"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."

miércoles, 25 de julio de 2012

“¡Santiago, y cierra, España!”


-Yo así lo creo -respondió Sancho-, y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa por que dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: “¡Santiago, y cierra, España!” ¿Está por ventura España abierta, y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es
ésta?

-Simplicísimo eres, Sancho -respondió don Quijote-; y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido; y así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan.



domingo, 8 de julio de 2012

lunes, 2 de julio de 2012

Misa en memoria de Martín de Alzaga


Informa la histórica Cofradía del Santo Rosario que, para conmemorar el bicentenario de la muerte de don Martín de Alzaga, su ilustre mayordomo, héroe de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, y mártir de la lealtad, hará oficiar Santa Misa el próximo viernes 6 de julio, a las 12.30 horas, en la basílica de Nuestra Señora del Santo Rosario, adjunta el convento de Santo Domingo de la Orden de Predicadores, en la intersección de la Avenida Belgrano y la calle Defensa, en la Ciudad de Buenos Aires.



miércoles, 27 de junio de 2012

¿Españoles o criollos?


La historia oficial de las repúblicas hispanoamericanas suele referirse a las fuerzas realistas como “españoles”, dando a entender que eran nacidos en la Península, en Europa. Tampoco el revisionismo de corte nacionalista o marxista se ha preocupado demasiado en aclarar la falsedad de tal afirmación.

El hecho es que los ejércitos realistas fueron, en general, improvisados sobre la base de unidades de nueva creación y otras (las menos) recicladas del período prerrevolucionario o “colonial”, puesto que los ejércitos virreinales (en su mayoría) se vieron desintegrados, cuando no se pasaron en bloque a los insurgentes. Pero también se sumaron a las tropas realistas numerosos criollos que reaccionaron en defensa de los legítimos derechos del Rey frente al estallido de la Revolución. No fue menor tampoco el influjo de revolucionarios arrepentidos o desengañados a lo largo de los años luego de que la Revolución fuera mostrando, de a poco, sus verdaderas intenciones subversivas y rupturistas de la tradición católica.

Finalmente, debemos también mencionar algunas unidades llegadas desde la Península en expediciones adhoc, pero que —en su mayoría— debieron ir completando su nómina con americanos (entre un 30% y 50%, según los casos).

Se calcula que para 1820, cuando la Revolución llevaba ya diez años, el número de peninsulares en América no llegaba a los 10.000 hombres —la mayoría de los cuales se encontraban en Cuba—. Ya desde el año ’17, los oficiales leales no recibían refuerzos europeos. Tanto fue así que, en 1824, en la batalla de Ayacucho, tan sólo habrá 500 peninsulares entre los realistas.

De hecho, según se ha estudiado, las tropas insurgentes y leales tenían, en general, la misma proporción de oficiales peninsulares y americanos (criollos). Y en cuando a la tropa, sabemos que los indígenas fueron en su mayoría leales al Rey.

Los indios

En el Alto Perú, en el bando realista, combatieron indios en el Regimiento de Nobles Patricios del Cusco, en los numerosos escuadrones de caballería aymara, los Regimientos de Chumbivilcas, el Regimiento Quechua de Paruro o el Regimiento de Línea del Cusco. Lo cual, comparado con las tan cacareadas (como inferiores) guerrillas “patrióticas” de Juana Azurduy y su esposo Manuel Ascencio Padilla, nos puede dar una idea de la desproporción en las lealtades.

Al mismo tiempo, tenemos en Chile a los caciques araucanos ofreciendo sus servicios al general realista Pareja en Talcahuano en 1812 para combatir a los “señoritos” de Santiago. Y lo hicieron muy bien, a pesar de la ferocidad desmedida de los “patriotas”, violando todo tipo de derechos humanos…

En la misma Nueva España, donde la Revolución se vistió de ropajes indigenistas desde un primer momento, el apoyo de los indios al régimen virreinal fue importantísimo, conformándose un nutrido Cuerpo Patriótico de Voluntarios de Fernando VII en la capital mejicana y resistiendo a los insurgentes las principales gobernaciones indígenas.

