabar el siguiente epitafio: “No busquéis entre los muertos al que vive”.

Respecto de la amistad de San Martín y Aguado, el doctor Gregorio Marañón señaló: “La historia de la relación entre San Martín y Aguado simboliza dos cosas, que son a su vez la representación de lo más noble del alma humana: la amistad o la liberalidad o liberalismo. Son estas dos cosas en el fondo lo mismo.” La más característica prerrogativa del alma liberal es en efecto su aptitud y la fruición para el sentimiento y el ejercicio de la amistad.

El triunfo de los dos dentro de distintas esferas era de uno y de otro a la vez. Y en el gran abrazo de ambos triunfadores habría junto con la emoción imperativa de la propia victoria, la emoción de la victoria del otro. Todo esto era liberalismo, el admirable liberalismo que cimentó la civilización humana en el desarrollo de la república y el ejercicio de los derechos individuales.

Pero volvamos al derrotero masónico seguido por San Martín y regresemos para referirnos a la segunda logia en que le tocó actuar. San Martín no pudo ser ajeno al llamado emancipador de las colonias americanas radicadas en España, que se agrupaban en la Logia de Caballeros Racionales Nº 3 de Cádiz, que tenía el privilegio de reunir en su seno muchas personalidades de la emancipación americana. A esa logia se incorpora a mediados de 1808.

Esta logia tenía ilustres antecedentes; formaba sobre los restos de la creada por el peruano inmortal, don Pablo de Olavide, el primero en concebir el ideal de la emancipación americana. Esta logia como nos enseña el general peruano Rivadeneira, miembro de la misma, fue creada en Madrid y ante el avance de los franceses pasa a Sevilla y luego a Cádiz, donde contó con sesenta y tres miembros, que se distinguieron por sus talentos y por su acendrado patriotismo, por su interés por la independencia, de distinguidas y señaladas virtudes patrióticas en cada uno de ellos. Nombres ilustres de Mérida, Tobar, Carcedo y Castillo, colombianos; Pérez Toledo y Obregón, mejicanos; Suárez, Pinedo y Juanos, guatemaltecos, etc.

Agrega el general Rivadeneira, refiriéndose a San Martín, que al encontrarlo en 1821, en el cuartel general de Huaura, “me estrechó en su brazos y recordó nuestra antigua amistad, nuestros trabajos en la sociedad de Cádiz para que se hiciese la América independiente”. San Martín, que mucho apreciaba los servicios y sacrificios del general Rivadeneira, su antiguo cofrade de Caballeros Racionales Nº 3, lo nombró General de Brigada y designó como Gobernador del Callao.

La Logia Caballeros Racionales contó con similares en Madrid, Sevilla, Cádiz, Bogotá, Caracas, Filadelfia, México, Buenos Aires, Uruguay, Londres, etc. Tres argentinos presidieron la Logia Caballeros Racionales Nº 3 de Cádiz, José Moldes hasta 1808, Carlos María de Alvear hasta 1811 y luego el sacerdote Ramón Anchoris.

A ella se refiere San Martín en carta al Presidente del Perú, mariscal Ramón Castilla, escrita en Boulogne Sur Mer en el año 1848: “En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc. resolvimos regresar cada uno a nuestro país a fin de prestarles nuestros servicios en la lucha que calculábamos se había de entablar.”

También se refiere a ella el general Zapiola en el cuestionario que le envía el general Mitre con relación a la actividad masónica de esta logia, donde le contesta en la parte final, enviándole una lista de los individuos que forman la Logia Caballeros Racionales Nº 3.

En idéntico sentido, con relación a la existencia de esta logia se refieren hermano que fueron actores, por integrar los cuadros lógicos, como Moldes y Gurruchaga, Rivadaneira y Alvear, en sus cartas enviadas a Mérida en Caracas y de las que hemos de extendernos al referirnos a la Logia Caballeros Racionales Nº 7 de Londres.

Resuelto San Martín, al igual que otros patriotas, a dirigirse a Buenos Aires, donde había estallado el grito de la emancipación, debe dirigirse como camino obligado, primero a Londres. Para ello, San Martín obtuvo la ayuda de uno de los jefes del ejército inglés, Sir Charles Stuart, que le consiguió un pasaporte y cartas de recomendación para Lord MacDuff, más tarde Conde de Fife y que había pertenecido a la Logia creada en Londres por el insigne precursor Francisco de Miranda. Esto tiene una doble importancia probatoria.

