"Si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia."

jueves, 31 de marzo de 2011

Por sus frutos los conoceréis


Pocos días antes de morir, el 9 de noviembre de 1830 el "Libertador" Simón Bolívar se lamentaba de la situación de la cual él era uno de sus máximos responsables. América había ganado su "Libertad", pero ¿a qué costo? ¿con qué fin? A más de 300 años de paz hispánica, seguirían 200 de guerra permanente y pobreza creciente. Esto nos trajeron los "Libertadores". Esto nos trajo la "independencia". 

La América es ingobernable. Los que han servido a la revolución han arado en el mar. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Estos países caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a las de tiranuelos, casi imperceptibles, de todos colores y razas, devorados por todos los crímenes y estinguidos por la ferocidad. Los europeos, tal vez, no se dignarán conquistarlos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América.


martes, 15 de marzo de 2011

lunes, 14 de marzo de 2011

La independencia no era la alternativa

Las primeras Juntas (no digo gobiernos) no fueron un acto de fidelidad al Rey, y menos fidelidad heroica. Existía otra manera de retomar la tradición política hispana frente a unos Gobiernos absolutistas que se habían alejado de ella, como mostraron el Reino de Navarra resistiéndose al absolutismo, los realistas renovadores peninsulares, y después el Carlismo. Tras olvidar que Río de la Plata era parte de España, y tras amalgamar deseos ocultos con ideas tradicionales e innovadoras, se cayó en la impaciencia e improvisación, se ignoró las instituciones existentes, y se relegó al rey para luego negarle. Durante largas décadas, la minoría emancipadora, ajena y contraria inicialmente al pueblo bonaerense, no pudo llenar el vacío y evitar la crisis.

--- José Fermín Garralda Arizcun, "Revolución y secesionismo en 1810 en Buenos Aires", 'Ahora Información', Nro. 105, julio-agosto 2010.

viernes, 4 de marzo de 2011

Bicentenario de la extraña muerte de Moreno

El 4 de marzo de 1811 fallecía en alta mar, a bordo de la goleta británica Fame, Mariano Moreno, secretario de la Junta revolucionaria de Buenos Aires. Según su hermano y biógrafo Manuel, el cadáver “estuvo todo el día sobre la cubierta envuelto en la bandera inglesa”, para ser luego arrojado al mar.

El porteño Mariano Moreno estudió en el Real Colegio de San Carlos (hoy, Colegio Nacional Buenos Aires) y, luego, prosiguió sus estudios en la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca (Charcas), en el Alto Perú. Allí, como muchos de sus compañeros estudiantes y profesores, conoció la obra de los pensadores de la Ilustración --en forma directa o, más comúnmente, indirecta a través de divulgadores que mezclaban la filosofía ilustrada con el cristianismo--. En particular, Moreno se interesó en Montesquieu, Voltaire, Diderot y Rousseau.

En 1802, presenta a la Academia Carolina una monografía titulada Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de yanaconas y mitarios, donde recoge la leyenda negra anti-hispánica y pasa bajo la lente de la filosofía ilustrada, llamando a acabar con los abusos y la servidumbre que sólo conoció de oídas.

Tras un fugaz ejercicio profesional de la abogacía en el Alto Perú, regresó a Buenos Aires, donde logró conchavarse como relator de la Real Audiencia y asesor del Cabildo. Tuvo un pequeño destello de patriotismo durante la primera de las Invariones Inglesas, aunque pronto se vio deslumbrado por el liberalismo que se difundía desde The Southern Star, diario editado en Montevideo durante su ocupación por tropas británicas. 

Fue el autor de una Representación de los Hacendados que, gracias a hábiles artilugios dialécticos, vino a justificar la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio británico.

Estuvo en las reuniones y complots previos a la Revolución de Mayo, aunque no participó del cabildo abierto, por no tener derecho a ello. Sin embargo, el golpe de estado protagonizado por la Legión Infernal de French y Beruti, lo puso en la lista final de los integrantes de la Junta revolucionaria del 25 de mayo de 1810.

Fue designado secretario y fue autor de la proclama del 28 de mayo que anunciaba la creación de la Junta a los gobiernos del mundo y las ciudades y villas del interior del Virreinato. Fundó y dirigió La Gazeta de Buenos Ayres, boletín oficial y órgano de propaganda y adoctrinamiento revolucionario de la Junta (los sacerdotes estaban obligados a leerla en alta voz durante todas las Misas). 