En territorio argentino, la cosa no fue muy distinta.

En la Puna los indígenas se mantuvieron neutrales, aunque colaborando con mejor predisposición con los realistas. Por lo menos hasta que, en 1814, el Marqués de Tojo fuese “llamado” a Buenos Aires y, en extrañas circunstancias, a su regreso un año después, ayudara a Güemes sublevando Yavi, Humahuaca, Tarija, etc. Pero apenas tomado prisionero en noviembre del ’16, la situación cambia por completo: la Puna se tranquiliza y el cuartel general realista queda fijado en Humahuaca (punto de mayor concentración indígena en toda la Argentina en el 1800).

¿Por qué este cambio tan rápido en las lealtades de los indios? En primer lugar porque los indios del “Marquesado” (una de las poquísimas encomiendas que seguían en pie para el siglo XIX), consideraban al Marqués como su señor natural, y era lógico que lo siguieran en sus aventuras. Pero, además, porque aún en ese breve período de tiempo en que el Marqués peleó con los patriotas, no llegó a dominar en Yavi, coexistiendo una partida guerrillera realista encabezada por el cura local, teniente coronel doctor Zerda —cuyos efectivos crecían a la vez que se esfumaban los del Marqués, según se quejaba por carta a Güemes—.

Los injustamente olvidados guerrilleros Angélicos (leales) de Zerda dieron dura lucha a los Infernales (subversivos) de Güemes, saliendo en ayuda de las tropas regulares realistas que operaban sobre Jujuy, Salta y Tucumán.

Incluso, algunos investigadores actuales, sostienen que el resentimiento generado entre los indios frente a las clases enriquecidas con las guerras de la independencia en Jujuy y Salta explica los buenos ojos con que aquéllos miraron a las tropas de la Confederación Peruano-Boliviana durante la guerra del ’37 al ’39, que sólo terminó realmente con la caída del mariscal Santa Cruz, acosado por la aristocracia limeña y derrotado por Chile —sin lo cual, tal vez el Noroeste Argentino hoy sería parte de Bolivia—.

Los negros

El Dr. Corsi Otálora ha estudiado exhaustivamente la situación de Venezuela y Nueva Granada, donde definitivamente los negros apoyaron masivamente la causa del Rey. No entraremos, por lo tanto, en ese análisis, remitiendo al libro ¡Viva el Rei! Los negros en la Independencia, patrocinado por la Fundación Elías de Tejada y editado por Nueva Hispanidad.

Para el resto de América, donde la presencia de negros no era tan alta como aquí, la situación no ha sido estudiada en conjunto.

Se ha probado la organización de las milicias realistas en “castas”, como el famoso Batallón de Pardos de Arica o el Escuadrón de Dragones de Tinta. También sabemos que los negros de Chincha serían los preferidos para las unidades costeras. Sin embargo, tras las primeras bajas y ante la necesidad de cubrir la nómina de las distintas unidades, el sistema fue evolucionando hacia cuerpos amalgamados, compuestos en su mayoría de mestizos.

Según la historiografía liberal clásica, en los territorios donde triunfó la Revolución, los “patriotas” liberaron esclavos… Pero lo hicieron a cambio de prestar servicio gratuito en los ejércitos insurgentes, ya sea como combatientes como —en muchos casos— servidumbre de éstos. Un cambio de amo, en todo caso. Y no todos los negros “patriotas” lo eran voluntariamente; ya que un buen número de ellos eran esclavos “comprados” a sus dueños o aportados por éstos. Tanto fue así que, de los poco más de 4000 efectivos con los que San Martín invadió Perú desde Chile, casi la mitad eran negros, y sólo la mitad eran libertos.