Por un lado esta versión la realiza Gerard, bibliotecario de Boulogne Sur Mer, amigo de San Martín, que tuvo estos datos del propio Libertador y la publicó en una nota necrológica cuando éste fallece en Agosto de 1850, y la referencia al Conde Fife, en la localidad de Branff, Escocia, donde San Martín visitó, en compañía de su hermano, las logias San Andrés Nº 52 y San Juan Operativa Nº 92, donde están rubricadas sus firmas. Estas logias pertenecían a la jurisdicción de la Gran Logia de Escocia, en la que su amigo, el Conde de Fife, era Gran Maestre de la Gran Logia Provincial de Granffshire hasta el año 1848.

Volviendo al viaje de San Martín a Londres, cabe destacar que allí fue recibido por sus hermanos que ya se habían instalado, ubicándose San Martín como invitado en la casa de Carlos M. de Alvear.

Allí en Londres estuvo San Martín cuatro meses fundando con sus hermanos la Logia Caballeros Racionales Nº 7, cuyo primer Venerable Maestro fue don Carlos de Alvear, siendo sus integrantes, además de San Martín, Zapiola, Holmberg, Mier, Villa Urrutia, Chilabert, al que se agregaron Manuel Moreno, hermano del Tribuno de Mayo Mariano Moreno y los venezolanos Luis López Mendes, Andrés Bello y el Marqués del Apartado.

En la logia de Londres, expresa el general Zapiola, fue San Martín, al igual que él, ascendido al quinto grado, afirmación que sostuviera en la contestación de las preguntas que le formulara el general Mitre y en cuya respuesta agregara además la nómina de integrantes de la Logia Caballeros Racionales Nº 7 de Londres, que hemos recientemente destacado.

Además de todo ello tenemos probanza, por cartas de Carlos de Alvear del 20 de octubre de 1811, dirigida al patriota venezolano Rafael Mérida, Venerable Maestro de la Logia de Caracas, Venezuela, de las actividades de los hermanos de la Logia Caballeros Racionales Nº 7 de Londres, al igual que la nómina de sus componentes, ya que estas cartas se encuentran depositadas en el Archivo Álvaro de Bazán de la Armada Española y que fueron dadas a conocer por el historiador español contralmirante Julio Guillén.

Las referidas cartas, así como otros documentos, habían sido confiados a Juan Brown, sobrecargo del bergantín inglés La Rosa, que fuera apresado por un corsario español el 3 de enero de 1812, por cuya causa tomó intervención la inquisición y por los conductos referidos llegó a nuestros días.

Con la intervención del importante masón Lord MacDuff, Conde de Fife, logró que se armara la fragata Jorge Canning en enero de 1812, llevando su carga de hermanos masones que concurrían a sentar plaza en el ejército de la revolución de esta parte del continente. En ella venían estos militares de carrera: teniente coronel de caballería José Francisco de San Martín, alférez de navío Martín Zapiola, capitán de milicias Francisco Chilavert, subteniente de infantería Antonio Arellano y el teniente de guardias walonas Barón de Holmberg.

Ya en Buenos Aires, puestos en contacto con el Venerable Maestro Julián Álvarez de la Logia Independencia, la primera actividad masónica de San Martín fue formar un triángulo conjuntamente con Alvear y Zapiola y ya para junio de 1812 el triángulo había afiliado a Guido, Murguiondo, Zufriategui, Malter, Anchoris, Monteagudo, más la casi totalidad del pasaje de la fragata George Canning, y que se denominó según las últimas investigaciones, Caballeros Racionales Nº 8 y no Lautaro, denonimación que recibiría recién en 1815, con motivo de la reorganización que inspirara San Martín. Su lema fue: unión, fuerza y virtud. Se requería ser americano y juramentarse a luchar por la independencia, según el archivo que en Montevideo llevó el señor Julián Álvarez, Venerable Maestro de la Logia Independencia y que diera sus mejores hombres a la Logia Caballeros Racionales Nº 8. Además, como expresión de su fe democrática, estos hermanos juramentados expresaban que no reconocerían por gobierno legítimo de las Américas, sino aquel que fuese voluntad de los pueblos y de trabajar por la fundación del sistema republicano.