Como reconoció su principal discípulo, Bernardo de Monteagudo, fue el cerebro actuante de la Junta y el responsable de que ésta pretendiese imponer su voluntad a sangre y fuego sobre los cabildos del Interior. 

Sea o no de su autoría, lo cierto es que el famoso Plan de Operaciones expresa al pie de la letra sus ideas y describe aquellos hechos que ocurrirán en los años siguientes. Tradujo y prologó El Contrato Social de Rousseau, publicado con el apoyo de toda la Junta (sólo quitó el capítulo sobre la Religión Civil por considerarlo momentáneamente inconveniente).

El comerciante altoperuano devenido militar y presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, supo ver y temer el creciente poderío del joven abogado Moreno. Pronto se presentaron diferencias entre ambos aprendices de Robespierre o Bonaparte que fueron creciendo rápidamente. Viéndose vencido en la cuestión de la inclusión de diputados del Interior, Moreno renunció y fue comisionado ante las cortes de Brasil y Gran Bretaña.

Murió en el viaje, aparentemente envenenado accidentalmente por una sobredosis de un remedio administrado por el capitán de la Fame. Fue despedido con todos los honores de un buen súbdito británico. La historia oficial lo ha colocado en los pedestales del prócer argentino. Paradojas de la creatividad histórica nacionalista.

Célebre cuadro de Adolfo Carranza y Pedro Subercaseaux, que representa al joven abogado jacobino.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Combate naval de San Nicolás de los Arroyos (2/III/1811)

Transcribimos a continuación una interesante notícula aparecida hoy en el blog del diario La Nación cuyo nombre es "Historias inesperadas" y que es escrito por el historiador Daniel Balmaceda, donde se recuerda este primer combate naval de la Revolución en el Río Paraná y donde los fieles a Dios, la Patria y el Rey vencieron a los que luchaban por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad... o por el dinero (puesto que la mayoría eran corsarios británicos). Acto seguido, hacemos algún comentario.


San Nicolás hace 200 años

Combate de San Nicolás
Combate de San Nicolás, óleo de Justo P. Lynch.
El primer enfrentamiento naval entre realistas y patriotas se llevó a cabo hace doscientos años, el sábado 2 de marzo de 1811 en aguas del Paraná, frente a la ciudad de San Nicolás. El maltés Juan Bautista Azopardo (con los buques 25 de Mayo, Invencible y Americana) enfrentó a Jacinto de Romarate (Belén, Cisne, Fama y San Martín). Los dos bandos portaban el pabellón español.
Al mediodía comenzó el bombardeo feroz de Romarate. Ni el bergantín 25 de Mayo ni la balandra Americana lograron mantener mucho tiempo su posición. Apenas la goleta Invencible pretendía demostrar que su nombre era también su cualidad. Luego de dos horas de bombardeo, en la Invencible, solo quedaban el comandante y ocho hombres en pie. En cubierta yacían veintitrés cadáveres y dieciocho heridos. Azopardo, con gran parte del cuerpo quemado y bañado en sangre, apuntó su pistola a la santabárbara (el sitio en donde se guarda la pólvora) con el fin de hacer volar en pedazos el barco antes de dejarlo en condiciones para los enemigos. No lo logró.
El marino patriota fue conducido a Montevideo y, acusado de insurgente (cargo que le cupo a todos aquellos que se amparaban en el pabellón de España para combatir a españoles), lo enviaron con grilletes a Cádiz. Además, la Junta Grande lo acusó por mal desempeño.
Recién fue liberado en 1820. De inmediato regresó a su patria adoptiva, para seguir peleando. Pero no volvió soltero. Lo acompañaba María Sandalia Pérez Rico y el hijo de ambos, Luis Antonio María de los Ángeles Azopardo. La familia no abandonó jamás la patria adoptiva.
COMENTARIO CLAMOROSO: Juan Bautista Azopardo era un corsario y su tripulación, compuesta principalmente por extranjeros, también lo era. Y así, ante los primeros cañonazos, las tripulaciones de la "América" y la "25 de Mayo" abandonaron los buques y escaparon nadando. Sólo la "Invencible" ofreció alguna resistencia ante el abordaje. Azopardo temiendo lo que le esperaba como traidor al Rey (tras las Invasiones Inglesas había jurado fidelidad como teniente coronel de milicias), quizo hacer volar la santabárbara suicidándose, pero los heridos se lo impidieron. 

Gracias a esta victoria, los realistas lograron el control del Estuario del Plata durante casi dos años, excepción hecha por los buques británicos que, protegidos por su flota, siguieron abasteciendo libremente a la insurrecta Buenos Aires. En 1813, el marino británico William Brown organizará un nueva escuadra que modificaría sustancialmente la situación.