Por otro lado, sabemos también que el contingente realista de los hermanos José y Vicente Angulo, que operó desde Cuzco, contaba con un nutrido grupo de indios y negros voluntarios. Lamentablemente el caudillismo paternalista que se fue imponiendo desde el estallido revolucionario, hizo que éstos siguieran a los hermanos cuando éstos, deslumbrados por el liberalismo ibérico, terminaran pasándose al bando “patriota”. Y es muy posible que lo mismo haya sucedido en otras regiones.

Luego es muy difícil hacer distingos cuando tenemos los casos donde la población negra era mayoritariamente urbana y donde, para el siglo XIX, su integración social, aún salvando distancias culturales, era importante (como ejemplo, el cordobés Juan Bautista Bustos, hijo de mulata y que llegaría a gobernador de la Provincia).

Caso distinto es el de la Nueva España, donde en las tropas realistas combatieron unidades de negros antillanos, principalmente cubanos.

Recapitulando

Como puede apreciarse, la Revolución hispanoamericana no se trató de una guerra de liberación ni de una guerra nacional contra “los españoles”, sino de una guerra civil entre los seguidores del trilema revolucionario Libertad-Igualdad-Fraternidad frente a los leales al trilema tradicional Dios-Patria-Rey.

miércoles, 13 de junio de 2012

Documento: "Una propuesta para humillar a España" (1711)



Luego de leer este documento es imposible seguir sosteniendo las tesis nacionalistas. Queda demostrado que las independencias americanas, especialmente la Revolución en Buenos Aires, fueron parte de un plan concebido en Gran Bretaña un siglo antes.

lunes, 11 de junio de 2012

A confesión de parte


“¿Quiénes son los autores de esta revolución? ¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aún los jefes militares al servicio del Rey?” (Bolívar, 1817)

“Hemos perdido todo nuesto tiempo y dañado nuestra obra; hemos acumulado desacierto sobre desacierto y hemos empeorado la condición del pueblo, que deplorará eternamente nuestra inexperiencia.” (Bolívar, 1828)


lunes, 28 de mayo de 2012

Ante otro aniversario de la Revolución de Mayo


Con motivo de un nuevo aniversario de la Revolución del 25 de mayo de 1810, hemos leído un par de notas (una de Antonio Caponnetto y otra de Luis Alfredo Andregnette Capurro) que contienen algunas afirmaciones que por ser paradigmáticas de lo que llamamos “leyenda rosa nacionalista” nos gustaría comentar.

Desde ya, manifestamos nuestro aprecio y reconocimiento a los autores de dichos artículos, independientemente de que no compartamos las frases siguientes que reflejan una serie de tópicos recurrentes en esta escuela historiográfica.

- Borbones malos y Austrias buenos

Cuando la invasión de Bonaparte en 1808 no se planteó en América la cuestión de apartarse de la monarquía. La lealtad al Rey seguía absolutamente vigente aún cuando la Casa de Borbón, que ocupaba el Trono desde los inicios del siglo XVIII, caminaba por senderos distintos a los de la dinastía de los Austrias.” [LAAC]

Los autores nacionalistas están muy apegados a esta contraposición. Claro que, al referirse a la Casa de Austria, se quedan en el emperador Carlos, en Felipe II y el Siglo de Oro, olvidando rotundamente a sus sucesores, los llamados “Austrias menores”, el Conde-Duque de Olivares y un largo etcétera. Por otro lado, dejando en el tintero también el hecho de que el archiduque Carlos, que hubiese sido Carlos III de triunfar en la Guerra de Sucesión, había pactado con Gran Bretaña, a la que entregó Gibraltar y quién sabe que otros territorios de haber tenido éxito. La mala memoria también les impide recordar a José II, cuya política religiosa fue acaso más “masónica” que la del Borbón Carlos III, o a María Teresa, la protectora de los Enciclopedistas y también perseguidora de los jesuitas.