La logia, a pesar del reducido número de sus miembros, asumió de inmediato un papel preponderante, convirtiéndose en el centro motor de los más importantes acontecimientos históricos que permitieron que el barco de la revolución tomara su rumbo inicial. Así vemos que sus integrantes, encabezados por San Martín y Alvear, Venerable Maestro de la logia, al comprobar la falta de representatividad y eficacia del primer Triunvirato, congregaron las tropas frente al Cabildo, aquel ocho de octubre de 1812, para exigir un cambio del poder ejecutivo. Es así como surge el Segundo Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Rodríguez Peña y Álvarez Jonte, todos ellos hermanos de la orden, cuyo primer y más trascendente acto de gobierno fue convocar a la Asamblea del año 13, Asamblea de la Patria Naciente, formadora de las leyes de la libertad civil, pero que no llegó a declarar la independencia y dar una constitución.

San Martín y Alvear fueron por mucho tiempo los árbitros de la logia y ésta de los destinos de la Patria. De los 55 miembros de la logia, 3 pertenecían al poder ejecutivo, 28 de sus miembros eran representantes en la Asamblea General Constituyente, 13 eran partidarios de San Martín y 24 de Alvear.

Su objeto declarado era trabajar con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad, obrando con honor y procediendo con justicia. Según su constitución, cuando alguno de los hermanos fuera elegido para el Superior Gobierno de Estado, no podía tomar resoluciones graves sin consultar a la logia, no podía nombrar enviados diplomáticos, generales en jefe, gobernadores de provincia y jueces, funcionarios eclesiásticos ni jefes de cuerpos militares, ni castigar con su sola autoridad a ningún hermano. Era ley en todos los conflictos el sostener a riesgo de su vida las decisiones de la logia.

Una sorda lucha entablada por las ambiciones de Alvear, en el transcurso de 1815, lleva a la logia a un estado de disolución, pero San Martín, mientras preparaba su campaña libertadora, propugnó la reorganización de la logia, que se llamó Lautaro, no como expresión de homenaje al héroe de la obra de Ercilla, sino como expresión masónica que significa expedición a Chile. Organizada la misma, llegó a servir de enlace de los trabajos entre él y el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, también hermano de la orden.

Tal era la importan que San Martín concedía a la logia, que la estableció en todas partes adonde se dirigía, organizó las sociedades secretas en Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Chile, Perú. Todas ellas denominadas Lautaro y manteniendo entre sí activa coordinación y cooperación, mientras se preparaban las fuerzas que irían sobre el Perú, para destruir el foco más poderoso de la resistencia colonial y donde también habría de fundar la Lautaro en Lima. Todas ellas con los mismos principios y constitución que la Lautaro porteña, a la que habían de someterse O’Higgins en Chile y el propio San Martín en Lima, como encargados del poder ejecutivo de estos países.

No sólo logias lautarinas fundó San Martín, también fundó la Logia del Ejército del Norte, donde Belgrano fue iniciado y que a su vez creó la Logia Argentina de Tucumán, sino también la Logia del Ejército de los Andes, con sus más dilectos compañeros de armas.

Luego del histórico abrazo de Guayaquil con Simón Bolívar, con intervención de la Logia Estrella de Guayaquil, inicia su retiro, despojándose San Martín del mando supremo en Perú, para radicarse en Brusela, donde se incorporó a la Logia La Perfecta Amistad. En honor de San Martín, esa logia mandó acuñar una medalla de plata cuyo facsímil se encuentra en la masonería argentina. Además, el Capítulo Rosacruz “Los Amigos de Bruselas” hicieron acuñar otra medalla, cuyo original se encuentra en el Museo Mitre. Estas medallas tienen la particularidad de mostrar a San Martín de perfil y son debidas a un distinguido masón, el artista europeo Henri Simons.

A tan gallarda figura de la epopeya americana, la masonería le rinde la máxima expresión de su homenaje, y en su honor, bajo la jurisdicción de la Gran Logia de la Argentina, funcionaban las logias Lautaro Nº 167 de Mendoza, Bernardo de Monteagudo Nº 414 de Paso de los Libres, Juan Martín de Pueyrredón Nº 251 de San Isidro, el Capítulo Rosacruz General San Martín, la Gran Reunión Americana y la José de San Martín Nº 384 de Lanús. Estas logias, convocadas en la celebración del VIII Encuentro de Logias Sanmartinianas, por la Logia San Martín Nº 36 de Lima, al igual que las logias San Martín de Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay, se han de reunir en fraternal fiesta masónica, para formar la Cadena de Unión Sanmartiniana en la que vibrará encendido el espíritu del prócer, iluminando el camino a seguir y sirviendo de inspiración de aquél que con su afán y ardua fatiga supo arrancar las palmas de la gloria.