Azopardo fue llevado prisionero a España. Enfrentó juicios por insurgencia, traición, perjuria, etc. Fue condenado a muerte tres veces, y, gracias a la acción de las logias, indultado otras tantas. Finalmente, en 1820, la Revolución de Riego lo liberaría y le permitiría su regreso a América.

Por su parte, el vizcaíno Jacinto de Romarate y de Salamanca había participado de la toma de Tolón (Francia) y, posteriormente, en las acciones navales de Cartagena, Argel, las costas de Valencia, Cataluña, Sicilia y Baleares. 

Habiendo sido destinado a Montevideo, tuvo un papel destacado en las Invasiones Inglesas. Se destacó al mando de la cañonera "La Vizcaína" durante la Reconquista de Buenos Aires y mandó un batallón de infantería de marina en la Defensa de esta capital. 

Durante la rebelión del gobernador montevideano de Elío, se mantuvo fiel al virrey Liniers. Y, lo mismo, cuando la asonada de Alzaga. Estallada la Revolución el 25 de mayo de 1810, se negó a jurar la Junta revolucionaria y pidió el pase a Montevideo. Apenas pisado el suelo oriental, tuvo un papel destacado en la contrarrevolución. 

Sólo la presión de la flota británica y las traiciones de los infiltrados revolucionarios, le impidieron cumplir con el bloqueo de Buenos Aires. Pero no pasaría mucho hasta que pudiera vengarse de los traidores en el combate de San Nicolás que se describe arriba. Por esta acción, Romarate fue ascendido a capitán de navío y condecorado con la cruz laureada.

Lamentablemente, la escuadra corsaria británica de Brown, que peleaba por el gobierno porteño, lo derrotarían en Martín García en marzo de 1814. 

Cortado el paso a Montevideo, con su escuadrilla resistió heroicamente aún en los ríos Uruguay y Negro por un largo tiempo. En una ocasión, William Brown le ofreció la rendición con las mayores garantías y honores. La respuesta de Romarate fue contundente: "Esta escuadrilla no se entregará a nadie que no la busque por el camino de la gloria militar que ha seguido siempre."

Pero caída la plaza de Montevideo, se desvaneció toda esperanza. Accedió a rendirse siempre que se le diera la posibilidad de pasar a la Península Ibérica para "ayudar a nuestros compatriotas en la honrosa lucha que sostienen contra el tirano de Europa".

Como muchos otros desencantados realistas de América, abrazará en la Península la causa liberal. Pero eso es otra historia.

martes, 1 de marzo de 2011

"De nuestra revolución... ¿qué ventajas hemos sacado?"

En diez años que llevamos
De nuestra revolución
Por sacudir las cadenas
De Fernando el baladrón
¿Qué ventaja hemos sacado?
Le diré con su perdón,
Robarnos unos a otros,
Aumentar la desunión
Querer todos gobernar,
Y de facción en facción
Andar sin saber que andamos,
Resultado en conclusión
Que hasta el nombre de paisanos,
Parece de mal sabor,
¡Y en su lugar yo lo veo
Sino un eterno rencor
Y una tropilla de pobres
Que metida en un rincón
Canta al son de su miseria
No es la miseria un mal son!

Poema del escritor montevideano Bartolomé Hidalgo (1788-1823) publicado en 1820.