- Expulsión de los Jesuitas

El fundamento teológico del gobierno del César Carlos y sus sucesores había sido sustituido por una concepción laica de poder civil. Esa política liberal borbónica inició una división entre los Reinos Americanos y España. Son un claro ejemplo las medidas masónicas de Carlos III en contra de la Compañía de Jesús…” [LAAC]

Independientemente de que las medidas del rey Carlos III fueran o no masónicas y/o ilustradas, lo que corresponde analizar es si dichas medidas se correspondieron con la realidad. No es el lugar éste para enjuiciar la actuación de los jesuitas en América en general y de su “reino” teocrático guaraní en particular; sólo dejaremos sentado que desde un principio generó quejas entre los vecinos, gobernantes, regidores, visitadores, etc., tanto peninsulares como criollos, y no siempre —como afirma cierta leyenda— porque éstos quisiesen esclavizar a los guaraníes. Pero sí nos fijaremos en la actuación de la Compañía de Jesús tras la supresión de la misma. Sabemos de las relaciones ciertas del agente británico Miranda con muchos ex jesuitas, lo que lo llevó a afirmar que el cuartel general de la Revolución estaba en los Estados Pontificios. Tampoco se puede negar la influencia de los ex jesuitas revolucionarios Vizcardo, Godoy y otros menos conocidos, algunos de los cuales luego tendrán actuación en las Cortes de Cádiz. Entre las líneas de investigación historiográfica actual, se han descubierto interesantes vínculos de la Compañía de Jesús con la corona británica, no sólo después de la supresión sino incluso antes —tema éste sobre el que, D. m., profundizaremos próximamente—.

- Constitución de Cádiz de 1812

Se produce entonces la disolución de la Junta Central Gubernativa, su antijurídica sustitución por el Consejo de Regencia y una asamblea conocida históricamente como Cortes de Cádiz. Éstas, dominadas por liberales educados en el ambiente francés de la Enciclopedia, y por lo tanto divorciados de la tradición hispanoamericana, proclamaron el 24 de setiembre de 1810, que los Reinos de Indias debían estar unidos a la metrópoli en una misma representación lo que significaba la dependencia de España. Después de ese prólogo vendría la obra, en la que el contubernio mayoritario aprobaría la Constitución de 1812, reflejo claro de la Revolución Francesa.” [LAAC]

Más allá de la compresión de numerosísimos hechos históricos ocurridos en esos dos años en un único párrafo, sin ver matices, ni contextos, habría varias cosas que decir. No dudamos del terrible efecto que tuvo la Constitución gaditana tanto en tierras americanas como peninsulares, y ya hemos referenciado a numerosos trabajos al respecto. Ahí está el famosos Manifiesto de los Persas, como testimonio (doctrinalmente imperfecto está claro, pero es entendible) de la resistencia contrarrevolucionario. Ahora bien, eso no explica por qué dicha Constitución hubiese justificado la secesión del Reino de León, del Principado de Cataluña o del Reino de Navarra. Tampoco explica que para ese entonces en América, las “constituciones”, estatutos y Planes de Operaciones de “los patriotas” eran acaso un reflejo mucho más acabado de la Revolución Francesa.

- Espontáneo surgimiento de las Juntas y agresión de los Realistas

Surgieron entonces las Juntas Americanas de 1810 y allí donde existía desconfianza respecto a la lealtad del gobernante por secretas simpatías con el Consejo de Regencia o por haber sido designado por éste se los depuso, al considerarlos sin derecho a ejercer el gobierno en estos Reinos. Sin embargo, no toda América estuvo en esa posición. Hubo partidarios del Consejo de Regencia que permanecieron en sus cargos, como sucedió con el Virrey del Perú, don Fernando de Abascal, quien no se mantuvo en la jurisdicción peruana, sino que comenzó acciones armadas contra las regiones juntistas.” [LAAC]

¿Acaso las Juntas americanas tenían mayor legitimidad de origen que los funcionarios designados por el Consejo de Regencia (caso que por ejemplo no era el del virrey Cisneros, ni el de los funcionarios del ayuntamiento de Buenos Aires)? Es cierto que hubo casos de Juntas que se integraron a la manera tradicional (quizá el intento porteño del 24 de mayo de 1810, o la primitiva de Caracas), tal cual lo sucedido en España desde la invasión napoleónica, pero el caso es que, tarde o temprano, los miembros “legitimistas” de las Juntas fueron siendo reemplazados por los revolucionarios (como ocurrió el 25 en Buenos Aires).