lunes, 28 de febrero de 2011

Interesante manifiesto desde el Uruguay a 200 años del Grito de Asencio



Damas y caballeros, hoy 28 de febrero de 2011 de la era cristiana, se recuerda el Grito de Asencio, aquel grito revolucionario que inició la Revolución Oriental; una revolución criolla que nos puso en contra de la gloriosa Corona Española, en contra de la gloriosa dinastía de los Borbones y en definitiva en contra de nosotros mismos, que somos, fuimos y seremos españoles, partes del Imperio Español, de la Monarquía Hispánica Universal. ¡Esa es la verdad! Es nuestra esencia, es nuestra sangre, nuestra raza; una raza de conquistadores, que vinieron desde la península ibérica, conquistaron, y evangelizaron y pacificaron a los indios; indios que eran naturalmente salvajes y sangrientos, que hacían sacrificios humanos y practicaban el canibalismo, todo, para satisfacer a sus sanguinarios dioses paganos. Y lo peor de todo—en cuanto a la cuestión indígena—es que hoy, la propaganda judeo-masónica nos inunda con sus mentiras indigenistas anti-españolas, mostrándonos un terrible racismo supremacista indio, en el cual—gracias a la Leyenda Negra, en la cual los españoles son tachados de malvados y avariciosos, mientras que los indígenas americanos eran buenitos y pacíficos—hoy el sistema nos hace renegar del profundo humanismo cristiano, nos menoscaba nuestra fe y nos hace hasta sentir vergüenza de ser descendientes de españoles, portugueses, italianos y franceses; nos hace olvidar que somos la Nación más latina de América Latina, nos hace olvidar de nuestra ascendencia europea, de nuestra ascendencia blanca.
Realzan los elementos indígenas y negros de nuestra población—que no son para menospreciar, por supuesto—teniendo en cuenta claro, que casi no quedan indios en nuestra Nación y que los negros son minoría; pero hacen eso en detrimento del importantísimo elemento criollo, europeo, caucásico, blanco; o sea—en definitiva—menospreciando lo que somos, menospreciando nuestra Nación Oriental.
La Revolución Oriental se hizo, siguiendo a la revolución del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, sede del liberalismo y de la arrogancia centralista, que escupieron en el plato su propia condición de españoles. Esa revolución fue impulsada por la Logia Lautaro, que disfrazándose de nacionalismos periféricos, de romanticismo y sensiblería liberal—con el lema de Libertad, Igualdad, Fraternidad—logró colocar la población leal al poder legítimo del Imperio, que era sin duda la Corona Española. Contra esa farsa liberal, hija de la masonería, se opusieron los realistas, es decir aquellos que se mantuvieron siempre leales a la Corona Española, siempre luchando por Dios, por la Patria y por su Rey legítimo, que era su soberano. La Revolución sustituyó la Soberanía Divina y Social de Jesucristo y la soberanía del Rey, por el tosco concepto liberal de la “soberanía popular”; y de esa forma, fue la que justamente se aprovechó la judeo-masonería, para satisfacer a sus propios intereses, para desmantelar la Civilización Cristiana. “Divide y vencerás”, dicen los sionistas; y así siempre estuvieron separando naciones hermanas, creando artificiosas rivalidades, poniéndolas unas contra otras, desmantelando imperios, todo lo opuesto al cristianismo que siempre buscó y busca la unidad, la verdadera libertad y fraternidad entre los hombres.
Porque es justamente a través de la intrínseca desigualdad del sistema cristiano, es justamente a través del espíritu autoritario, monarco-aristocrática, es que se hace posible la verdadera caridad, solidaridad, paz y justicia. La Revolución en cambio, buscó y busca hoy, la división, la separación, poner a los hombres unos contra otros; en este caso poner al pueblo en contra de su Rey. Porque aquí es bien claro, que la Revolución Oriental y las demás revoluciones americanas, NO fueron luchas por la independencia de naciones sometidas por imperios coloniales. NO éramos colonias de España; éramos Reinos de Indias, con nuestros propios Fueros, nuestras propias leyes, bajo la misma dinastía: primero la Casa de Trastámara, luego la Casa de Habsburgo y por último los Borbones. Éramos diversas monarquías independientes, habitadas por súbditos y no por esclavos de la Corona; éramos Españas, éramos un imperio, el Imperio Español, o mejor dicho: la Monarquía Hispánica Universal. Y éramos la primera potencia del mundo, éramos una superpotencia económica—como lo que hoy son los Estados Unidos de América—una superpotencia política, social y espiritual. Éramos los guardianes de la Fe, éramos “la luz de Trento, el martillo de herejes, la espada de Roma”, como decía Marcelino Menéndez Pelayo.
Todo eso fuimos y es lo que hoy aún somos en esencia; es lo que aún somos en el Fondo, pero la Matrix, la mentira de la Leyenda Negra, la propaganda de la conflagración judeo-masónica liberal-marxista-fascista internacional y anticristiana, las fuerzas de la oscuridad, las fuerzas del mal, nos hacen creer que somos hijos de los indios americanos, hijos de los negros africanos; gentes que nos liberamos del yugo de la monarquía absoluta; nos dicen que la Revolución fue buena, que fue por la libertad, por la justicia y nos engañan continuamente. El sistema nos miente, el sistema es nuestro enemigo, porque nosotros somos creyentes de Dios, somos hijos de Dios, somos católicos, creemos en Él, confiamos en Él plenamente, seguimos su Palabra, sus enseñanzas, sus preceptos y estatutos; y por eso es que el sistema es nuestro enemigo. El sistema es liberal-marxista-fascista, es capitalista, es comunista, es fascista—en el mal sentido del término—el sentido de totalitario, el sentido nazi-fascista, del sentido izquierdista pseudo-derechista, imitador de la Tradición; y desde eso, pasando por el individualismo, el liberalismo económico, el socialismo, el capitalismo de Estado o comunismo y hasta el socialismo autogestionario y la anarquía, ya sea anarco-comunismo o anarco-capitalismo; el sistema corrupto mundial—encarnado en la ONU, la banca internacional, la Comisión Trilateral, el Bilderberg, los Iluminati, la masonería, las ONGs judías, Greenpeace y tantas otras jodas como la teología de la liberación y las más fantasiosas sectas—es rotundamente putrefacto, totalitario, enemigo de la libertad y de todo lo que dice supuestamente defender. Nos miente continuamente el sistema, nos bombardea con la mentira; y es rotundamente opuesto al bien, a todo lo bueno, que es justamente lo que nosotros defendemos: Dios, la Patria, los Fueros, la Santa Iglesia, la Monarquía, las Cruzadas, la Inquisición, la moral, las buenas costumbres, la Familia, la Propiedad, la Tradición, los legitimismos como el Carlismo, la Rusia Blanca, el lealismo, los jacobitas, Isabel, Colón, José Antonio, Vázquez Mella, Franco, etcétera, etcétera, etcétera…
Por todo lo que defendemos, por todo lo que luchamos; por ser cristianos, por ser católicos, por defender la Verdad, por seguir el camino de la luz, el camino del bien; por defender nuestra Santa Causa, hasta la muerte, estando dispuestos al martirio o a la cruzada, la Guerra Santa, es decir, estando dispuesto a morir y a matar por la Causa… Por eso nos persiguen, nos insultan, nos calumnian, nos difaman, nos agreden violentamente con todo el odio, con toda intolerancia; ahí se les termina la tolerancia, ahí se les termina la democracia, los derechos humanos, la no-discriminación y todo eso por lo que tanto se llenan la boca. Porque como bien decía el escolástico francés Réginald Garrigou-Lagrange: “La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios, porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman.” Bien clarito lo dice esa eminencia de la neo-escolástica, sin vueltas, sin hipocresía, sin llenarse la boca con la tolerancia, que sin duda no es un valor, sino un mero instrumento de medida. Lo digo bien clarito y lo repito mil veces: la tolerancia no es un valor, es un mero instrumento de medida. ¡Esa es la verdad! Nosotros somos sinceros, no hipócritas, porque nosotros no nos llenamos la boca con la democracia, pero terminamos defendiéndola mucho más que ellos quienes se llenan la boca con la misma. Lo mismo ocurre con el asunto de los derechos humanos, porque cuando se trata de perseguirnos y reprimirnos a nosotros, ahí se nos terminan—para ellos—nuestros derechos humanos, ahí somos tratados como perros, ahí nos torturan y nos matan. Se llenan la boca defendiendo los derechos de los animales y nos llaman asesinos, porque comemos carne o hacemos toreadas, pero ellos matan fetos, bebés humanos, niños inocentes; ¿y los derechos humanos de esos inocentes dónde quedaron? A los toros los defienden: “pobres toritos, ¡no los maten por favor!”—dicen ellos. Toros protegidos; ¿y yo?—piensa el inocente bebito. ¿Quién se acuerda del inocente? ¿Quién lo defiende del sistema? ¡Nadie!, pues el sistema es asesino, intrínsecamente perverso; el que defiende el sistema, entra en anatema.
Y entra en anatema, porque no es coherente, es contradictorio ser comunista y católico al mismo tiempo, por ejemplo. Es incoherente, es hipócrita, es contradictorio e inmoral. Lo mismo que ser masón y católico: ¡nada más contradictorio! No se puede estar con Cristo y con el enemigo del mismo al mismo tiempo; no se puede obedecer a dos señores al mismo tiempo, porque te o te—tarde o temprano—uno termina traicionando a uno de los dos. ¿Qué comunión puede haber entre Cristo y Belial? ¡Ninguna! O se está con Cristo o se está contra Él; el mismo lo dijo bien clarito. La cuestión está justamente entonces, en elegir el bando, porque Dios cuando hizo sus criaturas les dio a estas la libertad, el libre albedrío, la libertad de decidir el camino; y el primero en rebelarse, el primer revolucionario fue Lucifer y eso fue por su orgullo, el primero de los pecados, el no someterse, el no querer arrodillarse ante la Divinidad. El primer anarquista fue el Diablo, el primero en querer hacer lo que se le antoje, el primero en desobedecer a Dios; y a Lucifer—convertido en Satanás—le siguieron otros ángeles rebeldes, otros ángeles caídos, como la serpiente antigua o Leviatán y tantos otros. Los humanos también cometimos el mismo error que esos ángeles y la serpiente antigua incitó a la mujer a desobedecer a Dios, comiendo el fruto prohibido y Eva se lo dio a Adán el hombre y así este también cayó en el pecado. Ese fue el pecado original; antes del mismo el hombre y la mujer eran perfectos, fuertes, saludables, gigantes y de vida eterna; pero por su desobediencia cayeron en la desgracia de la imperfección y ese pecado original se transmitió a todas las generaciones siguientes de la especie humana, excepto a la Santa Virgen María, que es inmaculada, libre de toda mancha, incluso del pecado original.