Otro problema que supone el párrafo citado es el de entender el territorio a la manera de la nación-estado moderna. Pues, según el autor, el Virrey del Perú habría agredido al Virreinato del Río de la Plata al intervenir en el Alto Perú o a la Capitanía General de Chile en la isla de Chiloé. Pero nada más alejado no sólo de la cronología de los hechos, sino también de la realidad jurídica de estos casos, donde Chiloé no dependía de Santiago sino de Lima, y el Alto Perú era un caso disputado entre Lima y Buenos Aires desde la creación del virreinato bonaerense.

- Ruptura del “pacto social”

Veamos, y es un ejemplo, la tesis americana aparecida en la “Gaceta de Buenos Aires” el 6 de diciembre de 1810: “La autoridad de los pueblos en la presente crisis se deriva de la asunción del poder supremo que por el cautiverio del Rey ha retrovertido al origen de que el monarca lo derivara, y el ejercicio de éste es susceptible de las nuevas formas que libremente quieren dársele. Disueltos los vínculos que ligaban los pueblos con el monarca cada provincia es dueña de si misma, por cuanto el pacto social no establecía relaciones entre ellas directamente sino entre el Rey y los pueblos”.” [LAAC]

La grosera violación de las tradicionales leyes convirtió la Guerra Revolucionaria en Guerra Independentista, “pero no de la Corona española sino de la Nación Española”. Planteo éste que se consolidó a partir del año 1814 cuando, ya regresado Fernando VII de su “prisión” napoleónica, actuó con la doblez que le era característica ante los intentos americanos de volver a la “política de los dos hemisferios” y “al pacto explícito y solemne”.” [LAAC]

Monárquico, hispánico, católico, militar y patricio; enemigo de Napoleón -que no de España-, fiel a nuestra condición de Reyno de un Imperio Cristiano, en pugna contra britanos y franchutes, filosóficamente escolástico, legítima e ingenuamente leal al Rey cautivo, y germen de una autonomía, que devino forzosamente en independencia, cuando la orfandad española fue total, como total el desquicio de la casa gobernante. Federico Ibarguren y Roberto Marfany, entre otros, se llevan las palmas del esclarecimiento y de la reivindicación de este otro Mayo.” [AC]

Según esta “tesis”, el Consejo de Regencia primero y el rey Fernando VII después habrían violado el “pacto social” o las “leyes tradicionales”, y eso justificaría la independencia. ¿Sí? ¿Por qué?

¿Acaso la sistemática violación de la ley natural (ya no tan sólo de la ley positiva), durante dos siglos, por parte de los gobiernos de las repúblicas americanas justificaría su sucesiva fragmentación? ¿No existe un bien común político superior del cual la unidad de la patria es elemento constitutivo?

¿No hubiese sido, tal vez, mejor rechazar en aquello que fuera digno de rechazo y acatar en aquello que fuese digno de tal, pero sin quebrar la unidad de la patria que, a todas luces, no nos ha beneficiado? No estamos proponiendo hacer historia-ficción, sino que comparamos con lo sucedido en la misma Península, donde los voluntarios realistas primero y los carlistas después, lucharon por la tradición sin justificar con ello secesiones, expoliaciones, etc.

French y Berutti repartiendo escarapelas, según la leyenda.
Lo cierto es que ambos comandaban el grupo terrorista ("chisperos" o Legión Infernal) que controlaron los accesos a la Plaza de Mayo ya durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo y que el 25, ante una Plaza vacía, irrumpieron en la sesión del Cabildo para exigir a punta de pistola la designación de una Junta conformada sólo por americanos.