Y fue justamente ese pecado inicial u original, el que siempre ha impulsado al hombre a los demás pecados, al mal, a la desobediencia, a revelarse contra Dios; es decir a convertirse en revolucionario. ¡Y eso es lo peor que puede haber! ¿Revolución o contrarrevolución? ¡Esa es la cuestión! Y nosotros hemos elegido la segunda; es decir una revolución contra la revolución, una rebeldía contra la rebeldía y ¡más—mucho más—que eso!, algo que busca restablecer todo el orden, toda la autoridad legítima, la más acérrima defensa de las instituciones legítimas—sean democráticas, aristocráticas o autocráticas—buscando la perfección, luchando—no por utopías igualitarias—sino por un mundo mejor. Luchando no con optimismo, sino con esperanza y caridad cristianas. Somos aquellos que luchamos por lo que la masa no lucha, somos quienes defendemos lo que ya casi nadie defiende, somos damas y caballeros cruzados, inquisidores, paladines, defensores de la justicia, guerreros del Señor, soldados de Jesucristo, templarios, hospitalarios, teutones, guardianes de la Verdad, ¡somos y seremos héroes!—como decía Don Plínio…¡Somos contrarrevolucionarios! ¡Eso somos!
Y recordemos, que como bien dice una de las ordenanzas del Requeté: “ante Dios nunca serás un héroe anónimo”. Es por eso, que no nos deben importar la opinión de la masa, porque toda es igual: nos llaman locos, reaccionarios, fascistas, ultra-montanos, terroristas, fundamentalistas y muchas cosas más…Pero ellos tienen los ojos cerrados, están anestesiados, adormecidos, están como zombies, son borregos de la Matrix. Nuestro deber moral es liberar a todos los que podamos de ellos de la Matrix, sacarlos de la mentira, quitarles la venda, mostrarles la verdad, pero de última; de última la decisión es de cada uno de ellos, pues cada uno—como decía precedentemente—debe elegir, debe decidir el bando. Elegir si quiere estar en el bando de la oscuridad o en el bando de la luz, el mal o el bien.  ¡Esa es la elección más importante! Mucho más importante que la pavada de la democracia liberal, de poner un estúpido voto en una urna.
Y entonces, en virtud de todo lo dicho precedentemente y no queriendo alargar más este brevísimo discurso, para que no deje de ser brevísimo y pase a ser breve, medio, largo o peor aún, larguísimo, es que yo Nicus, doy inicio a esta respuesta; esta respuesta que es la respuesta a la pregunta, a la indagación, la reacción a la acción. La acción fue el Grito de Asencio y todas sus consecuencias; la reacción, hoy—doscientos años después y obviamente no la primera reacción, sino la reacción bicentenaria—es ésta: el Grito de Río Branco; un grito contrarrevolucionario, para—al contrario que lo que hace la Revolución, que es destruir—construir; construir un futuro, armar un futuro, un futuro para las próximas generaciones. Porque mientras ellos festejan sus doscientos años, se creen el cuentito, la mentira; nosotros decimos: ¡NO! Y en el año 2016, en lugar de festejar doscientos añitos, festejaremos nuestros quinientos años; ¡quinientos años del Reyno de Uruguay! ¡Esa es la verdad! ¡Nuestra Nación Oriental y nuestra Patria Grande Hispánica! ¡Arriba el Grito de Río Branco! ¡Arriba el Alzamiento Nacional contra el sistema y arriba la Contrarrevolución! ¡Arriba el Sagrado Uruguay! ¡Y VIVA CRISTO REY Y EMPERADOR!